Después de pasar la mayor parte de mi vida rodeado de mujeres, y por eso ustedes piensan que soy un puto resentido, empecé a recordar varios hechos aislados que viví con las féminas y sus amigas, si así se las puede llamar, porque las traiciones y peleas que hay entre ellas son más de enemigos que de amigas, nosotros también tenemos lo nuestro pero como somos unos pajeros inmaduros de mierda no tienen casi gracia.

Todo empieza en la niñez, cuando yo era pibe eran los papeles de carta, las pibas lo coleccionaban y se mataban por ver quienes tenían los mejores, los compraban en los kioscos de la plaza de Godoy Cruz, habían unos horribles de viejas, otros que eran los más valorados y apreciados eran los de Disney y Looney Tunes. Hoy se pelean por cual tiene el mejor celular o a quién la dejan salir primero a una juntada a ponerse en pedo con 10 años.

Nosotros a esa edad nos peleábamos por quién hacía más mierda el Hotwells contra la pared, o quién llenaba primero el álbum de figuritas, ni hablar cuando venía tu amigo de chile con cosas raras que todos le querían robar.

Después en la adolescencia empiezan los verdaderos problemas, cuando las pijas se cruzan en su camino y arranca la competencia feroz por ver quién se come al rico del curso, eso sí, la que se llevaba el premio mayor es la que se comía al pibe de último año. Antes era un estigma la que debutaba primero, hoy si estás en los 15 y tenés el himen sano sos una boluda y marginada de la escuela, la ñoña boluda que nadie quiere.

En esos gloriosos años de pajas nosotros competimos por quien acaba primero con Manuela Soledad Palma (cosa que después repercute en nuestras relaciones sexuales), a ver quién escupe más lejos, quién se la banca más a las piñas (yo siempre me cagaba), y quién toma más en las previas hasta quedar en coma alcohólico y terminar en la comisaría.

Ya en los veintipico la cosa se pone seria y todo lo ven como una carrera de rivalidades, pueden ser BestFriendForever, pero cuando una se aleja de la otra se hablan pestes de su “amiguiiisss”. No falta el caso de las dos amigotas que están enamoradas del mismo chongo, prepárense para la guerra. Una infinidad de horas desperdiciadas frente a un teléfono viendo a cuál de las dos le da bola, los códigos de antes ya no existen, son un mito urbano.

Después de los veinte las competencias masculinas pasan de rango, no se pelean por comerse a las minas lindas sino a las feas. Se arman premios que se entregan al final de una noche de boliche. Quién se comió a la más gorda la próxima entre todos le compran un fernet y el que se comió a la más fea todos le pagan una puta.

En los treinta y tantos no se da tanto por los hombres las peleas sino por las apariencias físicas de las muchachas, siempre está una en el grupo que es la gorda, la que todas se lo hacen saber para que sufra por perra, ella se hace la desentendida pero cada vez que le mencionan la palabra con cinco letras son puñales que le clavan en el orgullo. También están las mamarrachas que salen vestidas peor que nosotros cuando combinamos, los primeros retoques que intentas disimular, nuevas narices, etc, etc cosas que ustedes sabrán bien… ¡Zorras!

Para ese entonces los vagos ya son expertos en hacer asados (o eso es lo que creen) y empiezan a inventar comidas horribles asadas a la parrilla, creo que en vez de competir por quien es el mejor lo hacen por ver que comida da más asco o repugna más al paladar, como por ejemplo no desflemar unas cebollitas de verdeo cuando las asás a la parrilla y cuando la mordés llorás como si tuvieras 5 años y te acaban de poner la vacuna en el Central.

En los cuarenta y largos los grupos de solteronas combaten por levantarse al pendejo de turno, es probable que uno de los pibes en disputa sea uno de los hijos de una compañerita divorciada, lo cual agiganta el premio al ganar la presa. El pibe chocho con que se lo quiera levantar una MILF pero probablemente quede dañado emocionalmente con la hamacada que le pegue la vieja esa…

Cuando los tipos se vuelven viejos y solteros, divorciados también, en este caso la boludez pasa por otro lado ven quién está mejor parado en la vida, se evalúan los autos que tiene cada uno, quién cagó más veces a la mujer con minas de 20 años (las putas pagas no cuentan) y también tratan de ser el último en usar la pastillita azul, aunque hay varios que la usan de antes por cancheros.

Ya en los cincuenta la menopausia y los años pasados dejan la competencia a lo superficial y banal del hogar, se copian los electrodomésticos que se compran, los colores de las habitaciones, las cortinas, las dimensiones de los placares, los motivos de decoración del baño, las familias se fuman las críticas hacia sus amigas y después las tienen que soportar en sus casa como si se adoraran. Todo porque son unas viejas conchetas que no dan más de frigidez y chotera.

En la quinta década las garras se empiezan a quedar sin filo y los dientes mas que rasgar la carne hacen cosquillas así que se vuelve a la adolescencia y las anécdotas se basan en a ver cual de todos la puso y si es que se le llegó a parar, los problemas de corazón dejan la pastilla de Pfizer de lado. Pobreza nãotemfim…

En los sesenta las mujeres se dedican a juntarse en reuniones de té a mofarse y llorar por las mujeres del grupo que ya no están, los achaques de la edad de una y la otra. También entran en juego los jóvenes de la familia y se discuten a donde han llegado sus nietos hasta el momento o qué logros han alcanzado los pichones de mamut.

Ya cansados y sin aire los viejos lobos añoran los momentos en que podían andar sin la tercer pierna por la peatonal con sus esposas, se quejan del PAMI y tienen más ñañas que ningún humano nunca. La única competencia a la que se pueden llegar a enfrentar es a quién se termina más rápido el tanque de oxígeno.

NOTA: gracias por leer esta nota, capaz es una pija, pero como yo también lo soy pija.

CHAU FORROS

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