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Artajerjes acercó su nariz a la larga línea de polvo blanco y aspiró hasta que no quedó nada. Luego se restregó la nariz, movió la cabeza y entró en trance, sintiendo que un mensaje le venía del más allá. Salió al balcón dispuesto a hablar a la tropa, pero antes volvió y aspiró una línea más de polvo blanco. Y entonces sí, ya dueño del discurso, apoyó las manos sobre el balcón. Sabía que la primera línea del discurso es importante, así que hizo una pausa y tomó aire, midiendo sus palabras: -Soldados… estoy harto de ustedes -trató de mirar fijamente a cada uno-. Y al primero que me venga con alguna tontería del tipo Ay patria mía, le parto la crisma. Fijaos a vuestro alrededor y contemplad el yugo de todas las cosas: nada ni nadie es libre. ¿Por qué razón habría de serlo? ¿Y qué nos impulsa a hablar de la libertad, y encima a hablar más de la cuenta? Mucho blablablá pero en 450 años a.C. poco se ha hecho y poco ha cambiado. Os estoy dando la libertad de desertar, de reíros del honor, algo que hemos inventado junto a las cadenas que ahora os desato.

A mis soldados no les pediré más que esto: olvidad que existió vuestro rey Artajerjes y que hubo un rey al que servisteis. Olvidaos de la Primera Guerra Mund… Médica perdón, olvidaos de la Batalla de Maratón, del complejo de Edipo, de los arquetipos, de todo. Os otorgo la mayor de las libertades: iros al monte y no pertenezcáis a ninguna tribu ni os comprometáis con mujer alguna, solo una que otra escaramuza nocturna por ahí y luego si te he visto no me acuerdo. Si véis a algún sátrapa en vuestro camino, ignoradlo, haced de cuenta que pasa una mosca… Nehemías, desde el público, blandía un pergamino en lo alto y le hacía señas de que quedaba pendiente la firma de la reconstrucción de Jerusalén, pero Artajerjes no estaba para boludeces en ese momento.

Se pasó la mano por la nariz, hizo un gesto y enseguida un esclavo preparó sobre la mesa de oro macizo y engarzada en rubíes una línea más de polvo blanco. Entró y aspiró todo, y luego salió nuevamente al balcón a enfrentar a sus soldados:

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-Andaos con cuidado, dispersaos por el mundo y predicad el bien. Predicad sobre todo la vagancia y el desorden, y no dejéis ninguna descendencia, al menos reconocida. Iros, hala, a volar de aquí. Sois libres y tened cuidado: evitad todo contacto con los indoeuropeos. Porque yo, el gran Artajerjes, he decretado a partir de ahora que todo hombre es libre y no tiene deber alguno. Solo derechos, ilimitados derechos. Que no haya para vosotros otra patria que vosotros mismos y que aquellos que hablen de patriotismo sean considerados sátrapas, o sea, roña de la tierra madre, de la Pachamama nuestra. Artajerjes se dio vuelta, como para ir adentro del palacio, pero súbitamente giró y, señalando con el dedo amenazante, dijo: -Hay una poeta uruguaya que todavía no ha nacido, pero cuyos versos resuenan desde más allá en mi mente iluminada: “No podía dejar de amarla porque el olvido no existe y la memoria es modificación, de manera que sin querer amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía…” Una lesbiana.

Pues bien, yo le digo desde aquí que no claudicaremos!!! Andan diciendo por ahí mis exégetas que soy bueno para la política exterior pero no soy bueno para el amor… Soldados, detesto esa aspiración burguesa al amor y el enyuntamiento. Y después, cuando pasan los años, encontrarse con algún viejo amor y… pero por favor!! Los soldados seguían al pie del gran palacio imperial, sin entender a su rey, que sintió entonces una poderosa necesidad de educar a sus súbditos en el tema concha. -Soldados de mi patria amada: ved a las morochas, de pies hechos para besarles las uñas, y esas manos surcadas por finas venas, ved la forma de sus ancas, o la astucia debajo de la cabellera fina y brillante. Soldados, he de alertaros sobre los distintos males que criaturas tales pueden ocasionarle a la patria: en primer lugar, os digo que vosotros y vuestra crueldad sois bebés de pecho a su lado. Claro que esto es una apreciación muy general, y no se puede uno detener caso por caso porque terminaríamos el día del juicio final. Pero a grandes rasgos os digo: procread para Babilonia la grande, sí, pero luego huid lejos de Babilonia la grande, huid a cualquier lado, poned primera y a volar. A mis exégetas les digo que era bueno para el amor hasta que conocí a una verdadera vampiro emocional. Ay madre querida… Huid, os digo. Vivid para el ocio y el desacato. Robad si es necesario. A la primera de cambio, subid a vuestros caballos y emprended un rumbo incierto.

En la vejez contemplad los barcos que vienen y van, y las olas que viene y van. Y a vosotros mismos, como los que vienen y van. Artajerejes se dio vuelta, miró a uno de sus esclavos y dijo: -Puta que estoy inspirado hoy… Y luego prosiguió mirando hacia la gran masa de soldados con las lanzas en alto: -Soldados, corderos míos, que la semilla de la tierra florezca, qué carajo importa, procread a mansalva y luego haceos los giles. He de cambiar nuestra bandera por otra. Me chupa un huevo el símbolo del león en nuestra bandera. He sido anoticiado que allende los mares hay un imperio inca que tiene en su bandera un sol. ¡Un sol! Y nosotros con la imagen de un león, caramba… Hemos de robarle el símbolo a esos incas, pondremos un sol en nuestra bandera también, y además le pondremos a nuestra azul bandera una gran línea blanca en el medio.

Os preguntaréis qué significa: es una línea de polvo blanco. Aspiraremos nuestra bandera, carajo!!! Eso es patriotismo, y lo demás son patrañas!!! Sonaron las trompetas a cada flanco del balcón, mientras Artajerjes corría a darse otro saque y luego volvía al balcón para la parte final de su discurso magistral: -Soldados, declaro la ley de emergencia social hasta el fin de mi mandato.

¿Que qué significa esto? Significa que todo hombre, como proveedor del hogar (no me gusta este término, que es muy tipo Testigos de Jehová), digamos todo el que provee de alimentos, no tiene que preocuparse, las arcas del gobierno están abiertas para todos. ¿Me querían derrocar en diciembre? Tomá hijo de puta, derrocá eeesta… Soldados, es el momento de partir hacia Atenas, de darnos un saque y cortar un par de cabezas atenienses. Y una cosa más: “…porque el olvido no existe y la memoria es modificación”… Caramba.

Me recuerda viejas inscripciones, Ni olvido ni perdón etc., pero sobre todo las modificaciones del olvido, que modifican lenta y arduamente lo que sucede rápida y ligeramente, aunque por lo general se niega a ser modificado, así como se niega a existir. Lo que sucede entre el amor y el olvido me conmueve, pero no tanto como lo que sucede entre lo olvidable y el olvido: la condena de existir. Artajerjes terminó ahí su discurso, retirándose agotado a sus aposentos. Y lo demás es historia conocida: Artajerjes I (latín Artaxerxes, antiguo griego Ἀρταξέρξης Artaxérxês, y Ἀρτοξέρξης Artoxérxês, persa antiguo Artaxšacā, persa moderno اردشیر Ardašīr; también Artajerjes I Macrocheir (macrojeir) y Artajerjes I Longímano) fue un rey aqueménida de Persia desde el 465 hasta el 424 a. C. La política de Artajerjes con respecto a Grecia se concentró en el debilitamiento del predominio naval de la Liga de Delos, afianzado tras la batalla del Eurimedonte (c. 468 a. C.). Cerca de 457 a. C. una embajada persa fue enviada a Esparta para que esta le declare la guerra a Atenas, y así apartar la at

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