Leer los “10 Micro Relatos de Terror (primera entrega)

#11

“Era de confianza. Siempre actuó de manera decente. ¿Pero viste cuando hay cosas que no te cierran? Algo en él nos despertaba a Rosa y mi, un temor inexplicable. Pero fue el primero en vivir en nuestro barrio y nadie tenía un reproche contra quien nos cambiaría nuestra vida para siempre. Un 17 de diciembre de 1958 llegamos a nuestra casa y Angélica (mi hermana menor quien se quedó a cargo de la casa) estaba sentada en la vereda, llorando mientras su mirada se centraba en la nada. Repetía sin cesar “No pude frenarlo, se lo llevó”. Miguel, nuestro Miguelito ya no estaba. Días más tarde, apareció una foto en nuestro buzón. Hoy se cumplen 58 años. Estes donde estés te amaremos por siempre Miguelito.”

Diego Ortiz, 78 años, San Martín, Mendoza.

#12

“La última estación la pasamos hace más de 70 kilómetros, esta oscureciendo y el próximo pueblo donde quizás podamos cargar combustible está a más de una hora. La reserva marca 4 litros… la luz del combustible titila furiosa. Una niebla está comenzando a surgir de entre los árboles, desde el pavimento, cubriendo todo con un velo lúgubre y tenebroso. No hay nadie en los extensos bosques que nos rodean, ni casas, ni negocios, ni luces… ni siquiera nos hemos atravesado con un vehículo yendo o viniendo.

Apagamos la radio, las luces y manejamos despacio para no aumentar el consumo… yo voy grabando todo lo que sucede porque tengo miedo… es por ello que mi voz se escucha entre cortada. Indefectiblemente el auto se detiene. Nos quedamos sin combustible en medio de la nada…

Cristian nota que algo se aproxima desde la oscuridad… yo fijo mi vista en el follaje pero no diviso nada, lo veo nervioso. Crístian… ¿qué ves? ¡Algo golpeó nuestro auto!… es… es un trozo de carne. De un animal… parece un muslo… está comenzando a correr más fuerte el viento, la niebla se hace más espesa. Tengo miedo… algo viene. Algo… veo, lo veo… ¡viene hacia nosotros!”

(Audio hallado en una grabadora dentro de un auto abandonado en medio de la ruta hacia Pata Mora, Malargüe)

#13

“El psiquiátrico estaba abandonado hacía años, un hedor fétido en sus pasillos quedaba impregnado en la piel y en la ropa de quién se animase a entrar. De día todo era silencio y soledad… de noche los gritos y lamentos eran insoportables.

Haber escondido tanto espanto entre sus muros sin dudas traería consecuencias sobre aquel edificio nefasto.”

#14

“Una vez por semana me acosa la misma pesadilla… estoy sola, es de noche, no tengo zapatos y estoy desabrigada. Hace frío, no veo bien, las ramas me lastiman los pies y las rodillas. Entonces a lo lejos siento que algo se acerca, algo viene hacia mí. Es la figura de un hombre, un hombre de negro… no le puedo ver el rostro, no distingo sus facciones, pero algo me dice que me quiere hacer daño, que quiere lastimarme.

Viene hacia mí… tiene algo en sus manos, entonces corro… corro desesperada… corro pero siento que está cada vez más cerca, se me viene encima… desesperación, asfixia, ahogo, algo se me anuda en la garganta… entonces caigo rendida.

Y despierto en la noche…”

#15

“Sólo las cámaras podían resistir su presencia… los últimos meses abríamos la puerta para dejarle alimento, no podíamos entrar siquiera a limpiar el cuarto. La posesión había llegado a niveles inimaginables… nadie se animaba a exorcizarlo.”

#16

“Al hacer silencio algo susurraba en el ambiente. Algo funesto. Un sonido familiar… eran voces. Voces que venían de todas partes. El bosque hablaba… y los lamentos helaban la sangre.”

#17

“Vienen por mi… vienen por la noche, desde las sombras. Los escucho susurrar desde la oscuridad, desde lejos… me vienen a buscar y quieren entrar en mi cabeza. Cada ráfaga de viento los acerca más. Ellos me dicen que me haga daño, que haga mal, que lastime a mis padres… ellos quieren que los hiera. Se que así me van a dejar en paz… lo se.

Y voy a hacerles caso…”

#18

“La estaba pasando económica y anímicamente muy mal. Había perdido el trabajo y la única opción que me quedaba era volver a Punta del Agua, mi pueblo natal. Mi alquiler se venció, no lo podía renovar y no tenía un peso ahorrado. Entonces apareció este tipo, dueño de una casa en Bermejo.

Jamas me hizo falta escuchar los rumores que se decían para saber qué algo pasaba. Él mismo me lo había advertido “mi abuelo hizo algo muy malo… y eso malo quedó en la casa, lo mató a él, consumió a mi abuela y se apropió de la casa. Pero si no tenés donde ir y te animas, te podés quedar el tiempo que quieras. Como paga, hace que no se siga deteriorando”. Era mi oportunidad, mi salvación… algo inaudito.

Duré tres días… al cuarto no quise volver a entrar más, ni siquiera a buscar mis pertenencias.”

#19

“Aquella tarde gélida arribaron los tres barcos negros. Una neblina los envolvía como un manto lúgubre y tenebroso. Al llegar a la costa un hedor putrefacto manaba de sus cubiertas… todos en la costa quedamos tiesos ante la llegada. Pero el terror acudió a nosotros cuando descubrimos que nadie venía en los barcos… estaban vacíos. Vacíos de cuerpos físicos.”

Nota hallada como último documento en la costa de San Miguel… pueblo abandonado del sur. Nadie jamás supo que sucedió con su población. Ni con aquellos tres barcos negros.”

#20

“Se veía tan lindo… tan tierno. Inocente. Conejito hermoso, blanco puro, mirándome con esos ojos rojos desde un arbusto. Me llamaba a acariciarlo, me llamaba a sostenerlo entre mis brazos, me llamaba a apretarlo contra mi pecho. Me miraba…

No había nadie alrededor, estaba fijo en mí, nadie lo podía asustar. Me acerqué lentamente hacia él, con mis dedos tímidos rocé su nariz. Entonces creció de pronto, se hizo enorme… gigante, el doble de mi tamaño, monstruoso.

Entonces comenzó a golpearme, a morderme, a lastimarme… estampó algo contra mi cabeza, ahí me desmayé… y comenzaron las torturas que aún hoy no cicatrizan mi cuerpo.”

Todos estos relatos y mucho material más lo podes encontrar en la fan page “Mendoza Tiembla”:

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