Despierto agitada, es la misma pesadilla recurrente que despeina mis pensamientos cada tanto. Escucho los gritos, son los mismos que cada noche no me permiten conciliar el sueño. Siempre comienza de la misma y tonta manera.

Sol, mucho, intenso. Mi cabeza daba vueltas en sí misma y no me permitía pensar, tampoco quería hacerlo. La plaza citadina se llenaba cada vez más de gente y no termino de decidir si me agradan. Por eso prefiero abandonar ese banco, bello pero incómodo que tienen todos los lugares de recreación y caminar. Un grupo de estudiantes junto a su profesora, destrozan la tranquilidad con su algarabía y esos aires de gente joven. Comienzan a invadirme esos pensamientos dañinos, los que alguna vez cruzaron como una sombra por mi mente. Ahí cuando todo en mi vida eran diez torbellinos y pensaba que el mundo entero complotaba en mi contra, cuando miraba al resto por encima de mis hombros pero sin verlos.

El ruido de risas ensordecedoras atormentaba la lectura de mi libro de autoayuda. Reaccioné cuando el rojo carmesí brotaba de los lóbulos de una adolescente, las huellas dactilares de los pulgares de mis manos se introducían en ellos. Sé que mientras tanto reía a carcajadas porque era muy gracioso ver como se levantaba la pollera de su uniforme y dejaba ver una vedetina con el dibujo de una pequeña conejita de play boy.

Más tarde me preguntaron si recordaba haber arrancado la lengua de un joven cuando corrí a besarlo desprevenidamente. Ahí comprendí que el sabor a hierro que sentía en mi boca era su sangre seca, que aún permanecía en mí como una prueba.

Dijeron que la profesora intentó detenerme pero la nockeé con el libro que intentaba leer. Una vez en el piso, golpeé tantas veces su cabeza contra los adoquines, que de allí le salieron más que ideas.

Ahí, siempre en ese momento una voz me despierta y me pide que ya no grite. Giro a mi derecha y mi compañera de cuarto arrulla a su almohada diciendo que no despierte a su bebé porque está en un sueño eterno. Entonces canta: “duérmete niño, duérmete ya, sino vendrá el cuco y…”

Vuelvo a dormir.

Escrito por María Silva para la sección:

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