Muchos saben que soy el Dios del sexo, pero algunos se preguntan (y me preguntan en mis conferencias) Licenciado Alessandro ¿usted siempre fue un capo sexual? A lo que les comento que no, que en algún momento de mi vida, cuando esté consagrado y sea famoso, iba a contar sobre mi primera vez.

Gracias al Mendolotudo mi fama ha superado los límites de lo racional, no me para de sonar el teléfono de clientes que quieren verme, viejas que quieren cogerme y pendejas que quieren perder la virginidad conmigo. Por otro lado me llueven los email desde todas partes del mundo para que de charlas e ilumine las mentes de las personas. Todo porque son unos asexuados de mierda. En fin, le debo la vida a mi amigo personal, el Doctor Bomur (amigo y cliente vip) y es por ello que he decidido contar mi más preciada anécdota, mi historia más íntima y secreta. He aquí la historia de mi debut como persona mortal, común y corriente que soy…

Yo era pibe, tenía quince pirulos y el pito más virgen de toda Mendoza. Lustraba el bastón hasta tres veces por día, todos los días, inclusive. Andaba con el pito haciendo willys todo el puto día. Era un mazacote de feromonas… una ametralladora frenética de misiles lácteos. Había una fábrica Arcor dentro de mi huevo izquierdo y La Serenísima dentro del derecho, inclusive producía todos los derivados del queso.

El tema es que andaba haciéndome el galán por todos lados. Salía a bailar y estaba excitadísimo, parecía un perro en celo. Me levantaba minas y les hacia culiarropas contra las paredes de los boliches, trataba de meterles mano al toque, le metía una pasión desbordante al baile y a los besuqueos. O sea, era muy pajero también para la transa, porque estaba muy caliente all night long. ¡Pero ojo!, también me hacia el pulenta, el estrella y el sex symbol como ahora (que tengo treinta años de experiencia encima y más de cuatro mil garches). Con el tiempo, y luego de frecuentar el mismo boliche durante dos años (fui desde los trece) me había hecho una fama interesante. Las chirusas pensaban que tenía la guadaña en el pito, que si me daban cabida al toque les empezaba a mandar fruta para tratar de empomarlas (cosa que nunca pasaba). Eso me sirvió por una parte, pero por otra me tiro para atrás, ya que el nivel de minas que me levantaba no era el mejorcito, iba desde la gorda Chorizera hasta la flaca Bicicleta. Las ricas ricas preferían abstenerse de mi apetito voraz. Sabía que en Mendoza costaba bastante coger antes de los 20 si no era con una novia (si hablando de minas digeribles se trataba, obvio). Las lindas no cogían más que con sus novios y las feas que le metían al culie esporádico eran horribles. Obvio que había de todo, pero no era fácil el garche ese nocturno que algunos habían tenido la suerte de ganar. Pero yo tenía ímpetu, aguante y era encarador como la puta madre.

La cuestión que una noche estaba ahí, hecho un dandy en la barra de mi amigo y se me pone a bailar cerca una morocha de la hostia. Me miroleaba y me miroleaba y yo, como salía muchisisísimo, estaba más que rico para el filo. Tenia “el pelo largo y la lengua picante”, como Cacho Castaña, pero obvio que aún mi pito seguía re virgen. No me le cagaba ni a Nazarena Vélez en esas épocas. Era virgo pero áspero como lengua de gato. “Las quimeras imposibles de otros eran mi rutina” diría Sabina. La cosa es que haciéndome el banana me le acerco, la encaro, la tiroteo al toque, le metí pila al baile, chiste va, chiste viene… y chau, la levanto. La llevo a mi “nidito de amor” en el bolichon (pasillo re oscuro) y le entro a mandar cintura, manito y apretón. La cosa es que la morocha era peor que yo. No dudó un segundo en manotearme el sogán. ¡Yo estaba como laaaacaaaaa! Ya entraba a flashear, el pito lo tenía como un mármol al sol. Estaba al repalazo. Como era un boliche para pibes (generalmente menores de 18) se entendía que nadie tenia auto, pero como “el galancete” tenia guita para pagar taxi y telo, no dudó en encararla, “esta no se me pasa”. Ya me estaba imaginando contarle a toda la vagancia la descorchada que me iba a pegar ese camión. Tiré “che… ¿y si nos vamos a un lugar mas tranqui?” (pensando en un telazo obvio). ¿Y que pasoooo? ¡La bebota tenía 20 añitos y andaba en su tutu! ¡Grande Alessandro! me dije. ¡Grande flaco estas para ganar! ¡que alegría que alegría!, ¡ole ole ola!.

Salimos del boliche al palo, toqueteándonos entre pasillo y pasillo, yo iba regalado, estaba tan caliente que no me dí cuenta de que llevaba la bragueta baja, ya nada me calentaba, no dejaba de pensar en todo lo que le iba a hacer a esta asesina. Llegamos al auto de ella… ¡nada podía ser mejor!, ¡era una rural Sierra!, ¡teníamos una cama dos plazas allá dentro, por favor! era el mejor día de mi vida (después de aquel que me regalaron la colección completa de los He-man). Ya me podía morir tranquilo, nada en esta vida me importaba más. Entramos al auto, comenzamos a los besos, a las chupadas a todo. Alessandro estaba feliz, bajo el lompa mi pito era una escopeta doble caño cargada con torpedos de manteca. De repente la mina se pone en tarlipes, me pongo completamente en bolas también y ahí enfoco bien, justo cuando mis pupilas quedaron como dos platos ¡Era una bestia!, no se si por que estaba realmente rica o porque era la primer mina que veía en bolas, que no sea en una revista o en el The Film Zone.

La cosa es que estaba tan yegua y yo tan virgen que me inhibí y se me murió el pito como si hicieran 50 grados bajo cero. ¡Se me metió para dentro!, para colmo mientras mas pensaba en que se me pare, menos se me levantaba, era lo pero del mundo. Me toqueteaba más y más y les pedía a todos los santos que erectaran aquel híbrido que tenía ahora por pito. Era un maní enfundado en una cartuchera de primaria, un chizito frito. No veía la hora de verme jugando a la fobal con el Hugo, el Enrique y el Nacho, pero lo peor todavía no llegaba. La morocha, entre risas y buena onda me dijo “tranqui Ale” y comenzó a juguetear con aquella lombriz. Luego jugó a que era un Pico Dulce (chupeteado durante dos horas de lo finito que estaba), era una experta la guacha. Pero era como chuparse el meñique de un viejo de 80 años que se acababa de pegar una ducha de veinte horas, chiquitito y arrugado. No daba más de la vergüenza, ¡mi fama fuking god! ¡¡¡Mi fama se me iba por la bordaaaaaa noooooooo que garronnnn!!! Tanto que me hacia el pulenta, el pito dulce, ahora estaba intentando tocar el cielo con el diablo tirándome las patas para que baje al infierno. De este papelón se iba a enterar todo el mundo seguramente (todo el mundo menos mis amigos, obvio. A ellos seguramente les iba a terminar diciendo que perdí mi virginidad y que le eché siete al hilo por tres lugares)

La cosa es que decidí ponerme las pilas y seguir el jueguito, total ya estaba en el horno. Beso va, beso viene, logré poner el ganso a medio parar y chau, ya esta me dije “ahora le empreno así nomás”. Me puse un forro, era como ponerle a la enana del Mohicano Rockería una camiseta de Michael Jordan, como disfrazarse de fantasma con el telón del teatro Independencia. En fin, le metí mi salchichón fláccido envuelto en látex dentro del recipiente de luxe de la chamoro… Era como jugar al pool con una soga, como jugar al golf con una bufanda, como lanzar una jabalina de seda. ¿Y que me paso? Encima, al cabo de la tercera (si leyeron bien, la tercera) bombeada me agarró un calambre desde la punta de los talones hasta la nuca y exploto mi fábrica Arcor y La Serenísima a la vez, manchando a todo el pueblo de leche al ritmo de una “aaaaaaaayyyyyayayayyyayya dioossss” orgásmicamente desgarrador y humillante. Y lo pero fue su comentario dilapidador ¿Que paso chiquito? Me dijo. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? Me preguntaba yo, ¿chiquito? ¿Y que va a pasar re pelotuda? Me puse muy colorado, no sabía que concha hacer y no tuve mejor idea que ponerme a lloriquear, “esto no me había pasado nuca” más humillante imposible. “Si… me imagino” fue su respuesta conjunta a una risa de coté abrumadoramente canchera. Abatido y enlechado, me sentía como un viejo que se caga en público.

La morocha, con toda la buena onda del mundo trataba de no morir de risa, para colmo era demasiado obvia la cara de perra insaciable a la cual su macho le había fallado rotundamente. Estaba todo dicho, mi reputación por el piso, la tragedia había acabado con toda mi lívido. Cacho Castaña y la reputa que te re mi re parió, ¿como hacías? Estaba liquidado, devastado. Fue tal mi desilusión que decidí dejar la noche por unos meses.  Me puse de novio con la mina más fea y virgen de todo mi barrio, aprendimos juntos y logré tomar confianza, de a poco me fui poniendo las pilas hasta que me dejó por sexópata. Al cabo de un tiempo volví a las andanzas. Eso si… la morocha no me volvió a tocar ni con una rama.

Así que ahí está mi secretito, ahora lo saben… Alssandro también es mortal.

También podes leer:

La sexualidad de los Mendocinos

El año pasado escribíamos:

Futuras tribus

Compartí, no seas paco