1. Relación precio – calidad

Es muy difícil, por no decir imposible, lograr encontrar un boliche que realmente represente el costo que tiene su entrada. Generalmente los precios oscilan en una misma línea entre los locales bailables, sin importar si son los “de moda” y o no. Pero pensar en pagar una entrada para que te sirvan hielo con un poco de bebida, vivir un exceso en la capacidad del local y toparte con tu primo más chico que el domingo hizo la confirmación, creo que ellos deberían pagarnos a nosotros. Ni hablar el costo que tienen los tragos. Botellas de vino gasificado o champagne totalmente desopilantes que llegan a triplicar el costo real.

2. Tragos venenosos por bármanes inexpertos

Realmente no recuerdo la última vez pedí un trago una la barra y no tuve que volver para su corrección. Al parecer hoy en día si sabés diferenciar la botella de Fernet de Campari, la lata de Speed de cerveza y maximizás el uso del hielo, ya sos apto para ser barman (o barwoman). De más está decir cuando el muchacho/a en cuestión manipula estos cubos de agua congelada con la mano, así nomás, como Dios se la trajo al mundo. Después agarra la botella que paso por todos y cada uno de los que está detrás del mostrador y te lo sirve. Y eso es lo que uno después toma.

3. Capacidad desbordada

Generalmente esto pasa en el bolichón de moda, que meten gente hasta que la caja registradora explote de dólares. ¿Saliste a bailar? ¡JA! Con suerte vas a poder girar 360° sobre tu eje para ver quién tenés al lado. Olvidate si quedaste con alguien para encontrarte ahí, ya que seguramente te lo cruzarás a la salida.

4. 10 baños para 100.000.000 personas

Esta es una de las cosas que más me sorprenden de la mayoría de los boliches. ¿Quién hace las inspecciones? ¿No se dan cuenta que la cantidad de baños no corresponden a la cantidad de personas que suelen meter? Colas y colas para ir a dejarle tus fluidos a un baño digno de la edad media.

5. Kindergarden Dance Club

Es increíble ver la cantidad de niños y niñas que salen hoy en día a bailar. No me molesta ver personas más jóvenes que yo, pero lo que si me jode es que estos pseudos púberes toman un vaso de Fernet y ya están totalmente ebrios. A ellas, su alma putita sale a la luz, y a ellos, les sale el increíble Hulk de adentro queriéndose pelear con todo el mundo, teniendo consecuencias como las que se produjeron hace poco en la que casi le cuesta la vida a un chico por recibir un botellazo en la cabeza. La relación sería: +25 (pasan hasta 20) y +18 (llevá a tu hermanito que seguro entra).

6. Rentabilidad al 1.000%

Obtener un vaso de vidrio en un boliche es casi una misión imposible, ya que además de tener los 89 precintos necesarios y pagar un alquiler por ellos, generalmente solo tienen entre 34 y 35 unidades, por lo que la opción más barata es recurrir a los vasos plásticos. Y para que el negocio sea más rentable aún, la imagen de un pobre méndigo recuperando vasos por los pisos de los boliches es cada vez más frecuente. Por eso yo aconsejo que, una vez terminada la “bebida”, los tiren al suelo y los pisen, así por lo menos ayudamos a romper el ciclo del “vaso plástico eterno”.

 

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