– ¿Asi que murió? – dijo Cintia

– Sí, todavía no lo puedo creer, no quise ponerme mal frente a la nena, y por ahí no sé qué les habrá contado Mariana pero me siento como un pilar ahí, me buscan o tengo que hablarles, es muy bonita la nena y llena de alegría, pero le quedó terrible trauma y yo realmente no puedo lidiar con eso. – respondió Adrián.

– Y es un problema, ahora Juan va a tener que buscar un reemplazo urgente porque a mí me tiene de los pelos.

– Ni quiero hablar del laburo, hoy estuvo pesadísimo, y no para de putear, con tal de no pagarle un mango más a nadie nos mete el triple del laburo.

– Mira ahí viene Nico. – Cintia levanta el brazo para que Nicolás los identificara más fácil y se va a sentar en la misma mesa, en el mismo bar como hacen desde semanas.

– Y Adrián ¿cómo va eso? ¿Seguís visitando a la nena? – preguntó Nicolás.

– Si ya hace semanas que voy, siento como culpa por no despedirme de ella, y me estoy metiendo en un quilombo bárbaro. Cada vez que me voy de ahí la nena me pregunta cuando voy a volver, conversamos mucho, y como que quiere saber todo de mí y me asusta.

– ¿Qué pensas que quiere? – preguntó Cintia.

– Distraerse, una noche me quedé tomando un café con la señora que ha quedado a cargo de ella, se me hizo tarde y tuve que llamar a un taxi. Pero antes de irme la nena empezó a llorar y gritar. La verdad que nos asustamos muchísimo, y cuando entramos a la pieza estaba en un rincón llorando y temblando, me costó bastante que volviera a dormir. Desde esa noche ya no voy tan seguido.

– Y la verdad que tendrías que alejarte. Eso de que me contaste que la señora te la dejo dos horas a tu cuidado es muy grave, esa nena no está bien. ¿Mira si dicen que le hiciste algo? – comentó Nicolás.

– Es una posibilidad, pero si todos pensáramos así esa nena se quedaría sin nadie. Qué se yo, solas no las voy a dejar, eso no está bien.

– Y ambos tienen razón, la verdad que es un tema muy delicado. – dijo Cintia.

– ¿Te enteraste de que Romina terminó con el flaquito ese que estaba saliendo? – cambió de tema Nicolás.

– En realidad no terminaron. – aseguró Cintia.

– ¿De qué están hablando? ¿Romina la de recursos humanos? ¿Qué flaquito? – preguntó Adrián desconcertado.

– Puterios de nosotros Adrián… es un embole – Dijo Nicolás riéndo.

– ¿Bueno pero no me van a contar? Se supone que en esta mesa se saca todo lo que uno tiene adentro para poder irnos en paz. – comentó Adrián.

– La mina es muy cambiante, y el flaquito con el que salía es amigo de Cintia, no congeniaron y se separaron. – Dijo Nicolás.

– ¿Se pelearon? – preguntó Adrián.

– No, no se pelearon. – contestó Cintia.

– Entonces si no se pelearon ¿porque se separaron? – volvió a preguntar Adrián.

Cintia se acomodó los lentes, y era realmente gracioso ver cómo su parte reflexiva salía a flote cada vez que alguien intentaba decir algo sobre el amor. Jamás decía lo mismo, y para ser una mujer de pensamiento fuerte era lo más frágil que había visto en toda mi vida.

– Romina es muy impulsiva, ya todos la conocemos, es alegre y siempre tiene una sonrisa para todos nosotros, es la única que se banca a Juan a pesar del trato del orto que tiene con ella. Al parecer vio el lado bueno a la vida, realmente no lo sé. Hasta donde sabia, se estaba preparando para irse del país, creo que quería irse a Perú o Europa, al primero que le saliera, y no sabe si de vacaciones o para vivir. Es obvio que está buscando escapar, o quizás descansar de sí misma, de todos. De no ver las mismas caras, aunque sea por un tiempo, solo para reflexionar sobre quién es y a que vino a este mundo. Pero en cierto punto apareció Gabriel, y le modificó todo, este flaquito lo conozco desde hace mucho, y es igual de impulsivo que ella, pero este pibe tiene planes. Siempre los tuvo y los dio a conocer, que es trabajar y formar su propio negocio. Desde que lo conozco insiste con abrir un local y progresar y seguir progresando. Después de verse tanto tiempo estas diferencias empiezan a saltar. El enamoramiento al principio es intenso, encantador, y uno se la juega todo por el otro. Pero al pasar los meses comenzaron a ver esas diferencias, ella quiso viajar y no pudo por acompañar a Gabriel en su proyecto. Él se estancó en su proyecto por hacer viajes cortos para darle algo a Romina, Quisieron buscar un término medio para poder permanecer juntos. Pero el tiempo solo hizo su trabajo. Comenzaron a sentirse vacíos. Ya no se podían conformar con tan poco y ambos querían realizar su sueño. – comentó sin respirar Cintia.

– Pero ¿Se querían? – preguntó Nicolás.

– Se amaban. Tanto pero tanto que podías notarlo en los ojos de Romina cada vez que se mandaba msj con él. Se veía desde su oficina.

– ¿Y la parte donde se pelean? – preguntó Adrián.

– No se pelearon, ya te lo dije, decidieron seguir cada quien su camino. Evidentemente no era el mismo, pero probaron y fallaron. Como a muchas parejas. Luego de amarse tanto decidieron probar amarse cada uno a sí mismo y ahí se formó la decisión. – contestó Cintia.

– ¿Entonces el problema fue que no tenían las mismas metas? – volvió a preguntar Adrián.

– El problema fue que se amaron demasiado en tan poco tiempo.

– Es difícil terminar algo que ni siquiera empezó, y más difícil separarse sin siquiera haber peleado. – dijo Nicolás.

– ¿Y que es de la vida de Romina? – preguntó Adrián.

– Sigue siendo alegre, una linda persona como siempre lo fue.

-¿Y de Gabriel?

– Sigue siendo un pobre infeliz que piensa que puede controlar su vida.

Cuando dijo eso Cintia todos miramos hacia abajo y suspiramos. Terminamos los tragos, nos despedimos y cada cual tomó rumbo a su hogar. Apenas llegué mi fantasma estaba en la cocina, ella estaba tomando un té, con tostadas y dulce de arándano.

– Discúlpame que vengo un poco ebrio y no sé bien lo que digo. – dijo Adrián.

Ella solo me miraba y sonreía, siguió tomando su té mientras me sacaba la camisa y la corbata.

– ¿Puede ser que vos y yo nos amemos tanto que no puedo dejar de verte? ¿O es que yo básicamente no tengo un poco de amor propio como para seguir adelante? Realmente no sé qué pensar.

En ese momento el fantasma levantó los hombros en señal de que ella tampoco sabía.

– Me hablaste… es decir ¿te comunicaste conmigo? Me estoy volviendo loco… de solo verte ahora te comunicas conmigo. – dijo Adrián sorprendido.

Ella se levantó de la silla, dejo la taza y el dulce en su lugar, bostezó, volvió a sonreírme y se fue a la habitación para dormir.

– Me respondes, pero ahora me ignoras. ¿Por qué? ¿Vamos a volver a lo mismo? ¿A cuando estabas? Por favor no te duermas. Necesito que hablemos. Necesito que te vayas…

En ese momento me acosté a su lado y me dormí. Yo quería que se fuera, pero una parte mía no la dejaba ir, no sabía si estar bien o mal. Ya no sabía cómo. De repente me encontré como entre niebla, pero todo estaba claro. No entendía nada, hasta que comencé a caminar hacia lo oscuro, pensé: si en la claridad no puedo ver nada, quizás en lo oscuro todo sea más claro. Cuando me alejé bastante pude sentir como alguien venía detrás mío, me asusté, quizás intentaban robarme, aceleré el paso y seguí, a los metros me di cuenta que mientras más rápido caminaba esta persona lo hacía por igual, me detuve, sonreí.

– Me asustaste… con lo mal que están las cosas hoy en día y vos apareciéndote así, no sos gracioso. Aunque esto sea un sueño cuesta que me dé cuenta. – le dijo Adrián al Oscuro.

– No hagas mucho ruido que nos puede escuchar.

– ¿Quién?

– ¡Shhhh! – lo calló el Oscuro.

– Pero explícame que pasa…

– Hace días que intento hablarte pero dos energías tan fuertes no pueden estar en la misma casa.

– Eso lo sé, ¿por qué no me contactas cuando salgo del laburo?

– Porque siempre estas acompañado señor vida social.

– ¿Se supone que no lo esté?

– ¿Encima tengo que aguantar tus estupideces? Vengo a tus sueños para hablar y vos así… – dijo el Oscuro misteriosamente…

– ¿Y de qué carajo queres hablar?

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