La siguiente nota tiene un solo objetivo: lograr que el Doctor “Cunita de Oro” Bomur viaje por primera vez en El Trole. Muchas dudas se vienen a mi cabeza de porqué mi pseudo hermano jamás ha, siquiera, intentado subir a uno.

¿Miedo? ¿Intriga del porqué se llama “Trole”? No sabemos, pero lo que sí sabemos es que antes de fin de año voy a lograr que este engendro del demonio suba y viaje en uno.

Bueno amigo mío, a continuación voy a exponerte algunos consejos para cuando viajes en El Trole

• Cuando veas a lo lejos un rectángulo que parezca que tiene cuernos, es hora de extender tu brazo unos 45º como señalando a la copa del árbol que tenés en frente. Esos llamados cuernos son como las patitas del enchufe que están enganchados a dos cables que van paralelamente por las calles de su recorrido.

• Al subir no te asustes si el chofer te saluda, algunos lo hacen a cada persona que sube. Saludalo también, es de buena educación. Tampoco te sorprendas si ves a una mujer, algunos recorridos son llevados a cabo por grandes femmes (grandes en todo aspecto).

• Para pagar, no le des dinero al chofer, ya que es probable que después que se te ría en la cara, se tome con ambas manos los genitales y grite “¡Miren, miren, me quiere pagar a mí el pasaje!”, te invite a girar 180º y dirigirte a una maquinita verde – amarela en donde tendrás que meter moneda por moneda hasta llegar a 1,40$. Poné justo, no te dá vuelto.

• Mientras hacés todo esto, por favor agarrate de algún pasamano. Te explico; este transporte, cada vez que arranca o frena, promueve la pérdida de equilibrio y caída.

• Vas a guardar tu billetera, vas a sentir un extraño olor. Como que de repente tus fosas nasales se agrandan y empezás a respirar mejor. Todo esto, querido amigo, tienen una explicación. Ese aroma es de Átomo desinflamante o en su defecto Ratisalil, de esos que usan nuestros nonos, y es porque cuando prestes atención, te vas a darte cuenta que estás en su territorio, su movilidad, su Trole.

• Cuando te dirijas a buscar asiento, no creas que has viajado en el tiempo hasta los años 50`. Estos Troles son de otra década, es por eso el diseño y los formatos que vas a encontrar. Incluso tiene algo de alguna que otra escena de “Volver al Futuro I”. Pero si de futuro hablamos, tendríamos que referirnos a las nuevas unidades que adquirió Canadá (de donde nos mandaron estos armatostes usados).

• Llegó la hora de sentarse. Acá tenés que tener cierta coordinación con el funcionamiento del transporte. ¿Por qué? Porque si te sentás justo en momento de frenado o acelerado, es probable que tu equilibrio sea jugado al truco.

• Vas a vivir experiencias como que de repente todo se frene, veas al chofer ponerse los guantes y salir corriendo hacia afuera. Haciendo malabares va a enganchar con sus musculosas manos las guías en los cables. Termina, se sube, se saca los guantes y hace como que nada ha pasado.

• Te cuento, El Trole anda a electricidad, entonces no hay ruido a combustión. Por el contrario hay un pequeño zumbido al andar y un silencio absoluto cuando frena. No te asustes. El motor no se ha parado. Todo esto es normal. La conjunción de todo esto hará que, por más café, energinzantes y azúcar ingerida previamente, tu cuerpecito se relaje hasta llegar casi al estado Alfa de sueño. ¡Pero cuidado amigo! Las frenadas repentinas harán que te despiertes… hasta que comience de nuevo el recorrido, y la relajación volverá como por arte de magia.

  • Siguiendo con el asiento, vas a dirigirte a uno y, emulando al mismísimo Indiana Jones, vas a agarrarte de cual barrote encuentres (ojo, metálico, no de carne) y andá hasta el fondo. Ahí vas a encontrar una serie de 6 dispuestos de manera diferente, en vez de sentarte mirando al chofer, vas a sentarte mirando al costado,  osea, contra una de las paredes del Trole. Un extraño fenómeno hace que, por más que encuentres gente parada, alguno de esos va a estar libre.
  • • ¿Y los cambios? No existen, por lo que no vas a sentir el sonido del motor cambiando de marcha. Al parecer (por pura deducción mía) tienen un solo tiraje de velocidad, por lo que siempre vas a sentir que acelera y nunca termina de darle el respiro necesario.

    • Te vas a sentir poderoso cuando agarre velocidad. Si llega a unos 60 km/h vas a sentir que vas a 200 km/h y que nada ni nadie va a frenar tal armatoste de más de 5.000 kg. Hasta te gustaría saber qué pasa si se cruza algo en el medio.

    • No te extrañes si ves carteles en otro idioma, recordá que le compramos estos vehículos a Canadá que decidió avanzar un poco mas como país y puso en venta todos estos transportes. Acá es donde entra Mendoza. Nosotros, como somos una ciudad con calles anchas, poco tránsito y esquinas holgadas, decidimos comprarle toooooooodos y cada uno de ellos.

    • Hermano de mi alma, tu destino ha llegado. Pero te preguntarás… ¿cómo das aviso de tal hecho? Seguramente durante tu viaje sentías una campanita. No se trataba de algún jueguito electrónico o la alarma de reloj que sonaba cada 2 minutos. Si, esa es la señal de aviso para que en la próxima parada te bajes.

    • ¿Y la campanita? La campanita está al principio del Trole, pero vos estando al final vas a poder ver que por todo el rededor de las paredes hay un cordón que lo recorre. No es para colgar el traje de la tintorería. Acá, al mejor estilo de películas viejas sobre trenes, al tirar esto darás la señal de stop. Consejo: tirá de él antes de pararte, de lo contrario, si ya estás parado vas a tener de abalanzarte sobre alguien para llegar al mismo.

    • No te desesperés si ves que el Trole va frenando y la puerta no se abre, ya que lo hace una vez estando anclado.

    Bueno mi querido amigo, leé todo esto y agarrate que la semana que viene te subo a uno.

    Acá te dejo el impacto que tuvo la llegada de la nueva flota de Troles usados a nuestra provincia.

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