De pronto te comienza a picar el bichito de la casa propia, así como quién no quiere la cosa. Ya sea porque estas planificando el futuro con tu pareja, porque te rompe soberanamente las pelotas pagar alquiler, porque se agrandó la familia o simplemente porque tenes unos mangos ahorrados y se te da la gana.

Accedes a los agraciados créditos de vivienda, llámese ProCreAr, IPV o vas derechito al Hipotecario, te vas preparando para endeudarte nada más y nada menos que 20 años, pero… es la única forma que una persona de tu clase social puede acceder a una masa relativamente importante de dinero para arrancar una obra.

Primero y fundamental… llegar al monto mínimo de ingreso familiar exigido. Comienzan los malabares contables. Entre que cobras la mitad de tu suelo en negro y la otra mitad en morocho y tu pareja clava una facturita pedorra como monotributista cada vez que tiembla en Mar del Plata, te aparecen cuatro canas de la ansiedad. Luego viene la seguidilla, no menos importante, de papeles y trámites que van desde libre deudas hasta radiografías de los restos óseos de tus bisabuelos, para ver si vas a poder pagar. Meses después, completaste el bibliorato bíblico con todo tu genoma para poder acceder a la tutuca.

Consejo de Bomur: los créditos están buenos, ponete en regla seis meses antes de pedirlo y comenzó a ahorrar guita por lo menos un año y medio antes. Vas a necesitar mínimo el 40% más para terminarte por completo la casa. Comprá vaselina.

Aprobado el crédito viene una parte caótica: comprar el lote, como prólogo a lo que vas a tener que parir. Lo podríamos comparar con el instante previo a ser violado en una cárcel, cuando lo ves a Motombo desabrocharse los lompas con sorna y dispuesto a inaugurarte el local del fondo. Con la plata que te dan, más tus ahorros (o solamente estos últimos en el caso del IPV o crédito personal), tenes dos opciones, o te compras un lote símil gallinero relativamente cerca de la ciudad, o si te gusta algo más grande te compras un terreno en el mismísimo desierto, teniendo de vecinos a Don Bruno, el dueño de la finca de ajo y a unos corrales de caballos y chanchos, a escasos 20 minutos del centro… en un Lamborghini Veneno un martes a las 3 de la mañana por el acceso Sur. Nuevamente se vienen los malabares para pagar el cacho e’ tierra, que van desde el acceso a más créditos de dudosa procedencia legal, hasta la felatio atómica a familiares y suegros a por biyuya.

Consejo de Bomur: si te gustan los lotes grandes buscá barrios nuevos, o estate atento a las preventas, en cuanto clavan un ladrillo los precios se van por las nubes. Toda financiación que te den agarrala como pan caliente. Comprate dexalergín.

Poto roto, lote comprado, “vamos al arquitecto, amor”… y comenzas a rezar. Tus sueños de la casa castillo se derrumban como naipes cuando el artista arranca comentándote que el costo de diseño ronda los $200 mangos por metro cuadrado y el de la construcción parte de $4.500 por metro cuadrado. No hace falta ser matemático para darte cuenta de que con la plata del crédito no pintas la pieza. Decidís atarte a los 150 metros establecidos, clin caja, se fueron 30 lucas en dibujitos.

Comenzas a hacer los trámites para tener todo listo en el momento que te den el primer desembolso, así qué arrancas por la municipalidad. Está de más contar las miles de peripecias que vas a vivir en ese nefasto lugar, yendo desde mesa de entrada hasta obras privadas tantas veces como un octogenario con cistitis va al baño en un October Fest. Luego vienen los trámites de luz y agua para dejar todo listo. Cuando ves el precioso currito que tienen los capos de Edemsa y lo que te estafan por la bajada de luz, el hielo te congela la espalda. Tranquilo… aún tenes que cercar el lote para que no te afanen materiales. “¿El alambrado pija este venía con vista al mar”? pensas por el costo que tiene… pero no.

Entonces, cuando ves que entre dibujitos, papeles, estafas y tierra ya llevas más de 200 o 300 lucas y aún no ves un puto ladrillo te preguntas: “¿quién puta me mandó a meterme en este kilombo?”

Consejo de Bomur: únicamente si tenes bien definido el diseño de tu casa buscate a un maestro mayor de obras en vez de un arquitecto. También puede aprobar planos y es muchísimo más barato. Comprá té de tilo.

Arranca la obra, ¡por fin!, pensas, pero anda sabiendo que los problemas que padeciste hasta ahora son un dulce sueño en función de la pesadilla que se te viene. Tu cabeza no logra ni logrará entender jamás el mecanismo laboral, de vida y filosófico de los albañiles. Hay un chanta que se hace llamar “capataz” que no hace absolutamente nada y le paga una miseria semanal a cuatro o cinco flacos que se desloman laburando. Cobran los sábados a la mañana y se revientan por la noche, dejando el domingo y el lunes para recuperarse y volviendo al laburo el martes. No te hagas amigo, ya que seguramente será el primer plantel de tres o cuatro atorrantes que vas a tener que cambiar. Cuando ves el trato que le dan a sus propias herramientas, más o menos te vas imaginando lo lindo que van a tratar aquel porcellanato italiano que tanto te gusta. El arquitecto cobra un sueldo por visar, dirigir y decidir, cosa  que lógicamente vas a terminar haciendo vos, por lo que pagas un sueldo al pedo. Cuando el muy culiado te cita, tenes a 20 changos laburando como esclavos, ahora si cometes la picardía de caerle de improvisto, te vas a llevar la sorpresa de encontrar tal vez uno, a lo sumo dos, martillando un clavo.

Consejo de Bomur: si encontras un albañil cumplidor, tratalo con el mismo respeto y cuidado que trataste a la primer mina que desvirgaste, porque hallar un albañil cumplidor y laburante, es casi tan difícil como encontrar un empresario o político transparente.

Materiales… ¡agarrate Catalina! Comprar materiales es una tragicomedia épica con final bochornoso que roza lo bizarro e incluso lo macabro y cínico. En 3 kilómetros a la redonda podes encontrar el mismo producto con un 400% de diferencia en el precio. Ibope debería medir el “minuto a minuto” del aumento de precios, ya que ni siquiera se mantienen por mes. Todo, pero absolutamente todo, aumenta a diario, con escalas garrafales. De pronto todo se mide de a mil, dos mil, diez mil, treinta mil… nada sale menos de una luca, ¡nada!

Consejo de Bomur: prepárate una buena batería de tarjetas de crédito para tarjetear todo lo que puedas, ya que ni siquiera el interés más vil es tanto como la inflación. Hay cosas en las que no debes escatimar calidad, como cañerías, losa o cemento, pero hay muchos materiales buenos y baratos. Con el efectivo podes pedir mejores descuentos.

Las paredes y el techo las arman cagando, y vos te pones chocho porque crees que en dos meses te terminan la casa… pero no. Aún no des de baja el alquiler, o ni les digas a tus viejos que en dos meses te vas, porque como mínimo y con mucha, pero mucha, pero muuuuuucha leche, te la van a terminar al año y medio de haber arrancado. A menos que tengas una abultada billetera y dupliques o tripliques la cantidad de albañiles que el arquitecto te está cobrando.

Consejo de Bomur: ármate te paciencia, buscate de última un alquiler más barato, volvete a la casa de tus viejos o alquilate una cochera por un año para vivir como un pordiosero.

Te vas a cansar de putear hasta el hartazgo por el tema del gas, desde el puto gasista matriculado que te cobra como un ingeniero bio mecánico industrial pesado, pasando por los inspectores que le hacen cambiar al cabroncete del gasista todo de lugar y finalizando por el trámite del arbolito que tenes que hacer. Encima antes tener que tener toda la casa cerrada, con puertas y ventanas incluidas, así que un doloroso muñeco más deberás introducirte en tu dilatado conducto rectal.

Consejo de Bomur: cometa.

Cuando más o menos crees que tenes casi todo listo, llega la dolorosa parte de los “detalles”. El mueble de cocina sale lo que cuesta un auto, las ventanas una camioneta, las puertas otro auto, los placares otro auto más, las cortinas una moto, la pintura otro auto, y eso no es todo. Aparecen gastos que vos desconocías por completo, como cañitos, tornillos, ajustes, limpieza de obra, nivelación de terreno, jardinería y un carísimo albañil especializado para arreglar las cientos de cagadas que se mandaron tus constructores.  Si te ponías una agencia de autos ganabas más plata y salud. Todo eso mientras ya abonas impuesto inmobiliario, expensas y seguramente las primeras cuotas del crédito.

Consejo de Bomur: ni se te ocurra pensar en un viaje cuando finalices la obra o el cambio del auto porque posta estos últimos gastos te destrozan la billetera mal.

Entonces pasaron casi dos años, aún estas agitado por el abuso sexual que cometieron con vos desde el banco, pasando por el arquitecto, el señor que te vendió el lote, los diez o veinte albañiles, el capataz, los proveedores de materiales, los técnicos y el estado, pero te has especializado y transformado en experto en finanzas, diseñador, decorador, albañil, pintor, yesero, durlero, jardinero, plomero, carpintero, electricista, gasista, agrimensor y ceramista sin poner un mango. Ya te podes hacer una segunda casa, aunque juras y recontra juras por los siete mares que nunca jamás en la re vinagre historia de tu vida vas a volver a poner un puto ladrillo.

Consejo de Bomur: disfrutala, es el gasto más grande que tiene que hacer una familia, lo demás va y viene. Manso perno te sacaste de encima. Descorcha champagne.

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