Una etapa se estaba cerrando en mi vida, un ciclo longevo que a veces parecía eterno, estaba tomando su fin, ¿y qué mejor manera de festejarlo, que con amigos? Una semana, eso fue todo para despedirnos de la adolescencia, del tiempo libre, eso fue todo para querernos un poco más. Bariloche esconde sus misterios en los recovecos de la ciudad. Cada pasillo y cada habitación del hotel, tienen un sinfín de secretos ensimismados con la electrificante atmósfera de los egresados.

Comprendo que muchos quieren saber la fórmula de la juventud. Algunos adultos recuerdan su pasado como tiempos dorados, de forma lejana, pero en lo que a mí respecta, la esencia queda, y yo seré eternamente una niña, una adolescente y una adulta; porque no quiero volver el tiempo atrás y tampoco quiero crecer por completo.

Una semana de inmortalidad, ese fue mi regalo del año, el de muchos compañeros. Una semana de no dormir, comer mal y bailar con ampollas en los pies. Una semana a puro faso y alcohol. Una semana con tus mejores amigos. Una semana donde todo es posible, permitido. Una semana donde el tiempo se mide en amaneceres, y aprovechamos para hablar con personas que nunca nos animamos.

Estar cansado de beber vodka pero seguir tomando, porque pronto viene el micro para llevarte al boliche. Prenderse un charuto adentro de la habitación, recostarse en la cama y fumar, siendo dueño de tus propias acciones. Gritar, reír, correr. Maquillarse en tiempo record. La habitación es un desastre, no sabes que ponerte, te prestas ropa con tus amigas y volves al plan inicial que tenias en mente. Los besos son besos, solo eso, nadie se quiere, todos quieren con todos lo posible que dejes que te hagan. Todos quieren besar hasta el hartazgo, algunos obtienen algo más…

El lago se extiende ante tus pupilas y no cabe duda de que la inmensidad es tan hermosa como el momento que compartís con tus amigos. El arroyo López y ese airecito a libertad que se huele por ahí. Los bosques, el aroma a verde que tiñe toda la ciudad. El fresco que acaricia las mejillas cansadas de tanto girar. Olor a chocolate en cada esquina. Vivir es una fiesta. Y uno es feliz sin darse cuenta, hasta olvidando que se tiene una vida en otro lugar, con personas que nos esperan a la vuelta, con los ojos expectantes de tanto extrañar.

Y toca volver, desprenderse de esa gloriosa rutina que se paso volando, a la que uno se acostumbro. Amando los vicios de la prematura edad. Las canciones repetitivas una y otra vez.

El micro a la vuelta es silencioso, todos se encuentran tan cansados que se pueden disfrutar al menos de unas cinco horas de silencio, aunque tu mente todavía no es la de antes. Seguís pensando en canciones y una necesidad fisiológica de ingerir alcohol y estar en una fiesta.

La etapa termino. Despediste los mejores días del año a medida de que la carretera se expandía y buscaba el camino a tu hogar. Y lo que quedan son recuerdos flotando en la nebulosa memoria de días interminables, en donde no había principio ni final, solo una sucesión de horas de descanso para volver al ruedo.

Por un momento se podría decir que te sentiste infinito, y el tiempo no pudo avejentar tu salvaje corazón, pero toca crecer, y hay que afrontar esa responsabilidad.

Escrito por Loli para la sección:

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