A veces hacemos cosas que nos obligan a cometer acciones idiotas porque realmente estamos enganchados con alguien (o por giles), de las cuales ocho de cada diez personas se arrepienten, las otras restantes todavía no lo saben. En fin.

Es difícil controlar los sentimientos, las emociones (no tanto como entender a las mujeres pero por ahí vamos) entonces cada vez que tenemos ganas de hacer y/o decir algo lo hacemos y que se muera el resto (o al menos eso deseamos hacer). Ahí comienza nuestra barbarie: cuando nos involucramos desmedidamente por alguien que no está dispuesto a hacerlo con nosotros. Y no, no me refiero a algunas boludeces como recordar la fecha en que se conocieron y esas choteras con las que tenemos ganas de torturarnos, sino de lo realmente importante.

Es tan fácil, tan sencillo brindar amor sano y desinteresado que parece habérsenos olvidado y creemos que la persona que despertó algo en nosotros es de nuestra propiedad. No, jamás lo fue y no podrá serlo nunca. ¡No te pertenece! Simplemente no lo entendemos. A la vista está que a medida que pasa el tiempo se torna más difícil pensar y analizar cada situación fríamente. Disfrutar de los momentos sanos cuando se producen y separarse cuando algo nos hace mal ya no es tan común. Ahora se toleran mucho más las escenas de celos enfermizas, la falta de motivación y de amor. Tanto que el romanticismo ahora es para los “débiles”. Deberíamos terminar todo en el momento en que la persona que debiera causarte felicidad ya no lo consigue y probablemente vos tampoco. Ese sí es un límite.

La mayoría cree que la cantidad de amor se mide por la suma del tiempo que pasan juntos, las etapas que quedaron sin quemar y lo mucho que superaron. Yo no estoy de acuerdo. Existen muchos tipos de relaciones, tantos como nuestra capacidad para amar y recibir amor nos permite y eso hace que cada uno sea diferente, aunque seamos la misma persona siempre.

Por ejemplo, salir una noche con alguien que te vuela la peluca y dejarse llevar la misma noche está mal para esa gente que se considera “normal” y sin embargo se estanca en una relación vacía, sin amor y casi de exclusiva amistad con alguien por el simple hecho de tenerle miedo a la soledad. Yo admiro a los que tienen la valentía de amar y dejarse querer sin tapujos, aunque sea por sesenta minutos, tan libremente como su cuerpo lo permita. A los que viven diez años con alguien por temor a soltarlo realmente no les creo nada.

También están los que ya notaron que la pareja no va más, ninguno de los dos hizo las cosas mal o al menos no explícitamente pero sin embargo no pudieron evitar caer en la rutina (mala amiga). “Se desgastó” como los he escuchado decir, entonces ¿qué hacen? Se piden un tiempo para “pensar” y ahí te mentís una vez más (para no variar).

Cuando alguien se enamora claramente lo está haciendo sin pensar en las consecuencias. Analicemos lo siguiente: ¿quién en su sano juicio estaría dispuesto a enamorarse sabiendo que algo va a salir mal? No hablo de una ruptura permanente u otro extremo, pero es inevitable llorar alguna vez por la persona que te hizo reír mil veces. Entonces si el amor se presenta así, como una cachetada en la nuca para despertarnos ¿por qué necesitamos de un tiempo para pensar algo que deberíamos sentir?

Si te sobra amor y no podés brindárselo a la persona que está al lado tuyo es una clara señal de que algo no funciona. No sos una mala persona, te juro que vas a ser feliz, simplemente esa persona no es para vos. Alguien va a estar muy agradecido de que los dos se hayan permitido ser felices por caminos distintos y por un fin en común. No va a ser tu relación la primera en mutar, porque no muere, se transforma. Entiendo lo difícil de tomar la decisión y el temor a la soledad o al arrepentimiento, pero no está bueno mentirte a vos mismo, probablemente así no logres ser feliz nunca. Si les sirve de consuelo no van a necesitar deshojar más margaritas porque los dos se quieren, eso es verdad. Pero no juntos.

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