Primer capítulo: De amores y resentimientos

Adrián llego un poco más tarde de lo habitual, además sin la ropa prolija y planchada como siempre solía vestir, un peinado poco formal y más descuidado. Al caminar ya no miraba el piso y daba esos pasos dejando en evidencia sus miedos, temores y problemas para hablar.

Apenas entro supo que algo había pasado, él no era de llegar tarde y mucho menos con ese look poco cuidado, no era su forma de ser. Jimena notó que estada diferente y no tardó en preguntarle, Adrián debía pasar primero por el escritorio de ella porque estaba antes que el suyo así que aprovecho para saludarlo y hablar.

No quiso ser muy directa, así que solo le pregunto cómo estaba, él la saludo y le contó todo lo que le había pasado en la noche anterior. Se acercaron sus otras compañeras, ellas no habían notado que llegó tarde ni que su vestimenta no era la de siempre, solo le dijeron que querían café.

A lo que él las vio, las escuchó e ignoro, mientras seguía hablando con Jime. Las compañeras insistieron que querían café. Adrián le contesto con una sola frase contundente “háganse café ustedes, no jodan”. Las demás se quedaron calladas, lo miraron como antes no lo habían mirado y siguieron con sus deberes. Jimena no pudo evitar sentirse incomoda y decidió no pedirle un café con leche como todos los días después de esa escena que vio. Terminaron de hablar, Adrián se dirigió a su escritorio y cada uno siguió con su jornada laboral.

Después de unas horas, Jimena no pudo evitar escuchar las conversaciones de las arpías. No las soportaba, no se bancaba sus charlas hablando mal de las demás personas, pero en una de esas conversaciones escuchó que hablaban de Adrián y bajó la música de la radio un poco para oír mejor. Solo escuchaba algunas frases pero pudo oír claro unas de esas: “Viste que lindo esta Adrián”, “Yo le entro al Adri”, “Cállate, si seguro yo le gusto”.

Trato de no darles importancia, mucho no le interesaba lo que pensaran ellas, solo pensaba lo mal que la pasó su compañero esa noche y no lo quiso molestar ese día.

Pasaron algunos días… Adrián se había convertido en algo totalmente diferente a lo que era. Ya no era educado, no era servicial, no era predispuesto con las personas mayores. No solo su peinado y su ropa cambió, su personalidad se volvió algo extrovertida, más sincera y directa, no se guardaba nada que no le gustase. Además su mirada transmitía seguridad y confianza a sí mismo. Ya no era el mismo de antes, o no lo era para Jimena. Solo se saludaban y apenas cruzaban palabras entre ellos. Ya no le preparaba un café con leche como siempre. Además notó algunos cambios en las actitudes de sus compañeras las arpías, ahora ellas le preparaban café a Adrián, les llevaban facturas a su escritorio y lo trataban más cariñosamente que hace unas semanas atrás. Él era cortante y un poco pedante con las “pesadas” pero parecía que eso las atraía y les parecía algo atractivo. Además ahora llegaba siempre tarde… pero no era un problema para Adrián, las “pesadas” eran las encargadas del Control Horario así que lo cubrían siempre para quedar bien con él.

Decidió dejar de viajar en micro y rompió sus ahorros. Compro una moto para moverse sin depender de un trasporte público. No quería volver a vivir lo que le pasó esa noche amarga.

Nunca olvidara el primer día que fue con su moto a la facultad, todos miraron aquella belleza en la que andaba, ese rojo bien intenso y ese sonido al frenar y estacionar. Llamó la atención de varias chicas, muchas de ellas compañeras suyas y conocidas. Al dejar estacionada a la belleza, se acercaron sus amigos a saludarlo y felicitarlo por la adquisición de lujo que hizo su amigo. Entre las personas que lo seguían viendo estaba Lucía y sus amigas, mucho a ella no la impresionó, ella no era materialista pero en el fondo estaba alegre por él. Lucía siguió su camino para su curso pero sus amigas se acercaron a ver la moto y a saludarlo. Lo felicitaron y en eso le dijeron entre risas y chistes “¿Cuándo nos vas a llevar a dar una vuelta?”. Adrián fue algo cortante y solo les dijo “Algún día, quizá”. A ellas también les gustaba esa actitud un poco pedante de él.

Pasaron unos meses, Jimena ya no hablaba con Adrián, siquiera la registraba. Además ya se había corrido el rumor que había estado con otras chicas. No fue difícil enterarse, las “pesadas” contaban todo lo que sabían además que solía escuchar algunas de sus conversaciones que tenían cerca de su escritorio en la oficina. Sabía que se había acostado con todas las compañeras porque todos los días escuchaba conversaciones entre ellas como “Anoche Adri no sabes cómo estuvo”, “Adri me dejo exhausta”, “Adri la tiene re clara en la cama”.

Jimena no tenía muchos amigos verdaderos en el trabajo, no soportaba a esas mujeres. Los demás compañeros varones eran falsos y sabía que siempre le hablaban con segundas intenciones así que decidía no darles charla, solo lo justo y necesario.

Pasaron unos días más y todo seguía igual. Un jueves fué el cumpleaños de Jimena, ese día llegó a la oficina. La saludaron algunos de sus compañeros, su jefe y algunos clientes. Para ella fue todo normal ese día, pero lo único que no esperaba era que Adrián no la saludara por su cumple, siempre solía ser de los primeros en mandarle un mensaje o saludarla en el trabajo. Pero ni siquiera eso… esa mañana ni siquiera se le acercó para saludarla. Adrián siguió ese día como si fuera un día cualquiera.

Jimena estaba terminando su jornada laboral, solo quedaba terminar de enviar unos documentos por correo. Terminó con sus deberes y cuando estaba por irse, Adrián se acercó a su escritorio. Ella apagó su computadora, guardó todo y se quedó esperándolo. El muchacho pasó a su lado, ni siquiera cruzó miradas… como si hubiera sido una total desconocida. Jimena no podía creer que ni la saludara para su cumple, que siquiera la saludara al menos, que haya pasado por su lado y ni la haya registrado. No pudo soportarlo, le toco el hombro para decirle algo que tenía guardado hace mucho. Él se dio vuelta y escuchó la voz de Jimena después de varias semanas…

Continuara…

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