A todos en algún momento de nuestras vidas nos ha tocado la dicha (o desdicha, depende cómo lo mires) de transitar alguna parte de nuestra vida solos. Pero no hablo de algo que tenga que ver con una contención familiar, sino apelo más a lo sentimental.

Me ha pasado en varios momentos sentir ese vacío que solo te genera la soledad, pero no esa linda que se disfruta, sino aquella que se padece y se sufre a diario. Y no es necesario no estar con nadie para sentirse solo, yo he estado con alguna persona que me lo hizo sentir por mucho tiempo. Pero el cuerpo, el corazón y la mente se comportan de manera individualista cuando se trata de razonar y vamos por la vida conformándonos con migajas, como si fuésemos pájaros. Una verdadera idiotez.

Y otras veces, cuando no tenemos la suerte de encontrar alguien a nuestra altura nos dedicamos a estar solos. Suponemos que de esta manera sufriríamos menos. ¡Grave error!

Porque no es lo mismo estar solo que sentirse solo, yo por ejemplo disfruto mucho de mis momentos a solas. Y no porque lo utilice en algo productivo, ahora estoy sola y estoy escribiendo esto. Hablo del fatídico momento en que nos sentimos solos aunque hayan muchas personas a nuestro alrededor. Cuando tenemos ganas de ser “las ganas” de otra persona, que nos enderece un poco. Porque no estamos rotos, sólo algo torcidos.

Compartí, no seas paco