Muchas veces pasa que el amor por nuestras mascotas nos lleva a creer que son personas, que son humanos y que piensan y actúan igual que la gente. Esto es un desperfecto psicológico que debe tener un nombre, como “animalotitis” o “zoopatía” pero no tengo ganas de ponérmelo a buscar. Es por este motivo que decidí salir a cubrir las calles de Mendoza y alguna que otra casa privada para ver si encontraba este exceso de amor y ternura hacia nuestros animalitos que a muchas veces se transforma en una obsesión, un problema o simplemente un asco. Hay que tener cuidado cuando pasamos de ser unos excelentes dueños a unos degenerados de mierda. Les dejamos algunos ejemplos de lo que hemos visto por Mendoza.

La perra motoquera: en este caso el motociclista lleva literalmente una perra en su moto. Si ven bien se van a dar cuenta que, más allá de los lentes facheritos que le ha puesto, la perrita va manejando la nave. Cristian, su dueño y conductor, nos cuenta que Jannis, la perra, es fanática de Américan Chopper y ese programa de motos menduco que hace un gordo de barbita que es un cago de la risa.


Astroboy: Celina es una fanática de su cusquito, al punto de que lo lleva a todas las fiestas de disfraces a las que concurre. Ha disfrazado al pobre animalito de pez, de cajita, de Batman, de condón, de punk y acá lo vemos disfrazado de Astroboy. El pobre Titi mira desorientado a la dueña.


Papá es un ídolo: Gabriel es el dueño de Rita, y él hace todo por ella. La perrita ha tenido un embarazo psicológico y se creen preñada. Su depresión llego a un punto tal que no quería hacer nada, hasta que Gabriel pensó que haciéndose pasar por su cachorrito la perrita podía superar la crisis. Acá lo vemos mamando de las ubres de Rita, minutos antes de que lo pasen a buscar del Cotolengo Don Orione. Si conoces a alguien que se quiera quedar con Rita comunicate con el staff del Mendolotudo y te pasamos la data.


¿Qué gusto tiene la sal?: Ramiro es un nene de seis años y como todo nene de seis años está todo el día comiendo caramelos y cosas dulces. Es por eso que no es de extrañar que el cuerpo le pida sal en algún momento del día. Entonces, todas las noches lo llama al Alex y lo acuesta en su cama, para luego dormirse plácidamente con el culo y las bolas saladas del choco en la jeta. Divino el nene, no saben con el puma que amanece.


Cuqui Escracho: Escracho es el sobrenombre que le pusieron a Cuqui, el perro de María y Julieta (pareja de lesbianas), cuando en medio de una reunión familiar les fue a buscar el juguete que tanto usan sus dueñas. De chiquito le tiraban cosas y las iba a buscar, ahora de grande lame dulce de membrillo como el mejor de los amantes, pero no puede olvidar su pasado juguetón.


La cabrita judía: Román es un campesino judío que se pasó los últimos tres años de su vida ahorrando para pagarse un viaje a La Meca. El tema es que no pudo dejar de llevar a Rodrigo, su cabrito, con el que comparte algo más que un establo. Llegados los dos a La Meca, Román se puso a orar, como buen judío. Lo que no entendió Rodrigo es que no era la hora de “apo apo” (como le dice su dueño) y bueno… justo andaba por ahí la amiga Kemelmajer y nos regaló la foto.


El panda vengador: esta foto la tomó un monito de esos que captan imágenes con el ruido minutos antes de que Favio fuese asesinado de un balazo en la nuca. El tema es que tenía un panda en cautiverio el cual confundía con un niño. Le daba sonajeros, le ponía canciones del sapo pepe y lo vestía con tutus y baberos. El panda, harto del bochorno, mandó a pedir un rifle Dragunov a Siberia y le voló la cabeza al dueño. Hoy está prófugo de la justicia.


Sergio el Ballena: Sergio se creen una ballena desde que compró a Lila, una ballenita del sur a la que cuida con recelo. Parece que su suerte con las mujeres era chata como cabeza de gallego, así que decidió darle todo su amor a Lila. El tema es que ese amor se pasó de la raya cuando encargó un traje de fetichista sadomasoquista y lo tuneo de ballena para así poder darle matraca.


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