Jueves a la mañana, le pido a mi novio que me acerque a la terminal porque necesitaba viajar para hacer un parcial en la Facultad. Las cosas estaban un poco tensas por problemas familiares que habían ido surgiendo, pero habíamos acordado tomarnos todo con calma y hablar, tomar la comunicación como el camino más sensato.

Nos despedimos con un beso, un te quiero, y me pidió que cuando saliera del parcial lo llame para contarle cómo me fue.

La noche anterior habíamos estado en mi casa, pasando una noche agradable, cariñosa. Nada podía haberme dado un adelanto de lo que iba a pasar.

Llego a San Rafael, voy directo a almorzar con plata que él me había dado, por que como siempre estaba sin un mango. Le envío un mensaje para avisarle que había llegado y nada. Voy a la facu, me entran los nervios, le envió un mensaje y nada. Empecé a preocuparme, lo llamo… y nada.

Pasaron 8 horas sin noticias, no había nada extraño. No se había conectado en face, todo parecía normal.

Al rededor de las 22 voy llegando a mi ciudad y descubro que me había bloqueado en las redes sociales.

Y ahí lo supe… era víctima del “ghosting”. Y lo peor es que no era la primera vez que me hacía pasar por eso.

El ghosting, término anglosajón para decir algo tan simple como que “se lo trago la tierra”, es una práctica muy utilizada en estos años, tanto que fue elegida palabra del año por el Diccionario Collins en el año 2015.

Dicen que el ghosting trae consecuencias para quien lo sufre como para quien lo práctica. En mi lugar refuerza mis inseguridades, siento que el mundo se viene abajo, y no encuentro respuesta, es como cuando eras chico y tu mamá te decía que no podías ir a jugar, pero nunca supiste porque.

Para el otro dice que sufre de sentimiento de culpa, por haber dejado a la otra persona así.

Tuve la oportunidad de preguntarle a esta misma persona porque hacía esto conmigo. Su respuesta siempre fue, “de boludo”. Y más que de boludo siempre me pareció que es de cagón. El no poder enfrentar a la otra persona y decirle en la cara como son las cosas. Tomar una decisión y ser lo suficientemente valiente de enfrentarte a una mina que te daría hasta lo que no tiene, pero enfrentarla al fin. Nadie obliga a nadie a permanecer firme al lado, pero al menos uno siente merecer algo de sinceridad.

Por favor chicos y chicas, no jueguen a la cagona, las personas no son descartables, aprendan a cultivar su empatia por el otro. Sean valientes, enfrenten las situaciones difíciles. Este tipo de prácticas destruye, aleja. Y ya vivimos en un mundo bastante incomunicado como para fomentarlas.

Escrito por Celi para la sección:

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