Se viene enero, el calorcito agobiante ya se hizo presente y muchos nos tenemos que quedar a pasar la primera quincena en nuestra amada Mendoza.

En lo personal no me jode quedarme, pero siempre está el pelotudo que en Facebook publica 800 veces que se fue a pasar año nuevo a la Costa o a Chile, y hace público los pedos que se tira, la comida que come, o los boliches a los que va, mientras nosotros tenemos 3 bolichitos donde vamos los pocos que nos quedamos.

En algunas ocasiones también encontramos al que se queda estudiando, es mi caso, estudiar con 40° de calor es todo un desafío ya que chivan hasta los libros pero hay que hacer el esfuerzo para que después tus viejos no te rompan los huevos diciendo que no hacés nada y que sos un inútil.

Tenemos a los que se divierten con lo que sea, generalmente es la gente más humilde, vas en el bondi por la Bandera de los Andes, pasás por el laguito, llamado por la gente de la zona como “sapolandia” y encontrás a una familia de 1 matrimonio con 12 pibes nadando estilo zanjonero y gritando: “¡No ahogué a tu hermana La Yesi!” y te preguntás como tienen tanto estómago para meterse ahí.

Aparecen los bien llamados REÑACALOTUDOS que se van a pasar todas las vacaciones a ese lugar lleno de especímenes mendocinos con plata, vas al típico sector 4 y te encontras con los mismos boludos que te encontrás acá, en los boliches ni hablar de mandarse alguna porque después aparecés en las fotos de uno de esos boludos y generalmente son los que durante el año te dicen: “No me voy a Chile este año, está muy caro” y se terminan yendo un mes y comprándose 5 LCD’s, heladeras, lavarropas y un perro.

Esos son mis 15 días en Mendoza, algunos de sus personajes y otras cosas, ¡nos vemos en otra oportunidad loco!

 

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