– Boluda no sabes que perno

– ¿Qué paso?

– Mi viejo nos quiere llevar un fin de semana entero a San Rafael. Le pinto ir a unas cabañas en Valle Grande, hacer rafting, inclusive a escalar.

– ¡Negra que hermoso! Disfrutalo es increíble todo eso.

– ¿Sí? ¿No es medio embolante?

– Y… por ahí vos porque estás sola, tu hermano es chico, pero creo que podes pasarlo excelente.

– ¡Ey! ¡Ya se! ¿Queres venir conmigo?

– A mí me encantaría, sabes que amo el turismo extremo y el aire libre.

– Joya, nos vamos el viernes a las 9 de la mañana, venite ya desayunada. ¡Qué diverrrr!

Con mi mejor amiga nos conocemos desde que tenemos 8 años, transitamos la primaria y parte de la secundaria. Más de una década de amistad. Incontables las anécdotas que tenemos y este viaje fue totalmente distinto al resto.

Me desperté temprano a armar el bolso. Raid, off, curitas, malla, tallón, ropa, cartas, todo lo que se les puede ocurrir yo lo llevaba. Es característico de la mujer irse de viaje o en este caso de fin de semana y acarrear el doble de las cosas que vas a usar. Llegué a lo de mi amiga, salude a su hermanito y a su papa, le agradecí por dejarme ir con ellos y emprendimos nuestro viaje. Parecía completamente de la familia, 11 años de amistad, de ir y venir, no había momentos incómodos como suele pasar en algunos casos, acá se respiraba aires de confianza. Él, Ricardo, apodado “el dibu” es de los típicos “viejos modernos”. Estaba divorciado, muy bien conservado, tiene instagram y se viste como adolescente. El papa fachero del grupo, yo, una ninfómana. Siempre me gustó, desde chiquita, y ahora de grande no pasaba desapercibido, pero siempre fue todo muy inocente y un juego entre mi amiga y yo. “Gorda amo a tu papa”, “Boluda que el dibu nos venga a buscar en bóxer”, “¿Te empiezo a decir mama?”, eso era, simples bromas, nunca pasó a mayores. O eso pensaba…

Valle Grande, el que lo conoce sabe de qué hablo, tranquilidad, gente con muy buena onda, del lado derecho tenés todas las cabañas y del lado izquierdo las casas de “turismo aventura” que ofrecen los mismos paquetes por $2 de diferencia. Cool river, tirolesa, rafting, kayak, entre otros. Mi favorito era rafting, convencí a la familia en cuestión a que se animaran. Por suerte el río estaba bravísimo, eso significa que no era un paseo tranquilo.

Nos dieron nuestras respectivas indicaciones de seguridad y procedieron a entregarnos los chalecos. Cuando el dibu se sacó la remera tenía un tatuaje de dos dioses egipcios en la espalda con un sol naciente en el medio, en la parte de adelante arriba del pecho izquierdo un dibujo azteca. Me encendí, mis ojos no creían lo que veían, de hecho me replantee si estaba viendo bien. Era el papa de mi mejor amiga, pero también era un bombón de dulce de leche esperando ser devorado. Me hipnoticé.

Ya en la balsa emprendimos el recorrido, al estar el río bravo nos movíamos de arriba abajo, eso significa mojarse. Él estaba sentado del lado contrario al mío, mientras remaba intentando enderezar la balsa lo miraba a él, sus brazos eran enormes, bronceados, su reloj en la mano izquierda le daba el toque de sensualidad, una barba simulada ser de dos días adornaba su cara. Con honestidad ya no sabía si estaba mojada por el agua o por lo que este señor me hacía sentir.

Volvimos a la cabaña, cenamos y con mi amiga nos fuimos a buscar joda sanrafaelina. Encontramos un grupo de franceses, no eran muy lindos que digamos, pero su idioma mezclado con el nuestro y un poco de inglés hacía amena la situación. Ellos tomaron hasta vaciar las botellas, como yo no tomo alcohol cuidaba de la situación, entiéndase por situación a mi mejor amiga ebria. Nos despedimos y como pude la traje hasta la cabaña a cuestas. Nos acostamos esperando al siguiente día.

El sol me pegaba en la cara, habría dormido dos horas como mucho, pero era tan fuerte aquel destello que hizo que me levantara. Camine despacio sin intención de despertar a mi amiga o a su hermanito. Fui hasta la cocina y empecé a preparar mi desayuno. Tenía puesto una remera gigante que solía ser de mi primo, un pantalón muy cortito y medias naranjas. No nos olvidemos de los pelos despeinados, pero ¿Qué importaba? estaban todos durmiendo, o eso pensé. Cuando agarre las tostadas se abrió la puerta principal, el dibu estaba entrando, venía de correr. Si, de correr.

– Buenos días, ¿eso es para mí?

– Eh..e..hola…e no, lo estaba haciendo para mí pero ahora te hago el desayuno. – Mientras lo observaba todo transpirado con una toalla en el cuello secando sus gotas de sudor. Tenía un pantalón negro con gris. Estaba lenta, no reaccionaba.

– Deja, yo te ayudo, vos úntame las tostadas yo preparo café

– E..em..sí..dale yo te las unto. – Mi cara estaba boquiabierta, ¡por dios lo que estaba este señor!

– ¿Es verdad lo que me dijeron?

– ¿Qué cosa?

– Que te gustan los tipos grandes

– Crash – el sonido de la tostada al piso. – ¡Hay perdón! Ya mismo lo limpio – Me agache a sacar el dulce de leche pegado en los porcelanatos y él se agacho junto a mí a ayudarme.

– Perdón, no te quise poner nerviosa. Simplemente quería saber si es verdad, te vi crecer desde muy chiquita y puede ser muy interesantes los rumbos que toman algunas personas.

– Sí, me encantan. Los encuentro muy atractivos, más que cualquier flaquito de mi edad. Sus vivencias, sus experiencias me atraen, son un mundo completamente distinto.

– ¿Un mundo como yo?

Me puse colorada, volví a tirar la tostada al piso. Las rodillas me temblaban, en un abrir y cerrar de ojos me agarro por atrás y me apoyo contra la mesada

– Necesito que me digas si queres que frene acá – Susurrando en mi oído.

– No sé qué hacer, puede venir alguien.

– Están todos durmiendo, somos vos yo y esta cocina. Dejame ser un mundo en tu universo por favor.

Vamos a darnos indiscriminadamente a todo lo que sugieren nuestras pasiones, y siempre seremos felices. La conciencia no es la voz de la naturaleza, sino sólo la voz de los prejuicios.”
Marques de Sade

Me di vuelta y le comí la boca. Sí, yo tome esa iniciativa. No pensé en la moral, en si estaba bien o estaba mal, simplemente le comí la boca con ganas. Con mis dos manos lo abrace por su cuello y tocaba su cabello. ¿Había mencionado que era negro y suave? Me agarro de la cintura y me apretó fuerte, me abrazo junto a él, había calor, sentimos mucho calor. Nos seguíamos besando cada vez con mayor ímpetu. Tomo con sus manos mi cuello y lo rodeo, me miro a los ojos y me dijo – ya no sos más la nena que venía a hacer la tarea, tu mundo es mi mundo.

Me agarro de la cintura y me alzo sobre la mesada, abrí mis piernas y se acercó cada vez más a mí. Continuamos besándonos, yo mordía su cuello, pasaba mi lengua por su oreja, respiraba cerca de él. Levanto mi gran remera y quedaron a la luz mis pechos, no llevaba corpiño. Los agarro con sus manos y comenzó a masajearlos, los apretaba duro, me dolía. Con su boca empezó a besarlos, jugo con su lengua, poco a poco se empezaron a poner duros. Eran dos timbres perfectos a punto de estallar. La sangre se había acumulado y mi cuerpo empezó a sudar. Mis pechos eran dos bombas por detonar, estaban calientes, mis pezones parados. Me sentía mojada.

Volvió a alzarme y me tiro al piso, bajo mi pantaloncito y luego mi ropa interior, estaba empapada, pasó su mano y la metió a mi boca. Mordía mis extremidades muy cerca de mi entre pierna, eso hacía que me mojara más. El deseo que me hacía sentir era incomparable, más ganas de querer que ingresara a mí, rozaba su lengua muy por encima de mi vulva. Me sentía calada, completamente húmeda. Emanaba calor, la temperatura estaba altísima.

Se arrodillo y bajo su pantalón, él también estaba a punto de estallar, vi aquel mástil duro y mordí mis labios. ¡Ay! Gemía una y otra vez, estábamos haciéndonos uno en aquel piso de la cocina. La ropa estaba por cualquier lado, la tostada seguía tirada, todos durmiendo. Yo gemía y gemía, respiraba muy rápido. El me tapaba la boca con una mano y con la otra agarraba mi cintura. Nos movíamos a la misma vez. Era grande, me hacía humedecerme cada vez más. ¿Les he contado que así es como me gusta? Fuerte, duro, sin importar el lugar o la comodidad. Cuando hay ganas hay que caer en la tentación. Seguía penetrándome con energía, yo me agarraba mi cabeza y encorvaba mi espalda hacia atrás. Estaba por acabar, pero no quería acabar antes que él. Entramos en un juego maligno de ver “quien aguantaba más”.

Estábamos muy excitados, con rapidez cambiamos de posición y yo termine encima de él. Bailaba sobre su miembro, era una danza perfecta. Mis pechos rebotaban sobre sus ojos, mis pezones seguían muy duros. Era una cabalgada digna de San Rafael. Es lo que más me gusta y lo que más disfruto. Calypso sale a la luz, el sexo es como respirar y estaba pasando, estaba con él, encima de él, me movía con rapidez y fuerte, pero hacia pausas para hacerlo lento y que me disfrutara, quería que él me disfrutara.

Ahora si, dijo susurrando, apretando mis caderas. Acabamos casi a la misma vez, no teníamos voz, estábamos sudados y desnudos en aquel piso. Era el mejor fin de semana de mi vida, quisimos pararnos y teníamos las piernas adormecidas. Él se fue a bañar y yo seguí con mi desayuno.

“Éramos presas que merecimos consumirnos en la lentitud del disfrute, entre tu aroma y el café me fui perdiendo”

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