El sábado no pudimos vernos y el domingo íbamos a estar solos, teníamos un pequeño viaje planeado a la montaña.

Me levanté temprano ese domingo, aprovechábamos que a al otro día era feriado, preparé algunas cosas para el asado, el equipo de mate, agua y algunos efectos personales. Y en un bolso térmico cuatro botellas pequeñas de cerveza.

Me pasó a buscar por mi casa y lo vi tan irresistible como siempre, el día estaba nublado, la lluvia estaba pronosticada para más tarde, no nos importó y dimos arranque. Yo no sabía bien a qué parte de la montaña me iba a llevar, pero llevé la campera intuyendo que iba a pasar algo de frío.

Explorando por los caminos de Potrerillos, estaciona al medio de la ruta y me dice “llegamos”, se baja del auto y veo que se mete por un sendero de tierra y se pierde en la vegetación. A los segundos aparece, me mira y dice “vení a ver”, media extrañada me bajo, me pongo la campera porque el día está bastante nublado y frío, y salgo del auto. Bajo el sendero y me encuentro una vertiente escondida del río Blanco, y después un pequeño escondite, plano sin piedras y una piedra gigante a un costado, desde ahí no se ve la ruta ni el escondite, es el lugar perfecto.

Empezamos a bajar las cosas, la idea es comer antes de que empiece a llover, que, por cómo estaba el clima, no sucedería dentro de mucho tiempo. Y cuando armamos campamento y prende el fuego para el asado, se me acerca, como sabe hacer para calentarnos, y me empieza a besar y a tocar los pechos por arriba de la ropa. Los amasa como le gusta, nos besamos en la boca y le muerdo el labio, sé que eso lo excita. Noto una erección por arriba del pantalón, y como dándose cuenta me dice agitado “no traigo bóxer puesto”.

Nuestras calenturas fluyen juntas, pero no, hay que poner la carne, se tiene que cocinar bien. Dejamos el toqueteo para después, hay que ser un poco responsables. Saco una cerveza del bolso térmico y me siento a tomarla en una de las reposeras mientras que disfruto verlo hacer asado. Trato de pensar en otra cosa, pero como intuyendo en mi mente (tiene talento para eso) se me acerca, hace que me pare, me abre la campera, me levanta la musculosa y el corpiño deportivo y así de prepo, sin ningún indicio previo, se mete uno de mis pechos a la boca. Sabe cómo me pone eso, sabe que llegamos al punto de no retorno, mientras lo veo gozar con la boca llena de mi pecho, con una mano me meto por dentro de su pantalón corto. Lo siento, esta erecto, ya sabemos lo que tenemos que hacer, deja lo que está haciendo y me agarra la mano y me lleva atrás de la piedra enorme.

Me apoya, se baja el pantalón y me empuja contra él, yo instintivamente ya sé que hacer, me meto todo su miembro en la boca y empiezo a saborearlo. Me detengo, lo miro, los dos sabemos que esto no se queda ahí y me baja de un solo tirón la calza y la ropa interior. Quedo desnuda de la cintura para abajo, encuentro unas piedras más pequeñas que me sirven como escalón, donde me apoyo y lo siento, se mete dentro mío, me levanta la musculosa y el corpiño y yo lo agarro de la espalda y lo empujo contra mis pechos, los cuales empieza a chupar con intensidad, con ese placer doble que siento, el frío pasa a segundo plano.

Estamos como poseídos, presos de una calentura como no habíamos tenido antes, pero se detiene, me dice “el asado ya está listo, tenemos que comer”. Estamos más agitados que de costumbre, esto no puede acabar ahí.

Trato de poner mi mente en blanco mientras que almorzamos, yo tengo más hambre de él que del asado, y sé muy bien que siente lo mismo hacía mí. Charlamos de cosas nuestras, de planes a futuro, de cosas algunas triviales, y otras no tanto, me olvido por un momento que tenemos que continuar con lo que empezamos. Siento que empiezan a caer gotas de lluvia, de las finitas casi imperceptibles, pero lluvia al fin. Terminamos de comer y empezamos a armar campamento, cambiamos los planes de pasar el día entero en la montaña, para irnos al cine a la noche. Y me agacho para levantar algunas cosas y lo siento que viene por atrás y se me apoya, esta vez yo soy la que le agarra la mano y lo llevo atrás de la piedra donde rápido nos sacamos los pantalones, el saca mi corpiño y seguimos, esta vez con más intensidad.

Entremezclado con el placer, los besos, las mordidas, los gemidos y arañazos de los dos, siento la lluvia que cae sobre mi cara, pero no me importa, todo pasa a segundo plano, el mundo fuera de esa piedra no importa, esta vez somos uno, y al momento no viene uno, sino dos orgasmos con poco tiempo de diferencia. Los disfruto, los siento con intensidad, él se da cuenta, me hace sentir increíble.

Empieza a hacer más frío y la lluvia aumenta, paramos, él no puede acabar, está agotado, pero nos miramos cómplices mientras que nos subimos la ropa y empezamos a ordenar para volvernos a la ciudad, “esto no termina acá” me dice, los dos sabemos que habrá continuación.

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