Siguiendo la fila de las rutinas características de Madame, vamos ahora analizando las diferentes reacciones de las personas una vez que se subieron a un micro y se encuentran con un conocido; o el hecho de encontrarse a una persona conocida en cualquier parte del universo.

Generalmente los colectivos provocan un efecto “olla a presión” en las personas. Esto quiere decir que incluso esa persona que no es de hablar mucho, comienza a sentir una necesidad irremediable de socializar; y en realidad como el viaje en micro dura tantísimo, quedarse callado es inducirse uno mismo a un colapso de pensamientos. Para este síndrome no hay edad, es posible que hasta nuestros queridos lectores se sientan identificados con esto.

Si alguna vez te llegó a pasar una cosa como la descripta, seguramente comenzaste a pensar en mil y una ideas de sobre qué hablar. La verdad es que al ser humano le molestan los silencios y más aún los incómodos. Mirás alrededor, las zapatillas, el techo del bondi, la señora del asiento de adelante, la gente que viene parada atrás. No sabés realmente sobre qué sacar tema de conversación y eso pone a uno de los pelos. Si encima a esa persona la ves seguido en ese tipo de ambientes, es peor porque se agotan más rápidamente los temas de conversación. Como decía, horroroso.

Los procesos de la charla son casi siempre los mismos, los siguientes.

  • Comenzamos siempre por preguntar por la familia o esa personita que te conecta con aquella con la que estás hablando. Preguntás qué hace de su vida, cuándo tiene el bebé la fulanita, cuántos años cumple la menganita, y qué grande que está la hija de la Susanita. Hasta que se va terminando la zona segura, te aventurás hacia la vida del “conversante”. ¿Porqué zona segura? Simple. Generalmente de los conocidos lo único que podés acordarte es de donde le sacás la ficha y rara vez recordás algo sobre el nombre o la vida de quién te acaba de saludar. Entonces hablar de repente de su vida es arriesgarte a que te pasen cosas como por ejemplo que preguntes sobre la esposa de la que acaba de divorciarse, el familiar que murió el fin de semana pasado o del novio que le metió los cuernos antes de ayer. Salir de la zona segura es meter la pata en un 99.9 porciento de las veces.
  • Pasaste al siguiente nivel, o no, y ahora hay que seguirla remando porque todavía quedan unos 40 minutos de viaje en el colectivo. Intentando no caer en un monólogo nervioso, rozando el límite entre eso y una charla interesante, comenzás ahora a hablar de tu familia. Mencionas incluso a ese primo segundo de General Pico al que no ves hace como 15 años. Seguís y seguís con el monólogo hasta enganchar un tema de conversación interesante o hasta que la persona con la que hablás se baje del micro.
  • Luego de las etapas anteriores se viene la peor, la más patéticas de las etapas. La etapa de los temas cortos, comunes y poco importantes: el clima y los horóscopos. Pedrito y don Votello son temas forzados y profetas de las charlas cortitas:

–          ¡Viste que mañana capaz que llueva!

–          Hace tanto que no llueve en Mendoza que estaríamos realmente necesitando una agüita.

–          Si la verdad, pero ¿vos lo escuchaste en el 9 o en el 7?, porque creo que en el 9 dijeron que mañana iba a estar soleado…

En fin, ¿les suena? Habiendo terminado la primer etapa de terror, pasamos derechito a los cumpleaños: espero que mañana esté soleado porque tengo el cumple de la tía chola en blanco encalada. ¿Viste que todo el mundo cumple años de octubre?, una cosa de locos. Estamos rodeados de librianos che. Y viste como son los librianos, protectores y celosos los hijos de su madre. ¡Si, cierto, yo una vez tuve un novio libriano que era tremendo! Puedo seguir para rato con los ejemplos, pero creo que mi punto lo dejé bastante clarito.

  • ¿Querés conversación fácil y segura? Mencioná a Cinthia Fernández en el bailando. No todos ven showmatch, pero si ven AM y Zapping. De ahí sacás una fuente interminable de recursos lingüísticos. Para dar y tomar diría yo.
  • Por último, están esas charlas en las que más que hablar lo que querés es que se callen. Ejemplo claro, las mujeres mayores que tenés que bancarte si decidiste sentarte en un asiento de a dos en lugar de esperar que se desocupara uno de a uno. Las viejis son expertas en charlas como éstas y sobre todo en sacarte información. Recuerdo una vez hasta haber revelado el paradero de mi casa, mi apellido, el nombre de mi sobrino y la carrera que cursaba. Ahora que lo pienso, parece que trabajaran para la CIA sacándo información sobre los seguidores de Alá. Señores ladrones presos, abandonen el cobro revertido y los falsos sorteos de 0 km. El negocio ahora está en los centros de jubilados.

Bueno, quizás seré el único ser humano al que le pasan estas cosas por la cabeza, pero es que realmente me molestan mucho los silencios y detesto las situaciones incómodas. En serio…¿a ustedes no les pasa?

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