Siglo XXI. Vivimos la Vanguardia, y somos devenir por esencia de entidad; aún así, de la historia parece que no hemos aprendido nada. Todo aquello surgió a partir de una reflexión referida a los filósofos posmodernos que aluden al volver al sujeto de la modernidad. ¿Cómo puede ser posible, siendo que “la divina razón” y “el progreso” se desmoronaron, cual Berlín? Se entiende la inanición, y el desespero de la actualidad, pues se presenta la hora clave de la superación del pos-estructuralismo y el vacío pos-modernista nos invita a retroactualizar; pero cuidado, que no por estudiosos se aprende tanto, aprender, es aprender a pensar, (dijo el intelectual); el erudito: lo dejamos para otro rato.

Volviendo al tema, demasiada sangre se ha derramado en la historia de la humanidad como para seguir escuchando hablar de guerras. ¿No suele resultar curioso, que “alguien” con un plan de asesinar a “otro alguien”, idee un plan efectivo, asesinando no solamente a “ese otro”, si no a varios “x” en la ejecución del proyecto, en el transcurso del plan; y que ese primer “alguien” sea la misma persona acreedora del premio novel de la paz?(Referencia: Obama – Bin Laden). Análogamente curioso, me resulta el caso del género femenino; puesto a que la mujer a sido esclavista en sus dotes y sentidos en complejo de inferioridad; y hoy en día se encuentra en ellas el ideal contradictorio de su lucha contra la liberación junto a la exposición de las mismas como presa fresca que quiere constantemente despertar, seducir, en la forma más ridícula de dominar.

Evoco a la problemática de la masculinización de la mujer en la sociedad.

Y digo masculinización, por que la mujer, en vez de pensar verdaderamente su condición y situarse en su atribución biológica, esencialista y evidencial: de ser mujer en su naturalidad (lo que no incluye nociones de atribución cultural), se dedica a luchar en un feminismo tan patético como absurdo por una “igualdad”; ¿porqué la mujer reclama igualdad, si no es igual al hombre? Y cuidado, por que que no sea igual no quiere decir que sea menos, o  más, simplemente es otra cosa, más concretamente: otro estrato de género, que contiene otras condiciones, y que por ende, se requiere de otras necesidades, necesidades distintas, que insisto (porque siempre hay alguno o alguna que se queda a mitad de camino) que sea distinto no quiere decir que sea menos, tampoco más.

Es atroz que otras mujeres, responsables de sí mismas, auténticas, y pensadoras, verdaderamente fieles de su género, tengan que ser representadas por otras que hablen “feministamente” pidiendo esa igualdad que es un imposible, y en varios casos menospreciando el género -hombre- otro que tampoco tiene la culpa del machismo cultural, por que son las mujeres las principales encargadas de la misma degradación del su género, tratando de aspirar al hombre, tratando de masculinizarse, tratando de realizar, todas esas cosas que hace el hombre, en vez de vivir la plenitud de su humanidad.

Y esto es un veredicto Nietzscheano. La mujer quiere llegar a ser independiente: y para ello comienza ilustrando a los hombres acerca de la mujer en sí. En la medida que la mujer va adjudicándose el papel de hombre e intenta convertirse en hombre, e inscribe en su progreso de la mujer sus derechos y demás anexos al tema, esa medida acontece, con terrible claridad, lo contrario: la mujer retrocede.

La mujer debe de ser autentica, y debe entender la independencia como algo autoreferencial, no en canales comparados.

Avergüenzan los movimiento feministas que desglosan a través de una ignorancia abrupta, manifiestos de insensatos contenidos, persuasivos y nulamente científicos, paradojas sobre la ética, el derecho y la sexualidad. Avergüenza la exposición sin filtro sobre el género, que se valoriza por las condiciones físicas que su cuerpo cotiza en su verdad. ¿por qué avergüenzan? en primer lugar por degollar a la cultura en un vano intento de reproducirla e instaurar sus características cualitativas como ecos de prosperidad; en segundo lugar por el culto que profesan para con la carne, y en tercer lugar por que aluden a ser (si no es que lo son) un evento de carneo, dentro de una feria, donde ellas mismas se venden como un pedazo de carne, cual objeto sexual. Avergüenza que miles de mujeres tengan en un gran por ciento de sus actividades cubiertas con el ámbito de la superficialidad, y en función de una emanación sexual continua. ¿Por qué razón cada vez que se ojea una revista, uno se encuentra con mujeres explotando su cuerpo, junto a una actitud que parece estar en celo? Todos somos seres sexuados, nadie esta renegando de la sexualidad, lo que estoy haciendo notar, es la explotación de la sexualidad acuñado por la mujer misma que claramente hace que la mujer se “cosifique” dando lugar a todo lo que hoy se a dado lugar.

Mandy Lú apela a pensar estos temas, que son netamente de nuestras sociedades empobrecidas, (véase: Latinoamérica), donde la enfermedad del machismo, el feminismo, y la extrema monogamia, son realidades efervescentes, que trogloditamente aún perduran, y perduran en la medida que no operemos en una evolución de pensamiento. La mujer, es mujer, en la medida que no es hombre, y el hombre, es hombre, en la medida que no es mujer. Parece obvio, pero a la vez también parece un inentendible para la sociedad.

También podes leer:

Los problemas de la memoria

El año pasado escribíamos:

Artículos inservibles que tenías en tu casa…

Compartí, no seas paco