Siempre nos preguntamos ¿para qué sirve el amor? Y ante este interrogante, nos cansamos de contar y de escuchar, una y otra vez, las mismas historias insensatas. Y volvemos a indagarnos: ¿para qué sirve esto de ser y de sentirse amado? Es ahí cuando comprendemos rápidamente que… ¡El amor no se explica!, que es una cosa que viene no sabemos de dónde y que nos toma de pronto, con un solo golpe y sin pedirnos permiso.

Miles de veces hemos escuchado decir que el amor hacer sufrir, que hace llorar y volvemos a pensar que si al final, vamos a volver a padecer esas angustias… ¡para qué sirve esto de ser y de sentirse amado! Pero nos olvidamos que hay lágrimas de felicidad que derramamos en nombre del amor. Nos da alegrías y nos hace llorar… Es triste y maravilloso a la vez… es inexplicable e incomprensible, pero nos sometemos a sus designios tantas veces como sea necesario. Muchos tendrán la idea de que es decepcionante y que en la comunión de esos dos seres, siempre hay uno que nunca es feliz… que hay alguien amado y alguien que se deja amar.

Pero ante todos estos malos augurios, siempre existe aquel que lo conoció y que lo perdió, y nos asegura que en su vida el amor ha dejado un gusto a miel; que el amor es eterno. Y aun cuando la pena lo invade por ese amor que se terminó, todo eso que hoy le parece desgarrador, mañana florecerá en su memoria como un buen recuerdo de tiempos felices.

Sin amor en la vida, sin sus penas ni sus alegrías caemos en la cuenta de que vivimos por nada, que estamos vacíos. Y más allá de toda esta pena, volvemos a él, recurrimos a sus más tiernas seducciones y nos dejamos encantar con sus hechizos. Creímos, creemos y volvemos a creer en él siempre, porque sino… ¿Para qué sirve el amor si no es para ser, sentirse amado y amar?

Cuántas veces hemos dicho y escuchado decir…:

– ¡Sos el último!

– ¡Sos el primero!

– ¡Antes de vos no existe nada!

– ¡Con vos estoy bien!

– ¡Es a vos a quien yo quería!

– ¡Sos vos quien me hacía falta!

– ¡Siempre te amaré!

¡Esto es el amor! Entregar el corazón en manos de otro con plena confianza es amor. Luchar por la vida es amor. Ayudar a un hermano es amor. Trabajar por la paz es amor.

El hombre y la mujer no fueron hechos para vivir en soledad… En nuestras células está impresa la partícula esencial capaz de hacer mover por ella misma al mundo entero… ¡Para qué sirve el amor si no es para regarnos de luz el alma!

Felicidades a todos los que aman y creen en el amor.

 (*) Inspirada en la canción « A quoi ça sert l’amour » de Michel Emer, 1962.

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