La salida del sábado por la noche, se burla de cualquier descripción. Los hechos que voy a relatar a continuación, son todos reales, tan reales como el Real Madrid.

Rondaban las 19 horas en la casa Novsky, de repente suena el teléfono, no atiendo, nunca es para mí.Lo dejamos sonar un par de minutos y cuelgan. A los tres minutos empieza a sonar de nuevo, atiende mi hermana.

Cuando cuelga me dice que era mi novio diciéndome que mis cuñados querían salir conmigo, me quedé helada, es la primera vez en mi vida que me arrepiento de no haber atendido el teléfono. A diferencia de cualquier otra mujer, odio usar ese aparato para cosas no urgentes.

Ya me estaba imaginando, yo metida en una bolsa de consorcio en el desierto de Lavalle, o quizás apresada en una silla eléctrica con un detector de mentiras conectado a mi cabeza.

Entre miedo e intriga por saber como iba a terminar esta tragicomedia, di el “ok” y llame a mi cuñado para ver de qué se trataba todo esto.
El plan parecía simple y prometedor, Cena en la Arístides y luego unos tragos en alguno de todos los bares de esa calle. Aunque quedarme en mi casa sin luz jugando a perseguir bichos con una linterna, hubiera sido también un buen plan.

Ya a las diez y media de la noche, yo subida en el auto con la misma sensación que cuando te subís a una montaña rusa y no te podés bajar. Fue chocante enterarme que había uno solo de mis cuñados y a la otra había que buscarla por la casa de la abuela de mi novio. Llegamos a dicho hogar toco bocina, y sale con una intrigante sonrisa y dice, vengan bájense a saludar, ahí fue cuando pensé en mutar a ForestGump y correr como nunca antes en mi vida, pero las llaves ya las tenia mi cuñado en su poder, asique no me quedo otra que bajarme.

Me sentía sapo de otro pozo, o de otro continente mejor dicho, asique mi plan consintió en saludar de la manera mas cordial que me han enseñado en la vida, sin conocer prácticamente a ninguna de todas esas personitas. Admito que la cara de la abuela me dio risa, por el gran parecido que tiene a la vieja de los gatos de los Simpsons, pero me contuve.

Luego de unos 30 minutos incomodos, y de haber cometido el peor error que toda adolescente puede cometer, contradecir al abuelo, para que eso se tornara en una discusión sociopolítica, que cerré con un “Igual mi heladera es el Disney de los alimentos” lo cual provocó que todos los presentes pensaran que soy drogodependiente o muy pelotuda.

 Ya en la Arístides, sabiendo que no debía cruzar la línea de confianza, porque la perdedora de la historia iba a ser yo. Me mantuve en una posición neutral. Con respuestas como “De una”; “Que mal orto”; cuando por dentro yo le rezaba al desodorante que no me abandonara, porque estaba transpirando como juvenil obesa en su primer día de gimnasio.

Elegimos lugar para cenar, nos sentamos y viene un mozo atendernos, que por desgracia, nos conocíamos (y muy bien, no sé si se entiende), “Eeeee como va? Tanto tiempo sin verte, veo que no tardaste mucho en conseguirte otro”.Ahí directamente el cargador de una ametralladora me hubiera quedado corto. Sonriendo, se me escapo un “hola, si todo bien, con mis cuñados”. Inmediatamente las bebidas las trajo otra moza y yo pude volver a respirar después de unos veinte minutos de asfixia total, en los cuales el mozo y mi novio se miraban como si se tuviesen ganas “otro que me sale puto” pensaba yo por dentro, mientras mi cuñada se reía valla a saber de que bosta.

Terminada la cena, luego de charlar de diversos temas, deciden buscar el bar, para ir a tomar algo. Ahí es cuando, en la puerta del elegido, le pregunto al Seguridad conocido, si estaba bueno, contestándome “Eeeeee borracha como andas? Y mirá vos seguro que queres ver chicos lindos, está piola.” Inmediatamente conteste, casi lo mismo que al ex garche del mozo, con los dientes apretados y los ojos desconcertados intente pronunciar “A buenísimo, si porque estoy con mis cuñados.”

Entramos y era cierto, el seguridad no se había equivocado, la que me había equivocado era yo, sobre la opinión sobre mis familiares políticos. Mis cuñados venían a romper la noche. Y realmente no me sentía la mejor acompañante para ellos, siempre tanteando el camino, intente pasar la noche. Luego de un par de tragos, y mis cuñados perdiendo el control de estabilidad, salimos de regreso.

De regreso con la música al palo, empezaron los agradecimientos, sobre la excelente noche que habíamos pasado; perdón que habían pasado. Los dejo en su casa, y me dirijo a la mía, ahí fue cuando el viaje de regreso me quedo corto, para valorar lo que es salir con amigos.

Además siempre fui una pelotuda que no me gusta intentar caerle bien a la gente.

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