La gente tiene historias para contar. Monotonía irreal, gente simple. Hay gente que es feliz haciendo lo que siempre se espera que haga. ¿O es feliz realmente? No es todo una ilusión, no estamos obligados a nada. Pero muchos cumplen con “lo que se espera”: Casarse. Tener hijos. Ilusión falsa de felicidad.

Cierro los ojos. Desde chica supe que algo en mí no era igual. Intentos de suicidio, varios. Horas de soledad. Muchas. Todo por no encajar y saber que no voy a encajar nunca.

Encontré refugio en las letras. Llegue a aceptarme en un punto y a tener ganas de romper con todo e irme. Irme lejos. Irme. No a encontrarme a la India, como muchos pseudohippies, sino a la osadía de la libertad. Desde chica vuelo en mi mente, cierro los ojos y veo cosas que no están.

Es mi manifiesto, irme con lo puesto y nada más. No he pertenecido nunca a esta sociedad enferma, siempre lo he sabido. Siempre.

Y ahí los veo. Viviendo sus vidas monótonas y simples. Dinero, plata, eso dicen que mueve al mundo. Pero el deseo de ser uno, ¿dónde está? Dejar de soñar al crecer, dejar de volar. Cierro los ojos y veo libertad. Cierro los ojos y me doy cuenta de algo que he sabido hace mucho tiempo. Debo irme a ser yo.

Hay gente que es invisible. Gente simple que también tiene sus historias para contar, también tienen o tuvieron sus sueños, y no hay nadie que los quiera escuchar.

Me saco los zapatos. Empiezo a caminar y siento la textura de la tierra, la textura del pasto, el tomar consciencia de que estoy viva, empezar a salir de ese letargo que nos anestesia a todos y nos dice que no somos felices si no gastamos plata que no tenemos en cosas que no necesitamos. Lleno una mochila gigante con mis libros y me mando al ruedo, a la osadía de la libertad. A que otros sepan que no vale de nada ser lo que se espera de uno, a abandonar la imaginación natural con la que todos soñamos, y que después se va.

Amar intensamente, tirarse a volar, sentir el placer de cerrar los ojos y sentir, sentir y sentir que estamos vivos, que respiramos y nuestro corazón late, y eso es un milagro de por sí, uno que no estamos acostumbrados a aceptar. Debo irme lejos, pero diré, que bella es la vida, la osadía de la libertad.

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