Primer capítulo: De amores y resentimientos
Segundo capítulo: Un corazón frío

– ¿Adrián que te pasa? Hace meses que no me hablas, que no me dirigís la palabra, ni siquiera me saludaste para mi cumpleaños hoy. No se que te pasa últimamente, ya no sos el de antes, es como si fueras otra persona. Pasaste por alado mío y ni notaste mi presencia. No se que te hice para que me trates así. Deja, no se para que me gasto. Al final resultaste ser un forro después de todo. Ya me estaba por ir, seguí con tus cosas e ignórame como lo venís haciendo que te sale bien.

Adrián se quedó perplejo y sorprendido después del regaño de su compañera. No sabía que responderle, no podía emitir palabra alguna, se sintió congelado por un momento. Jimena se fue hacia la puerta sin decirle más nada.

Fue como un puñal a su pecho frío… rompió el hielo que cubría ese corazón roto en pedazos que le dejaron. Ese día no pudo pensar en otra cosa que esas duras y afiladas palabras, era como un eco que se repetía una y otra vez en su cabeza. Apenas pudo concentrarse para cumplir con sus deberes diarios.

Mientras volvía a su casa no pudo evitar seguir pensando en ella. Sabía que Jimena en gran parte tenía razón, ella siempre estuvo cuando necesitaba de alguien que lo escuchara, y si ella le dijo todo eso es porque era verdad. No pudo evitar sentirse culpable del mal trato que tuvo con Jime ese día, su día, su cumpleaños. Sabía que tendría que hacer algo para remediar y recuperar su relación con su compañera de trabajo. Así que decidió hacer algo al respecto.

¿Qué podía hacer? Sabía que Jime era una persona sensible y se podía observar en sus ojos verdes que transmitían tranquilidad, y una mirada llena de serenidad. No solía discutir ni pelearse con alguien a menos que sea en una situación especial o atípica. Era una chica sencilla, no llamaba mucho la atención y hasta a veces evitaba los momentos que debía salir o dar algún discurso en público. Su peinado era simple, no era tendencia pero siempre arreglado y planchado.

Evitaba los lugares donde había mucha gente. No iba a las previas ni a los boliches cuando sus compañeros la invitaban. Sus amigos eran pocos pero con años de amistad y muy confiables.

Se pasó todo el día pensando que hacer, sabía que no iba salir a la noche a algún bar o a bailar porque no era su forma de divertirse, sabía que solo haría algo entre sus amigos de siempre, seguramente en la tarde y en casa de ella. Así que decidió sorprenderla y llevarla a comer algo esa misma noche.

“Debería ser algo tranquilo y donde no hubiera mucha gente”. Pensaba Adrián, sabiendo que Jime no le gustaba salir donde hubiera mucha gente, además que era jueves y al otro día tendrían que ir a trabajar.

Se acercó la noche y Adrián estaba preparado. Fue camino a casa de Jimena esperando que estuviera despierta y sin compañía. Toco timbre y por suerte salió ella, evitando dar explicaciones a su madre o hermana. Abrió la puerta sorprendida de aquella visita a altas horas de la noche y sobre todo de Adrián, lo vio y le dijo:

– ¿Qué haces a esta hora acá?

– Vine a pedirte perdón por no saludarte por tu cumple, ¿Aun es tarde para saludarte?

Ella no comprendía que hacía Adrián a esa hora en la puerta de su casa, pero veía que no la miraba a los ojos, veía que el sentía algo de vergüenza y culpa. Sentía en la voz de Adrián sinceridad y un poco de timidez como si fuera el mismo chico de hace unos meses atrás…

– No Adri, no es tarde, pero no hacía falta venir para saludarme nomas.

– ¿Estas con alguien o con invitados?

– No, ya se fueron hace un rato. ¿Por?

– Vamos a comer algo. Hay un restaurant cerca y no suele ir mucha gente.

– Sabes que estoy enojada con vos, ¿No?

– Si, y pensé en todo lo que me dijiste. Y tenes razón… por eso quiero arreglar las cosas con vos y hablar un rato. Dale, vamos.

Jimena no estaba segura de ir, pero algo en ella, su voz interior, su conciencia o su intuición le dijo que fuera. Así que le dijo que si, se cambiaba y salían.

Comieron cerca de su casa, hablaron, contaron viejas anécdotas entre ellos de la oficina. Charlaron de sus vidas personales, de su niñez, de su adolescencia, de amores, de desamores, un poco de todo. Y al final de la velada, durante el postre Jimena perdono a Adrián por todo lo que le hizo últimamente en el trabajo. Siguieron hablando y pidieron un vino para tomar. Entraron un poco más en confianza y algo en el clima empezó a cambiar, se podía percibir algo más entre ellos, la charla se hizo más íntima y en un momento Jimena pensó que ya era tarde y debían volver. Así que pagaron la cuenta y la llevo hasta su casa.

Llegaron hasta la puerta y hablaron un rato:

– Gracias Adri, espero que hayas aprendido la lección y no pase de vuelta ¿Sabes?

– Jaja, te prometo que no volverá a pasar. Gracias a vos por entenderme.

En eso Jimena le da un abrazo, y le dice:

– No seas tonto, si sabes que te quiero y te voy a bancar.

Y mientras se soltaban, ella lo mira a los ojos como si se sintiera extasiada por él, como si sintiera un deseo por él, como si quisiera algo de él. No sabía que era pero sentía una atracción en ese momento, sintió que algo había cambiado entre ellos, sentía un deseo incontrolable, se dejó llevar por ese deseo y le dijo despacio al oído:

– Pasa Adri, vamos a mi pieza…

Él no sabía lo que ella quería o buscaba de él. Ingenuo respondió…

– Pero ya es tarde, ¿para qué queres que pase?

Ella lo mira a los ojos con una mirada lujuriosa y una sonrisa pícara. Le dijo al oído…

– ¿No me vas a dar mi regalo? – Y mientras terminó de decir esa frase, se le acercó despacio a su boca y sin dejar que dijera algo le dió un beso lleno de pasión y deseo, insinuándole lo que quería de él en esa noche.

Continuara…

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