El sábado pasado nos juntamos con las chichis y los chichis de siempre y entre trago y trago salió un tema a mi parecer súper interesante: Las mujeres.

Después de cuatro horas de charla sobre el mismo tema, piñas, llanto y risas sacamos una conclusión que está a la vista de todo el mundo: las minas somos complicadas.

Somos muuuuy difíciles es verdad, pero también los hombres no nos saben entender. Los muchachos son básicos, de manual, son cuatro perillas, mientras que las mujeres somos un quilombo de cables, que muchas veces no funcionan bien. Alguien lo dijo muy bien con una analogía: los hombres guardan sus sentimientos en cajones, entonces abren un cajón discuten, meten todo de nuevo, lo cierran y tranquilamente pueden abrir otro cajón y hablar otro tema; las mujeres, en cambio, guardan los sentimientos en un bolso, entonces meten la mano, sacan lo que agarran, no encuentran nunca lo que buscan, toman cosas que no quieren o que no desean, vuelven a meter todo… en fin, un despelote.

Cuando decimos algo seguramente queremos decir otra cosa, nos cuesta mucho expresar lo que nos pasa, reventamos en enojo por todo, tenemos días en los que nos molesta hasta la respiración del que tenemos al lado, todo el tiempo queremos ser el centro del universo, queremos constantemente amor, cariño, franeleo, que el chabón que esta con nosotras sea atento, que sea dulce, tierno y fiel, que sea cariñoso y generoso en el momento justo y sin exagerar. Queremos que nos miren, que nos alaguen, que nos elijan, que nos envidien,  Nos gusta lo que no tenemos y queremos lo que no podemos tener. Insistimos para tener algo, y cuando lo tenemos, ya no lo queremos. Queremos ser flacas y también comernos la vida, queremos ser rubias cuando nacimos morochas, altas cuando somos petizas, y viceversa.

Las mujeres pensamos mucho en el futuro, planeamos, vamos a la bruja a que nos tire las cartas, queremos el cuándo, dónde y con quien. Pensamos en todo y sacamos conclusiones adelantadas. Buscamos problemas donde no los hay, imaginamos cosas que no pasan y siempre, siempre, queremos tener la razón.

Las mujeres no somos histéricas ni pesadas, somos manipuladoras y creemos que lo podemos todo. Donde hay más de dos mujeres, hay quilombo seguro. Si hay algo que nos sale bien es criticar. Vemos una mina linda, que tiene el re orto y un short ajustado, inmediatamente la tildamos de “puta”, aunque por dentro, nos morimos por ser esa puta.

Pasas dos meses hablando con tus amigas de que el chabón con el que estas no te la pone, no atina a  nada, pero por supuesto, si te propone coger de una, seguro que lo mandas a la mierda, porque vos no sos un objeto sexual.

En fin, las mujeres somos tan complicadas y rebuscadas que ni nosotras mismas nos podemos entender. ¿Y saben cuál es nuestro gran problema? La seguridad muchachas, o mejor dicho, la inseguridad. Somos tan inseguras que tenemos que criticar a las demás para sentirnos bien con nosotras mismas, somos tan inseguras que tenemos que cambiarnos quince veces de ropa para sentirnos cómodas, somos tan inseguras que vivimos pensando que nuestros novios nos van a cagar. La inseguridad nos lleva a hacer cosas que no queremos, a pretender estar alerta todo el día, a vestirnos y arreglarnos no para ellos, sino para competir con otras mujeres, es todo una cuestión de desconfianza en nosotras mismas.

Confianza mis ladys, empecemos a tener confianza y seguridad y van a ver cómo ese bolso de cosas desordenadas, no se transforma en una cajonera cuadrada y cerrada, sino que en un embalaje ordenado, amplio y flexible de cosas útiles, bellas y fáciles de ver.

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