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Antes de que en 1987 el financista Max Gregorcic se fugara de Mendoza dejando un tendal de estafados, le puso el dedo en la boca a más de uno y creó un mito efímero.


Max Gregorcic logró que los medios locales difundieran la novedad de que Adolf Hitler no se había suicidado durante la Segunda Guerra Mundial, sino que vivió y murió en la ciudad de Palmira, San Martín.

El audaz timador se valió de un dato que le pasó un tal Primo Abdón Valenzuela. Según quien era el encargado del cementerio del distrito sanmartiniano, el cadáver de Hitler estaba enterrado en ese sitio. Una versión que rápidamente quedó desenmascarada pero que sirvió como cortina de humo al financista para escapar de la provincia.

Mientras duró, hasta llegaron periodistas de Buenos Aires, de otras provincias y de Brasil buscando la tumba en la que éste decía estaba el cuerpo del asesino nazi. Y si bien Zapata Valenzuela murió en 2002, la historia que inventó quedó flotando en el inconsciente de muchos y se reflotó cuando Mac Gregorcic reapareció en 2007 en Chile, donde estaba desde que se escapó.

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Fuente: www.diariouno.com.ar

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