Una calurosa nochecita de Octubre digna de una cerveza bien fría, y aun sin planes para mas tarde, me disponía en el balcón leyendo mi libro de turno cuando mi celular sonó y me encontré con un mensaje anunciaba “A las 23 en lo de la Negra. Preparate porque es noche de solteras y la rompemos”. Sonrío mientras lo leo y automáticamente esquematizo cada cosa en mi mente para llegar a tiempo. Dos horas son mas que suficientes, pero me impaciento y corro hacia la ducha. Minutos después me encuentro en mi habitación para probarme ropa, combinar los zapatos y demás cuestiones que prevemos las mujeres antes de salir. Mientras me maquillo imagino a mis amigas corriendo de un lado al otro como locas  y me pregunto: ¿Qué es lo que nos mueve para seguir la misma rutina una y otra vez? Quizás tiene algo que ver con darnos un mimo al ego, y sentirnos mas lindas, pero en el fondo reconozco que la mayoría de las féminas, lo hacemos con la ilusión de toparnos el príncipe azul, a la vuelta de la esquina. Qué ilusas.

La juntada transcurre, como siempre, entre debates sobre hombres, anécdotas que conocemos de memoria y risas que aumentan con el correr de los tragos. Finalmente decidimos ir a un boliche que queda cerca de la casa de la Negra.

En algún momento de la noche, se acerca un grupo de chicos que a juzgar por el grupo, eran lo suficientemente lindos y buena onda como para resignar lo bien que lo estábamos pasando entre nosotras. Después de cruzar un par de palabras y considerando que  nosotras éramos cinco, y ellos cuatro decidí que era el momento justo para sentarme un rato ya que mis pies habían empezado a sufrir el precio de lucir unos zapatos tan altos.

Me ubiqué al lado de las escaleras, en una banqueta de esas altas, para poder ver mejor. Y observé.

A mi derecha había un grupo de mujeres bailando solas, a mi izquierda un grupo de chicos solos, a la derecha otro grupo de hombres, y mas allá varias chicas…y así sucesivamente. Salvando algunas parejas, o grupitos realmente excepcionales, encontré más y más hombres y mujeres bailando con los de su mismo sexo y me sorprendí aun mas al ver que el fenómeno se repetía mientras mas ampliaba mi campo visual. Y pensar que hacía unos minutos, nosotras también  habíamos compartido varias miradas cómplices antes de decidir si preferíamos seguir bailando solas. ¿Estamos todos locos? ¿De cientos de personas ningún macho alfa será capaz de percibir que pase dos horas arreglándome como una pelotuda?

¿Será que las mendolotudas nos creemos autosuficientes y en papel de estrella nos parece muy bajo ser buena onda? ¿Será que los mendolotudos escabian tanto tanto que ni siquiera atinan a encarar? ¿Será que nos hartamos de chamuyos baratos y de que la mejor frase que tengan para ofrecernos sea un “qjue lindosojo que tene, me daj un besjo”? ¿Será que se hartaron de las histeriqueadas? ¿Será que somos muy cerrados?

No se muchachos, pero si seguimos así, vamos a terminar todos putos, y todas tortas… es para pensarlo.

Escrito por Mi Mamá para la sección:

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