Es inútil cualquier intento de convencerme de que no mintió la noche aquella.

No mintió cuando dijo que tenía miedo.

No mintió cuando dijo que no sabía qué hacer con lo que sentía por mí.

Amaneció por fin nuestra eterna noche de adolescentes, con el sol de la mentira.

Madre del engaño. Sobrevalorada. Demasiado mérito para un par de palabras, probablemente mal conjugadas. Demasiada palabra para un silencio que oculta verdades.

Ruido. Una mentira hace ruido. Se hace sonoro el dolor, retumban las paredes de un corazón que se fisuró con una caricia y ahora arde y sangra por esa grieta.

Aturde. Desestabiliza. Cuestiona. Grita.

Por Dios que la escucho. Es una mentira. Me grita a mí. La culpa es mía por creerle.

¿Quién anda ahí? No Soledad, ahora no.

Bronca de puños cerrados y golpes invisibles que salen en lágrimas contenidas. Yo hice que me mintieras, yo te puse en este juego de mentiras… te puse en compromiso.

¡Hija de puta! ¿Por qué? Explicame ¿por qué?

Mi mano se posa en mi boca como cuidando algo que quiere convertirse en palabras pero no sabe ser aún. Limpia la sal que nubla la visión y sostiene mi cabeza mientras miro fijo el piso del cuarto, con la esperanza de que algo brote y me explique ¿por qué? ¿Por qué lo hiciste?

No logré que te sacaras la máscara, porque la mentira es eso, una máscara. Yo también las usé. Muchos años, muchas máscaras.

Humo. Nos hicimos humo.

Patita. Patita me decías y yo te creía. Te quiero decías y también lo creí. Jamás prometiste no mentirme, pero lo creí también.

Disfruté los viajes por tu geografía, la estadía en tus brazos y el hospedaje de tus piernas. El clima de tu boca, los mates en la planicie de tu abdomen y la luna que se podía ver desde tus dunas.

No dolés más que la última que me mintió y demoraré en olvidarte lo que demore en salir sol. Y tardaré en creerme lo que acabo de escribir algunos soles más.

A mi esposa soltera. La que miente, roba sonrisas y regala momentos. Mi flor de un día que me besaba y se perdía. Mi barco sin timón ni timonel, mi Fátima y mi Salomé. Mi chica Almodóvar, un poco lista, un poco boba.

Acá tenés tus más de cien mentiras que valen la pena.

Acá me tenés, copiando letras del autor que te gustaba.

Acá estoy pensando en vos sin que lo merezcas.

“En asuntos de amor, siempre pierde el mejor.” Me tomaste, tontita por tonto.

Acá estoy, escribiendo esta falsa carta. Tan iguales que conozco lo que te pasa y lo que pensas.

Tan iguales que puedo escribir esta despedida por vos.

Compartí, no seas paco