“Se viene el viento zonda”… una frase tan funesta como el “The winter is coming” de Game of Thrones. Como un huracán salvaje que baja de la montaña con ánimos de llevarse todo a su paso, de volar nuestras casas, de derrumbar edificios, de tumbar autos y de explotar como cadenasis los corazones de los deportistas, los mendocinos le tememos a este fenómeno natural como Chileno al tsunami.

Se genera un estado de histeria general… y he aquí algunas de las típicas consecuencias de que Defensa Civil la pifie con las medidas y te comas el amague…

  1. Tus hijos chochos porque no tienen clases. Vos y tu mujer, cerdos capitalistas que tienen que laburar 24×7 para mantener el nivel de vida consumista en el que viven, no saben dónde corno enchufar los guachos. Así que explotan los llamados a madres, suegras, bisabuelas, vecinas y cualquier persona que pueda vigilantear a los pibes.
  2. Te la jugás y dejas a los pendejos en la escuela, sabiendo que, o los vas a llevar al pedo o te van a llamar a media mañana para que los busques. ¡Pillín, te quisiste ahorrar la niñera!
  3. Estas dos horas dudando si salir con el auto, tomarte un bondi o llamar a un taxi. Tenes terror a que un álamo te caiga sobre el techo. Pensas en los arañazos que te van a castigar la chapería, así que decidís subirte a un bondi y padecer las peripecias de cumplir 20 años sin haber vuelto a pisar tal medio de transporte. Si andas en moto ni atinás a salir, pensando que una ráfaga te va a llevar al País de las Maravillas con moto y todo.
  4. Los cancheros del gimnasio ante el primer aviso te primeréan y bajan la persiana, no te dan lugar a dudas para saber si podes o no hacer gimnasia. Así que te quedas ahí como un boludo con los cortos y la musculosa frente a la cortina metálica bajada del gym.
  5. Como todo mendocino sabes que después del caluroso zonda viene un frescor intenso, así que perdés una hora frente al placard decidiendo qué ponerte, o te cagarás de calor o te helarás de frío.
  6. Un verdadero martirio se desata para los usuarios de lentes de contacto, sabes que vas a tener los ojos todo el día como sazonados con vidrio molido, así que pensas en ponerte los espantosos aéreos o salir como el ciego de la San Martín al grito de “nooo veeeeoooo” por las calles del barrio.
  7. Si las alergias primaverales son lo tuyo te agarra un ataque de pánico nivel 10. Pensás que el viento se te va a meter por la nariz, la pelusa por la boca, la tierra por la garganta, se te va a secar cada orificio y vas a colapsar en una batería de espasmódicos estornudos eléctricos, muriendo espantosamente. Te llevas un arsenal de humectantes, gotas, caramelos y cuanta pelotudez tengas a mano para combatir la alergia.
  8. Las amas de casa y empleadas domésticas son víctimas de un ataque de histeria atronador. Ya se están imaginando la cantidad de horas de lampazo y plumero que van a tener que incurrir para sacar tanto polvo de los muebles y el piso. Arrancan elongando de yogineta porque saben que van a tener que laburar duro.
  9. Los dueños de cafés y restaurantes putean a dos motores y no saben si armar las mesas afuera o adentro, se puede volar una sombrilla y ensartar a un cristiano, pueden explotar billetes y propinas por los aires como fuegos de artificio, se puede ir la gente sin pagar y deberán limpiar las mesas cada dos minutos.
  10. Como buen mendocino vago y especulador estás rogando que pase algo para que te suspendan el laburo, esperando hasta el último instante que anuncien que la puta DC ha declarado alerta rojo fuego y así estás justificado para quedarte haraganeando en casa.

Al fin y al cabo no pasa nada, baja un soplidito del orto con algo de polvo y no muere nadie…

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