Allá por el s. XIX, la Corona inglesa instauró un premio de un millón de libras esterlinas al primer hombre que quedara embarazado. Por suerte eran libras y no pesos argentinos, porque este premio aún está vacante, y con la inflación quizás hoy te alcanzaría para tres caramelos y un chupetín…. pero no nos vayamos de tema.

Claramente el premio lo pensó alguien que no tuvo hijos, porque, seriamente, ¿ustedes imaginan la catástrofe que sería si fueran ELLOS los que tienen que pasar por ese proceso tremendo que es el embarazo y parto?

Primero, imagino que si fueran ellos los que se embarazan, la tierra ya se hubiera superpoblado hace rato y ya estaríamos extintos. Nada de saber en qué día del periodo están, llevar agendas con stikers para recordar la última menstruación o una app del cel que te dice si estás en tus días fértiles. Esas son cosas de minita.

Tampoco tienen instalado el instinto de limitar con quién se aparean. Con lo cual, serían pocos los casos que tuvieran certeza de quién es la madre. Las pruebas de ADN serían obligatorias y el crío llevaría obligado el apellido de quién lo parió, que de eso siempre podemos estar seguros.

Durante el embarazo se quejarían de todo: que las náuseas, que estoy irritable, que retengo líquido (como nosotras, pero con mucho más énfasis). Tienen menor tolerancia al dolor y la incomodidad, con lo cual todo ese proceso de cambio sería apocalíptico. Ni hablar de los subibaja emocionales: las grandes compañías, gobiernos mundiales e instituciones regidos por seres poseedores de pitos quebrarían (en llanto, quizás) o accionarían una bomba nuclear “porque vos no me comprendés” (acá de nuevo, la humanidad ya se hubiera extinto).

Jamás dejarían de tomar alcohol o fumar durante 9 meses. Hasta seguirían yendo a sus clases de crossfit, porque los tipos no están acostumbrados a dejarse de lado. Los niños saldrían con muy escasas neuronas y bastantes magullados. Tres generaciones y se acabaría todo lo que por evolución darwiniana habíamos ganado como especie.

El parto sería sencillo: todos irían a cesárea. Además de que obviamente nada puede salir por un orificio de ese tamaño, de todos modos NINGUNO SE LO AGUANTARÍA. Lloran como mamones con esa tontera de los cálculos biliares, imagínense con un parto, que es cuatro veces ese dolor durante 18 horas seguidas. Si a alguien se la pasara el tiempo de cesárea, el niño terminaría saliendo al modo Alien. Hermoso todo.

Dar de mamar se les haría cuesta arriba. Como jamás se sentarían tranquilamente durante horas a amamantar y seguirían empecinados con seguir con su rutina, se llevarían al borrego con ellos a todos lados. Inventarían dispositivos sujetadores de bebé para alimentar a la criatura mientras manejan, hablan por celular y toman café en el mug. Las oficinas colapsarían: habría bebés por todos lados llorando y padres buscando a ver dónde es que lo dejaron (¿estará en el asiento de la camioneta? ¿la cola del banco? ¿quizás el café?).

Lo más probable es que mucho antes de que todas éstas tragedias sucedieran, ellos acudirían a su madre (recordemos que aún no saben quién es la madre del bebé) para que les ayudara. Eso o nos haríamos millonarias poniendo guarderías. En definitiva los niños volverían a las manos femeninas que tan cuidadosamente fueron pulidas por la evolución para brindar todos los cuidados que un niño necesita.

Insisto, que los hombres fueran quienes se embarazan sería una catástrofe. Pero quizás sería un buen experimento para que no se quejen cuando estemos antojadas y tengan que salir a las 2.00am a buscar un Danette de chocolate.

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