Las discusiones son la sal de la vida, porque si existe una discusión, es porque dos personas piensan u opinan diferente sobre un tema en particular y esto es lo lindo de ser humanos, de poder hacer uso (o no) de la razón y poder crecer como personas. ¿Se imaginan lo feo que sería si todos opinásemos igual? Creo que el mundo ya no existiría de la cantidad de suicidios que habría. La vida no tendría sentido, ni razón. De todas formas, discutir es un arte, que muy pocas veces es aprendido. El que sabe discutir goza una discusión, construye, crece, educa y aprende. Por el contrario, quien no lo sabe hacer (la gran mayoría) se estresa, de deprime, se pone nervioso, se enoja, pierde la cordura, se llena de odio, bronca, orgullo, rencor e intolerancia, lo que lo hace estúpido e insípido.

Las base para aprender a discutir está en dejar de lado las pasiones y el fanatismo y tratar de ser lo más objetivos posibles, sin perder personalidad o traicionar nuestros propios ideales. Hay que dejar de lado lo políticamente correcto, pero siempre con altura, nivel y tolerancia. Vamos a comentar sobre algunos tips a modo de recomendaciones sobre lo que para nosotros hay que hacer y no hay que hacer en una discusión y vamos a empezar con lo que no porque es más fácil.

Lo que no:


  • Gritar: cuando levantas la voz perdes en todo sentido. Perdes respeto, porque te transformar en un primate, tu opinión pierde contundencia, porque a los gritos nadie aprende, perdes elegancia, porque te ves como un ridículo a los gritos y podes hasta perder un par de dientes. No ganas nada, salvo la espalda  y los odios sordos del que le estas gritando.
  • Hablar sobre el otro: si dos o más personas hablan a la vez nadie entiende, ni el que habla ni el que escucha. Es perder tiempo, energía y palabras cuando dos hablan a la vez, incluso hasta buenos argumentos se pierden en la nada cuando no se habla de a uno.
  • Escuchar sin prestar atención: no hay nada peor que aquel que se hace el que escucha pero solo está esperando que te calles para dar su argumento, sin siquiera saber que es lo que vos estas diciendo. Incluso sin importarle si decís lo mismo, pero con otras palabras. Mira sin mirar, escucha sin escuchar. Solo espera a que tu boca se deje de mover para vomitar sus palabras.
  • Adueñarse de verdades: nadie es dueño de la verdad, hasta que se comprueba fehacientemente (incluyan los métodos que se les antoje, pero que sean fehacientes) o se demuestra con el tiempo. Entonces no hay que discutir creyendo que lo que pensamos es como pensamos y nada más, puede haber miles de opiniones igualmente pasionales que la mía y no por eso las debo vapulear o ningunear. Todo es válido si se intenta usar la razón.
  • Frases que no hay que decir: hay cosas que no hay que decir porque generan alteración y se va todo a la mierda. Frases y palabras como: “vos no tenes idea”, “¿Qué me vas a decir vos a mi?”, “Tengo XX años más que vos”, “si (o no) porque si (o porque no)”, “es así y punto”, “porque yo lo digo” y todas esas frases intolerantes cuasi-dictadoras que no llevan a nada.

Lo que si:


  • Escuchar: escuchar es oír, es abrir la razón y hacer uso de la empatía para tratar de entender lo que la otra persona nos dice. Razonando sobre sus raíces, sus costumbres y su cultura e intentando ponernos en su lado, ver desde su óptica.
  • Tolerancia: ser tolerante es un don con el que algunos nacen, pero por suerte no es como el don de jugar bien al fútbol. Este don se puede obtener con la experiencia, pulir y mejorar. Alguien tolerante, paciente, goza de las diferencias, se nutre de ellas, argumenta mejor sus opiniones y aprende día a día un poco más. Alguien tolerante es sabio, digno de escuchar y da gusto compartir con ellos charlas, conversaciones y discusiones. Sean de la importancia que sean.
  • Seguridad: si bien es bueno ser objetivo, caer en la obsecuencia es indigno y asqueroso. El que no tiene opinión propia o solo habla para quedar bien con los demás o quedar como un buen tipo, es un absurdo muñeco, inservible y desechable. Hay que sostener lo que pensamos con buenos argumentos, al menos válidos y claros para nosotros mimos. Hay que estar seguros de lo que decimos y que lo que pensamos acompañe a nuestras palabras, porque ante el mínimo zarandeo, banquineamos y quedamos con el orto.
  • Humildad: por más consistente que sean nuestros argumentos, es muy importante saber que puede venir alguien y hacérnoslos mierda. Hay que ser honestos con nosotros y con los demás y reconocer cuando alguien nos cierra la boca y nos convence de otras verdades. Rompamos con los paradigmas y los perjuicios al momento de discutir y vamos a crecer a pasos agigantados.

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