En esta semana me tocó enfrentar un distanciamiento sentimental, con una persona muy importante y especial para mí, la que me hizo reflexionar, y gracias a esto me dieron un poco de ganas de escribir. Porque como dice Bomur: “los músicos mueren de sobredosis, los poetas de amor…”

A veces me pongo a pensar en esa gente que desaparece de nuestras vidas, esa gente que en un momento lo era todo para nosotros, y que de un momento a otro pasó a ser nada.

Esas personas que estaban todos los días en nuestras vidas, con las que nos dimos besos en el parque Central, la que te prestó su pecho para llorar en la plaza de Godoy Cruz y vio derramar lágrimas de amor en el Subway de la San Martín Sur, esos amigos con los que te juntabas a tomar una birra en la Arístides que ahora ya no están, esos amigos que no viste más aunque todos los días pases por la puerta de su casa.

Esa gente que vive pero muere, los que están tan lejos y a la vez tan cerca.

Que loca que es la vida, vos sabés que esas personas siguieron su rumbo, solo que ese itinerario se alejó del tuyo, tomó una ruta distinta, hicieron camino aparte, tomaron un sendero separado al tuyo.

Tus rutinas y las de ellos se cruzaban diariamente y en un santiamén la vida los metió en un torbellino espacio tiempo en el que sus caras no se volvieron a cruzar ni por casualidad.

En ciertas ocasiones esos amores, amigos, compañeros de trabajo, conocidos de la vida vienen y se van, como el viento que sopla en los árboles, hacen ruido y dejan de existir, en nuestra vida, pero sabés que resoplaran en otros bosques.

Como es de sabia la vida que nos divide, nos aleja, nos separa, hace que nuestros mundos sean casi paralelos, hasta capaz que estuvieron viviendo cerca uno del otro mucho tiempo, pero sin cruzarse las caras, los rostros, los cuerpos, las miradas…

El destino es algo en lo que confío, es algo en lo que creo que uno puede ayudar o no, capaz algún día ese incierto escrito nos vuelva a encontrar con esas personas que en un tiempo lo fueron todo y nada en un instante, o tal vez no, porque de eso se trata el destino, de seguir su curso irremediablemente, sea o no lo que uno desea, el destino y los caminos desencontrados siguen su curso imparablemente…

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