Primer capítulo: De amores y resentimientos
Segundo capítulo: Un corazón frío
Tercer capítulo: Sentimientos escondidos
Cuarto capítulo: Éxtasis
Quinto capítulo: Inmarcesible
Sexto capítulo: Abrazo de almas

Séptimo capítulo: Desilusiones
Octavo capítulo: de amores y resentimientos en el Isaac Estrella
Noveno capítulo: Noveno sueño

Sentía el cuerpo dormido, sin reacción, débil, apenas pude abrir los ojos. No sabía dónde estaba. En ese momento no me pude levantar, el cuerpo no me lo permitía. Trate de decir algo pero las palabras no salían de mi boca, no podía coordinar los labios para decir palabra alguna. Solo pude ver a una mujer de espaldas. Su cabello era oscuro, un poco alta, no me resultaba familiar. Tenía puesto como un guardapolvo, no pude verlo bien, apenas podía abrir los ojos y mantener la vista sin cerrarlos ¿Dónde estaré? ¿Qué me paso? ¿Qué hago acá?

En ese momento aquella mujer se dio vuelta. Tenía un par de años más que yo. Ojos marrones claros. Luego de unos segundos miró hacia donde estaba, me vio y se acercó sorprendida.

-¿Podes escucharme?- Me dijo. No pude emitir palabra alguna y me volvió a preguntar-Si podes escucharme hace algún movimiento con tus manos o lo que puedas mover.

Traté de mover mis manos pero no pude, en eso asentí con mi cabeza haciéndole saber que la oía. Un poco más aliviada me dice –No te preocupes, tuviste un accidente en tu moto pero ya estás bien. No te pasó nada grave, quédate tranquilo. Trata de no moverte, descansa un poco. Tu familia está a unas cuadras, fueron a comer algo.

No podía entender que me había pasado, trate de hacer memoria pero no pude recordar nada. Cerré los ojos unos minutos y no pude evitar dormirme.

Desperté luego de un tiempo, no se si habrá sido unos minutos, unas horas o unos días pero me sentía más aliviado. Mi cuerpo respondía lentamente, poco a poco podía sentir y moverlo. Alado de mi cama había una mesita con algunos medicamentos, un vaso de tergopol, y unas flores. Supuse que eran para mí de algún familiar. Luego de unos minutos observando a mí alrededor se acerca la misma chica que había visto. Era una de las enfermeras, me pregunto:

-¿Cómo te sentís Adrian?

-Creo que mejor, ¿Qué me paso, dónde estoy?

– Estas en la Clínica de cuyo, Soy Bárbara, tu enfermera tuviste un accidente en tu moto. Por suerte no tuviste lecciones graves. Por lo que escuche, un auto pasó el semáforo en rojo y no alcanzo a frenar debido a la lluvia. Tus familiares están abajo ¿Queres que los llame? ¿Necesitas algo?

-No, no hace falta. Creo que estoy bien. Me siento mejor que hace un rato.

-Me alegro, tuviste muchas visitas. Debes ser una buena persona porque muchos te vinieron a ver en el poco tiempo que estuviste.

-¿Familiares o amigos?

-Familiares, amigos tuyos, algo inmaduros y bulliciosos pero buenos chicos. Y unas chicas, picaron.

¿Habrá sido Jimena o Lucia? Me pregunte a mismo. -¿Alguna era morocha con ojos verdes?

– Si, una de las que vino era morocha pero no recuerdo sus ojos. ¿Puede ser que sea una compañera de trabajo?

-Sí, era una compañera de trabajo.- Pese a que la lastimé, ella sigue estando conmigo en este momento …

-También vino una chica rubia, muy linda. Es más, vino hace una hora y te dejo esas flores y una carta, se quedó más calmada cuando supo que estabas mejor. Y me dejo una carta, me dijo que te la diera cuando te den el alta. La tengo guardada.

-¿Una carta, y que dice?

-No lose, es para vos. No la he abierto, tranquilo que en unas horas seguro te dan el alta. Tendrás que hacer reposo unos días pero ya estás bien.

No supe que pensar, sentía una gran incertidumbre. Decidí esperar, no quería seguir pensando en eso hasta que estuviera en mi casa más relajado. Espero a que llegaran mis padres, me contaron todo lo que paso. Me dijo mi madre que cuando salí del café el lunes a la noche, un auto pasó un semáforo en rojo y no alcanzo a frenar cuando me vió. Y que la misma persona que me chocó me llevó hasta esta clínica que era la más cercana del lugar. Por suerte no me había pasado nada, llevaba el casco puesto y solo tenía unos golpes pero que la moto quedo algo destrozada. No me importaba la moto en ese momento.

Esa noche dormí en la clínica, y en la madrugada me dieron el alta médico. Mis viejos firmaron los papeles. Antes de irme Bárbara, la enfermera, me dio esa carta que le había dado Lucia. No podía esperar para abrir y leer que decía. Espere hasta llegar a mi casa. La ansiedad me carcomía en el camino. Esos 15 minutos de viaje se me hicieron eternos, hasta que llegamos. Mis hermanos me abrazaron, se alegraron de verme bien. Hablamos un rato mientras tomaban unos mates, y fui a mi pieza a dejar mis cosas. Acomodé todo en su lugar hasta que quedé solo con esa carta en mis manos. Me senté en la orilla de mi cama, me arme de valor y la abrí. Dentro había una hoja perfumada con el aroma de ella, ese mismo aroma que sentí al abrazarla. Tenía ese perfume característico de Lucía.

Adrián, me alegra que ya estés bien. Me hubiera gustado despedirme pero el micro salía en una hora. Decidí hacer lo que me dijiste el otro día en tu trabajo. Deje la facultad, no quise seguir estudiando algo que no me llenaba ni me iba hacer feliz en mi vida. Quiero cambiar el rumbo de mi camino, quiero empezar a tomar mis propias decisiones, quiero decidir, quiero acertar, quiero equivocarme, quiero hacer, quiero sentir que estoy haciendo mi propia vida y no lo que los demás quieren que haga. No quiero estar más en esta zona de confort, no quiero más escuchar que los demás toman decisiones por mí, no quiero vivir una vida que no sea mía. Decidí estudiar teatro, es lo que siempre me gustó, desde que era chica. A mis padres no les gustó la idea, era de esperar. Ahora me voy a Buenos Aires, tengo una amiga que estudia allá y me consiguió un cupo, además arregló con unos contactos para conseguirme un trabajo. Estoy muy agradecida con ella.

Gracias por todo, sos la única persona que se ha interesado de verdad en mí, que en verdad me ha querido ver bien, que me ayudo cuando nadie más estuvo, no tengo palabras para agradecerte todo lo que has hecho por mí. Me siento llena de vida, plena, me siento feliz.

Apenas me estoy despidiendo y ya siento que te extraño. Siento muchas cosas por vos, pero creo que vos ya sentís algo por otra persona. Espero que seas feliz, con o sin mí. Pero si aún te pasa algo conmigo, acompañame, seamos felices juntos. Armemos nuestros caminos juntos.

PD: Atrás dejo la dirección detallada del depto. Donde estaré viviendo. Te adoro mucho.”

Lucía.

Sentí un gran nudo en la garganta, mis pulsaciones se aceleraron, mis ojos se humedecieron y cayó una lágrima empapando con gotas esa carta. No hubo palabras ni consuelo para aquel momento. Esa misma noche apenas pude dormir, sentía un gran vacío en el corazón. Se había ido ella, Lucia…

***

Esa mañana fui en micro al trabajo para ver si mis compañeros necesitaban algo pese a que debía hacer reposo unos días. Había tareas pendientes que mis compañeros no pudieron haber hecho sin saber algunas cosas. Llegue a la oficina y todos se pusieron contentos al verme entrar, los salude a todos, hable un rato de algunas asuntos laborales, fui a la cocina a hacerme un café, y fui hacia mi escritorio a buscar unos papeles, en el camino pase por el escritorio de Jimena, y no la vi. Le pregunte a mis compañeros si había venido y me dijeron que había renunciado hace unos días. No sabían mucho los motivos, ni sabían muchos detalles. Trate de averiguar qué había pasado pero no tuve mucha suerte, ni las chusmas de las arpías sabían a donde había ido ni porque renuncio. Así que después de un rato de ayudar con mis compañeros, decidí ir a su casa.

Tome el micro que solía tomarse ella a la salida, me baje a unas cuadras de su casa. Llegue hasta su casa y toqué la puerta, abrió su hermana.

– Si…

– Hola, soy compañero del trabajo de Jimena…

– Ah sí, ya se quien sos. El de la otra noche…

Me sonroje y con pudor le pregunte -¿Estará Jimena?

– Se ha ido, y no creo que vuelva. Se fue unos meses a Córdoba con unos familiares de nosotros. ¿Necesitas hablar con ella por algo laboral o personal? – No supe que decir – Mira, ella me dijo que no le dijera a nadie donde se había ido, pero creo que vos en verdad la queres, sos la única persona que ha venido a preguntar por ella. Se fue a Córdoba a vivir por unos meses, no se sentía muy bien y quería estar lejos por un tiempo. No sé que habrá pasado últimamente pero andaba mal, se la veía angustiada y dolida.

No pude emitir palabra alguna, solo pude agradecerle por decirme lo que sabía y despedirme. No pude entender como había perdido todo de un momento a otro.

Volví a mi casa con el corazón vacío, el alma dolida y el cuerpo destrozado. No pude dejar de pensar que debía hacer algo para recuperar todo lo que había perdido pero no sabía por dónde empezar, tenía dos caminos en frente mío, tan simple como eso. Nada más, ni nada menos…

¿Qué debía hacer? ¿Qué camino debería tomar? ¿Cómo tomo ese camino? ¿Sera tarde para tomar alguno de esos caminos? Decidí tomar un camino, sea cual sea, ambos son buenos. Aunque no sepa cual tomar, debo emprender el viaje. Pero primero debo saber en qué me iré, mi moto estaba destrozada. Luego de conversar con mis amigos de la facultad esa misma tarde uno de ellos se ofreció en prestarme su auto, me dijo – Es un poco viejo, y tiene una maña para encender. Pero te va llevar seguro hasta donde sea.- Me explico cómo poner la llave para que arranque, y me dio sus llaves. Se lo agradecí y le dije que se lo iba cuidar con mi vida.

Esa misma tarde prepare todo para emprender el viaje. Ropa, dinero, utensilios para el camino, comida y unas que otras cosas más. Hasta lleve un anillo de oro que me regalo mi abuela para mi futura novia, me lo regalo con todo el cariño del mundo, pensé que sería el momento ideal para usarlo con la persona que termine este viaje. No sabía cuál de los dos caminos iba tomar, espere que en el camino pudiera decidir. No me importaba cual camino tomara, lo importante era hacer el viaje.

Esa misma noche emprendí el camino por la ruta, viaje escuchando música, era la primera vez que viajaba solo así que estaba un poco nervioso y atento al camino y no perderme en alguna parte, por suerte mi amigo me presto un gps por si me llegaba a perder. Viaje hasta que mis ojos estaban algo cansados y decidí parar en alguna estación para comer y descansar la vista. Después de media hora encontré una estación de servicio y me dispuse a descansar en aquella. Cargue nafta, lo deje estacionado y entre para comprar algo de tomar y comer. Me senté en la última mesita desocupada, entonces entró una señora a comprar algo para comer, se acercó hacia mi mesa y me preguntó:

– ¿Disculpe joven, me puedo sentar en esta mesa? No hay asientos desocupados.

– Pero por supuesto, adelante. Adelante, no hay problema.

Se sentó, me pareció una señora muy gentil y simpática. Estuvimos hablando un rato, me pregunto a donde iba y le conté el viaje que hacía y la intención del mismo. Le conté que viajaba por amor, con un destino algo incierto y que tenía un largo camino por delante. Nos quedamos hablando un rato, después de unos minutos se tuvo que ir, me deseo un buen viaje y se fue hacia su Falcón rojo, un poco viejo pero bien conservado. Y tomo su camino. Me quede un rato terminando mi comida, fui al baño, me quedé en mi auto descansando y escuchando algo de música. Luego de un par de horas retome viaje.

Espero encontrar mi camino.

Continuara…

Compartí, no seas paco