Esta es la radiografía de UN puntano, ¡UNO! porque quiero dejar bien en claro que no los he contado a ver cuántos son así y cuántos no. Esta nota está muy lejos de generalizar, todos sabemos que en el Mendo nunca generalizamos ni alentamos a la xenofobia.

Un puntano no quiere ser rico. Con la asignación nacional, provincial y pintando la misma piedra de la misma plaza una vez al año, sus expectativas económicas están más que satisfechas.

Un puntano no llega a ser un cordobés porque le falta iniciativa e imaginación, para la joda claro está, pero también para hacer salame o explotar sus bellezas naturales. Tranquilamente deja ese puesto a su vecino, y lo más que hace es copiarle (aunque sospecho que esos son cordobeses disfrazados).

Un puntano comienza su finde el miércoles por la tarde. El jueves va al trabajo pero deterioradísimo, y el viernes a las once am ya es imposible pensar en que te solucionen cualquier tipo de problemas. Puertas cerradas, nadie contesta, ni el servicio de emergencia 24 hs. Si vas a pinchar una rueda tratá de que sea martes o miércoles a la mañana. Igual con cualquier otro tipo de inconveniente que necesite un puntano de guardia.

El finde para un puntano termina el lunes a la tarde. Necesita la mayoría de los lunes para recuperarse de la salida al Potrero o del asado en el Trapiche del domingo.

Un puntano no es posesivo. Deja toda clase de posesiones en manos del Adolfo o del Alberto.

Un puntano no usa sus universidades. Curiosamente su Universidad Nacional está llena de alvearenses, sanrafaelinos, riocuartenses, pampeanos o gente del interior de la provincia.

Un puntano no suele innovar. Los pocos adelantos que ve son los que traen los incautos viajeros que caen por uno u otro motivo en San Luis y se enganchan con la onda tranquila de la ciudad y con ser tuerto en un país de ciegos.

Un puntano fuera de serie seguro termine viviendo en otra provincia.

Un puntano no es curioso. Los periodistas son elegidos a dedo para repetir interminablemente las mismas historias acerca de la fiesta del Cristo de la Quebrada, la peña del fin de semana y el clima en el único canal de aire y el único periódico provinciales, y lo repiten a nadie porque un puntano siempre preferirá hacerse problema de lo que ocurre en Bs As.

Un puntano va siempre al mismo médico y le cree todo como si fuera un oráculo, le hará caso en seguir el tratamiento recetado y también en dejar al novio o jugarle al 33. De más está decir es que un médico que termina en San Luis es aquel que prefiere no ser cuestionado ni tener competencia o necesidad de actualizarse.

Un puntano maneja como Fangio en calles extremadamente estrechas y camina en fila india por veredas más estrechas aún.

A pesar de todo, un puntano será longevo a menos que la cirrosis lo venza. Una vida sin estrés y lejos de grandes emociones o presiones económicas le confieren un aire bonachón y relajado, y están siempre dispuestos a un asado con criadilla, una guitarreada o un paseo por sus “montañas”. Un puntano será estafado, engañado, utilizado, pero nunca perderá sus ganas de festejar un bautismo o unos quince, aunque sea a la canasta.

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