Esta serie de notas un una seguidilla de sentimientos callados en una relación, que fueron necesarios expresar de alguna manera… y esta manera fueron las letras. Son todas las cosas que no se dijeron dos amantes… acá van los capítulos anteriores:

Todo lo que no te dije: Ella
Todo lo que no te dije: Él

Leí lo que escribiste el sábado y aunque lo intentaste, no lograste sorprenderme ni conseguiste desilusionarme. Siempre hacías lo mismo. Es evidente que si quise hablarte por este medio fue porque conservaba intacta la esperanza de que te iban a conmover cada una de las palabras que te dediqué, y no, te juro que no quería que corrieras a mis brazos para pasar el resto de nuestras vidas juntos; pero si te quedaba un poquito de criterio hubieses comprendido qué era lo que realmente estaba buscando. Está claro que no lo entendiste, jamás lo hiciste pero no puedo juzgarte porque yo tampoco lo hice. Finalmente después de hacer catarsis con unos muebles que se interpusieron en mi desgracia y furia desmedida, me reí, pude reír como nunca porque dolía demasiado como para llorar.

Como dije antes no me sorprendió tu respuesta, de hecho nos separamos por esa razón: nunca te importó lo que te decía, jamás supiste o quisiste escucharme. El rencor que pude percibir en lo que escribiste me hizo dar cuenta de lo infeliz que fuiste conmigo aunque leyendo entre líneas pude tener la certeza de la tristeza con la que cargás hoy y la verdad es que no te envidio absolutamente nada.

Tenés una capacidad innata para decir cosas que hieren, sabés dónde golpear sin dejar cicatrices y permitime confesarte que aunque nunca fuiste una gran compañía, me hacés falta en cada lágrima que no te refleja y muere en mi boca, ese lugar donde te daba y demostraba todo el amor que pude, todo el amor que te hacía falta.

No pretendo hacerte falta ni que te preocupes por mí aunque seguramente te voy a estar esperando como hasta ahora, en silencio para que nadie te note pese a que todos lo sepan. Me conmueve leer que rompiste todo lo que te recordaba a mí ya que yo, al contrario de vos todavía no logro despegarme de esas cosas que me diste cuando estabas enamorado, cuando creí te estaba haciendo feliz. Sé que soy contradictoria pero te juro por el corazón que hoy tengo hecho pedazos que aunque te odié mil veces, hoy no me soporto por haberte dejado ir; no me lo puedo perdonar. Porque aunque creía que no me dabas nada te tenía conmigo y eso me conformaba, debí pensar en los dos y no solo en mí. Necesito cada abrazo que me quitaba la respiración y me devolvían la calma, anhelo todo lo que una vez tuve y desperdicié.

Estoy segura que todo iba a arreglarse, era sólo cuestión de tiempo pero no podía esperar. Maldita la hora en que te dije adiós y maldita la almohada que me dio tan malos consejos. ¿Qué voy a hacer sin vos? Mis amigas me lo pronosticaron, sabían que estaba confundida y que debía creer en vos y en lo que nos jurábamos cada vez que estábamos juntos, cada instante en que nuestros cuerpos se encontraban. Pero yo nunca fui demasiado obediente.

Te amé toda la vida incluso antes de conocerte, sin saber que existías y hoy te amo aunque no seas mío y nada de vos me pertenezca. Y te deseo toda la felicidad que yo no te supe dar y mil noches llenas de recuerdos míos aunque jamás sucedan. Y si me queda algo de soberbia podría esperar que uno de estos días, tropieces con mi ausencia y decidas llamarme cuando no te esté esperando; cuando no me hagas falta. Pero soñar es para los débiles y yo jamás lo fui. Te amo siempre.

Compartí, no seas paco