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Hace un par de años, en uno de mis viajes al sur de Mendoza, leí en las paredes de un baño de terminal, un triste lamento. Un desesperada búsqueda de un ser que había prendado a un masculino. Riéndome para mis adentros, y mientras volvía hacia el Omnibus vi salir de atrás de los baños a una terrible morocha, de unos treinta y tantos años, limpiándose la comisura de los labios, acompañada de un hombre rubio, evidentemente extranjero del norte, vestido de traje que se acomodaba el cierre del pantalón.

Y fue que mirando un robusto y melenudo hombre hacer dedo unos kilómetros más allá, una vez que retomé mi viaje que tejí el siguiente relato…

En la mesa del bar del parador en la ruta cuarenta, en la localidad de Pareditas, se encontraban Dániel Sculli y Jazmín “la Zorra” Moldes. El primero era un enviado del FBI para una operación especial en Sudamérica y la última era un miembro destacado por costumbres impropias que al ver la postura prolija y casi mormona del yanqui se ofreció como voluntaria para acompañarlo. Haciendo valer sus condiciones para conseguir puestos, de rodillas.

Frente a ellos se encontraba un ser de género indefinido. Supo ser hace unos años Roberto Fernández, camionero de tercera generación. Después de cierto incidente, su vida comenzó a mutar y ahora era Socorro “Yésica la gauchita” Fernández, travesti.

– Bueno – interrumpió la agente federal un momento de silencio donde la Yésica miraba con ojos nostálgicos por la ventana el horizonte – ¿podría resumirnos cómo fue el encuentro con este personaje?. – con la mano señaló una foto sobre la mesa.

Luego de un profundo suspiro empezó por quinta vez el relato.

– Venía yo desde Mar del Plata, hacia Mendoza. Por la Ruta 188, que entra por Alvear. A unos kilómetros del límite él me hizo dedo. El aspecto no me pareció atemorizante así que decidí llevarlo. Era un día muy frío, con un viento cruel, y despertó cierta compasión en mi.

Su aspecto era enorme, pero no intimidante. Brazos voluminosos, velludos. Rostro firme, pero mirada cálida.

Intercambiamos un par de comentarios. Me dijo que su intención era llegar a Chile, por algún paso no muy concurrido. Según el tenía problemas con la Policía Federal.

La noche nos agarró cerca de Alvear. Me preguntó si podía quedarse en el camión. Yo accedí. No tuve motivos para desconfiar. El dormiría en el asiento, y yo en el cubículo que está justo detrás de la cabina.

– ¿Y allí fue donde pasó todo? – interrumpió Dániel.

– Si – prosiguió el trans – Estando yo dormido se metió en la cama y me abrazó…

– No es necesario que nos dé detalles – dijo el norteamericano ante el rostro sonrojado por el esfuerzo de no reírse de Jazmín, aunque se permitió una sonrisa irónica. – Dice que tuvieron sexo homosexual.

– Le vuelvo a repetir por quinta vez – dijo el ex camionero – que fue algo más. Decir “sexo homosexual” es chato, porque fue algo profundo. Algo abarcativo. Algo… – Tuvo que parar porque estalló en sollozos. Y la federal dejó escapar un resoplido de risa, a lo que el yanqui la miró con fastidio.

– Está bien – dijo el agente del FBI – no hace falta tanto dramatismo. – Los ojos del trans estaban llenos de lágrimas.- ¿Cuándo despertó no estaba?

– No – dijo Yésica – luego de que amara como nadie jamás lo ha hecho, me quedé profundamente dormido. Y al despertar se había ido. Pude a duras penas, con una tristeza profunda, terminar el viaje. Y vendí el camión. Y dejé todo. Y sólo cuando decidí cambiar mi vida pude dejar las pastillas y los médicos para locos. ¿Qué saben de él? – Sus ojos los miraba con súplica angustiosa. Casi saliéndose de las órbitas. Cómo psicotizado.

– Ya que insiste – dijo Jazmín – Estimamos que ya ha cruzado a Chile, y puede estar llegando al Perú. Le seguimos el rastro de personas como usted, que los cambió al tener sexo.

– ¿Por qué lo siguen? ¿Qué ha hecho? Siempre pensé que era un ángel. – Su voz se iba haciendo más aguda y leve.

– No – interrumpió Dániel carraspeando – definitivamente no lo es. Y no es de la tierra. Es un extraterrestre. Llegó hace unos años en algún punto del Amazonas.

Luego de media hora de brindarles detalles bastantes bizarros sobre la naturaleza de aquel extraterrestre, a lo que el travesti negaba aduciendo la excesiva humanidad con que lo había tratado, le dejaron una tarjeta para solicitar cualquier ayuda y se dirigieron a la camioneta todo terreno donde venían.

Al cerrar las puertas, la Jazmín le preguntó al Dániel.

– ¿Qué opinás de este putazo? A mi no vengas a decir que alguien puede cambiar así, por más influencia extraterrestre que tenga. – El agente del FBI empezó a sentir fastidio por los comentarios tan “latinos” de Jazmín. Pero cada noche de sexo desde que llegó a la Argentina lo hacían olvidarse de lo poco profesional de la policía.

– Es el caso más extremo que hemos visto – habrá que mandar las grabaciones de la entrevista y los datos de Yésica para que otros intervengan. Hasta ahora habíamos visto borrachos, linyeras, oficinistas, una familia completa, un par ancianos. Todos trastornados. Pero nunca alguien tan heterosexual cisgénero.

– Ok. Enviaremos los datos esta noche, cuando paremos. Cena y sexo primero. – le dijo Jazmín mientras le rozaba con la mano la entrepierna. Sonrió, a lo que Jazmín suspiró complacida, pero no le dijo porque se imaginó que sería lindo encontrarse con el Alien, así se alejaría de las Jazmínn de las republiquetas.

– Me preocupa que esté por localizar a la otra.- dijo Dániel.

– ¿Saben algo más?

– No tiene rastro definido. Es mujer. Y desde que aterrizó en Alaska, sólo un par de casos de prostitutas que dejan la profesión en Centroamérica. Evidentemente están buscándose.

– Vaya a saber que pasará cuando se encuentren. Será para alquilar balcones si se ponen a culiar.

– A mis superiores es lo que menos les preocupa. Una cosa es que regulemos la población con las políticas de género, otra es que aparezca un factor biológico que acreciente los efectos de los medios.

El travesti vio como la todoterreno se alejó hacia el sur. Le habían dejado la foto. Pero decidió un cambio de vida. Lo buscaría. Y salió a la ruta a hacer dedo.

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