Yo creo que a cualquier argentino le preguntás quién fue el más grande prócer de nuestro país y sin dudarlo te contesta “San Martín”. Y si le preguntás cuál fue la más grande, difícil y exitosa campaña militar de nuestro pueblo te contesta “el cruce de Los Andes”.

Pensar en lo que fue la visión de semejante campaña, el convencimiento de que era posible, la planificación, el temple, el esfuerzo, la genialidad de la estrategia, el sobreponerse a cada obstáculo, el liderazgo para mandar miles de hombres a cruzar una de las más inhóspitas cadenas montañosas munidos de armas, cañones y fusiles; y mantener ese espíritu en un ejército hecho más de voluntades que de profesionalismo; emociona, inflama el pecho, agradecidos de que el General haya nacido en este suelo.

Sin él, la Declaración de la Independencia de nuestro país de 1816 hubiera quedado en una anécdota. La independización del país hubiera sido mucho más larga y sangrienta y terrible, si es que hubiera ocurrido.

Sin embargo, el festejo por el Bicentenario del Cruce fue dejado a la Municipalidad de Las Heras, quienes con mucha buena onda y predisposición armaron una gran fiesta, subsidiados en parte por un programa nacional. Sin embargo, se nota el armado casero, la poca anticipación, difusión pobre, mucho movimiento barrial y poco profesionalismo. Y creo que eso está buenísimo, pero para una Vendimia, ¡no para El Bicentenario del Cruce de Los Andes, viejo!

Y no critico ni cargo las tintas a los lasherinos que hicieron y están haciendo todo el esfuerzo, se ve amor y se ve orgullo en lo que hacen. Pero sí me parece muy flojo que los gobiernos nacional y provincial se laven las manos, se ahorren dos mangos, e intenten que pase desapercibida su desidia. Yo imaginaba un fiestón de matices internacionales, mínimo el Frank Romero Day o el Malvinas, con homenajes a los grandes militares bajo el mando del General San Martín explicando qué hicieron y por qué fueron próceres, nombres que uno ve en las calles y se pregunta quiénes fueron (y fueron gente grosa, muy grosa, muy patriotas y con unos huevos de acero). Homenajes bien organizados, cortos pero contundentes, representaciones actorales. Después me imaginaba la presencia de los presidentes de todos los países sudamericanos rindiendo homenaje a San Martín y al pueblo argentino, con discursos sentidos, explicando cómo ayudó la gesta Sanmartiniana a la libertad de sus países, bailes típicos, grandes placas conmemorativas y ofrendas florales gigantes. Televisación en vivo, por supuesto, y grandes artistas, los mejores del país y alrededores cantando juntos canciones folklóricas por la libertad de los pueblos sudamericanos. Ciclo de cortometrajes sobre la gesta libertadora. Reality de un grupo de mendocinos intentando pasar a mula por donde pasó San Martín y su ejército. Amistosos Argentina-Chile-Perú de todos los deportes populares. Concurso artístico de obras pictóricas representando el Cruce, inauguración de un monumento gigante (tipo el del Cerro de la Gloria) en el Plumerillo.

Pero claro. Eso además de costar un fangote; encendería el espíritu de libertad, autodeterminación, de unión sudamericana. Reavivaría un poco el fuego en cada argentino de luchar por sus ideales, de no dejarse pisotear, de salir a combatir ante los imperios, aunque sea con ideas locas, con brazos inexpertos, con poca gente, con todo en contra. Si nos pusiéramos un poquito el uniforme del General San Martín y nos dejáramos llevar por su avasalladora fuerza revolucionaria, por esa férrea voluntad a prueba de montañas, a prueba de balas, a prueba de traiciones. A prueba de nuestra propia salud. Qué miedo tendrían algunos.

Compartí, no seas paco