Leer el capítulo 1

Marcos se levantó velozmente de su lugar y salió del despacho como un animal en celo.

– Gladys. ¿¡Qué pasó con Sol?!

– Dr. Aún no llega, pero seguramente…

– Hay Dios, ¿qué le pasa a esta mujer?

Marcos regreso raudamente hacia su despacho, tomó su móvil del saco y salió tras su presa.

– Gladys me voy a lo de Ramírez, ¡ubicame a ésta chica y decile que me llamé!!

– ¡Sí Dr. Como no..! Dr. Tengo lo que me pidió.

– Te llamo más tarde y me decís lo que arreglaste…

– Como no Dr… Ah, su ex mujer dejó un mensaje.

– Bueno dale… ¡Ah! Y mandale unas flores, las más lindas que encuentres a la secretaria de Ramírez.

– Perdón Dr. ¿del Contador Ramírez?

– Sí, se llama Lucia.

– Muy bien Dr. ¿Con una tarjeta suya o del estudio? – Replicó ella pícaramente.

– ¡Mía Gladys! Obviamente.

Al salir Gladys volvió su rostro a las otras secretarias que seguían atentas la charla, y esbozó un insulto en particular, el mismo que suele replicar cada vez que Marcos sale de la oficina.

– ¡¡Es un HDP cuando actúa así..!! Solo recibió como respuesta inicialmente innumerables suspiros.

– ¡Sí! ¡pero es tan lindo cuando actúa así..!

Después de tres llamados fallidos, es cuando Marcos pudo dar con el móvil del Contador, a quien en su mente llamaba.. “La presa”.

– ¿Ramírez..?

– Sí, ¿quién es?

– Dr. Marcos De Petri Aristizabal.

– Dr. ¿Cómo está? – Ramírez trató de disimular la duda y el enojo frente a sus jefes, suavizando el tono de la conversación.

-Escuchame Ramírez no sé que bicho te picó, pero eso de que suspendas la reunión no es conveniente, es más, ahora que están los dueños podemos matar dos pájaros de un tiro, voy para el hotel con el informe y lo charlamos.

Ramírez en un acto de simulación sin precedente, intento esquivar los dardos disparados por Marcos, no sin ser invadido por la bronca.

– Dr. Agradezco su invitación, pero en éste momento no puedo atenderlo, estoy entrando a una reunión, en otra ocasión encantado.

– Ramírez estoy entrando al hotel por Rivadavia, hacela corta o me venís a recibir o me mando solo para hablar con los dueños y el papelón va a ser peor.

– ¡¿Por Rivadavia?! Villa Verde no tiene entrada por Rivadavia, cuestionó el Contador con ingenuidad.

– ¡Tenes razón! – Contestó Marcos – …nos vemos en 10 minutos en el Villa Verde. – Y colgó.

Ramírez en tono fucsia, no podía disimular el asombro a ésta altura, por la información que había obtenido De Petri y por lo ingenuo que había sido al dar su ubicación real.

Marcos dio el cambio de ubicación de la reunión a Sol, y siguió su viaje para la reunión, en su cruce con su secretaria preferida, le había confiado que se reuniría con Virginia tal cual se lo había solicitado, y que al salir de la reunión la llamaría; La noto un tanto extraña, y decidió darle el resto del día libre, para que se relajara un poco.

A Marcos lo volvía loco, no solo por el hecho de que fuera sumamente eficiente, elegante pero sencilla, sino también porque no daba lugar a que la invitara a salir, siempre huía de todas sus tácticas de seducción (como no pudo hacerlo la pobre Lucia…)

Ya en el Villa Verde el Contador salió a recibir a Marcos, tal cual le había solicitado este, con temor de lo que pudiera tramar. Lo saludó con recelo y lo invitó al salón principal del hotel, donde los dueños de la firma charlaban animadamente y se preparaban para una reunión, inesperada para ellos.

Una vez reunidos todos, Marcos explicó los beneficios de asociar su firma a la representación del estudio De Petri Aristizabal – Machada- Rodríguez & Asociados, incluso elogió la destacada labor del Contador Ramírez en el cuidado de los intereses de la firma, más aun teniendo en cuenta la crisis actual del país, y el gobierno de turno; Obviamente en su relato no pudo evitar mencionar a la brillante y eficaz Lucia.

Así fue transcurriendo el encuentro sin mayores altercados, pudiendo Marcos evitar inclusive el tropiezo de su asistente estrella que le había llevado para la reunión los informes de las auditorías para el viaje, en lugar de la presentación que él utilizaría, aun así logró obtener la confianza de los dueños de la firma, quienes se comprometieron a concluir la alianza finalmente plasmando el convenio sugerido, en papel ni bien regresaran todos los socios del estudio. Incluso Ramírez después de tantos elogios que recibió, había quedado satisfecho con el resultado de la reunión.

Al salir, Marcos intento comunicarse con Sol, sin éxito y decidió llamar a Gladys para que ella le indicase el lugar donde debía reunirse con Virginia. Ella lo había citado en un café de barrio, en las afueras de la “City”, Marcos sonrió con picardía al saber la dirección y emprendió el viaje, revisó su móvil, observó que tenía llamadas de su ex mujer, y también un mensaje de ésta que decía:

“¡Marcos te llamé para recordarte lo del cumple de Tomy! Sé que te gusta armar las cosas con tiempo, en la noche hablamos…besitos.”

Marcos quedó colgado en un recuerdo sin sentido por el mensaje que recibió, y condujo sin cesar hasta su próxima reunión. Al recorrer las calles, cayó en la cuenta de que era el barrio de su infancia y se detuvo unos instantes en el frente de la que fue su casa paterna, descendió del coche con curiosidad y algo asombrado al notar que estaba prácticamente todo tal cual lo recordaba, el barrio, la casa, las veredas, los árboles ; Su vuelo entre pasado y presente se vio interrumpido por un mensaje de Virginia que le ratificaba el lugar de la reunión, subió al coche e intento seguir su marcha, sin éxito, de alguna extraña manera éste había dejado de funcionar, sin más… muerto, ni un simple ruido hacía.

Bajó del coche ofuscado e intento entender lo que sucedía abriendo el capot del coche, sin éxito alguno intento ubicar a Gladys, quien por la hora ya se había retirado del estudio. Llamó a su auxilio mecánico y se sentó a esperar…los minutos pasaron, hasta transformarse en horas, largas horas para Marcos y su costumbre de no parar ni un segundo, nunca.

Ya había abandonado el saco, y su corbata favorita, se había desprendido un par de botones de la camisa blanca; Contó los escalones, rejas, barrotes, nubes y hasta las fisuras del asfalto de la calle, y también se entretuvo observando el andar pesado de una anciana que salía de compras junto a su nietito.

¡¡Ring. Ring..!!

– ¿Sr. De Petri?

– Sí, Dr. De Petri, ¿quién habla?

– Sr. Lo llamo del auxilio mecánico, me comunico para informarle que el servicio tiene una demora de hora y media más, aproximadamente Sr…

Marcos estalló de ira y se levantó de su aposento para propinar cuanta crítica se le ocurriera al servicio solicitado, perdió la noción del tiempo entre las excusas de su interlocutor y sus deseos de seguir adelante con su agenda del día.

En medio de la acalorada discusión pudo observar como la anciana regresaba de hacer sus compras, y se había detenido para apreciar la desafortunada escena junto a su pequeño nieto; Y en un determinado momento esta extraña mujer comenzó a sonreírle con tal dulzura, que conmovió el semblante del Dr. De Petri, incluso pudo observar como el niño también ponía su atención en él mientras se dibujaba en ese angelical rostro tan pequeño, una sonrisa similar a la de su abuela.

Casi en un acto inconsciente Marcos cortó la comunicación sin más, y cruzó la vereda, en busca de la anciana.

– Sra. Buen día, ¿me permite le ayude con sus bolsas?

– Son seres… Replicó el Niño.

– Son enceres Marquitos. Corrigió la abuela.

– Te llamas Marcos, ¡igual que yo! – Replicó el Dr. Sonriente mientras tomaba en sus manos los “seres” de la abuela.

– Sip – contesto el niño.

– Usted es Marcos, el hijo de Vicente, ¿verdad?

-Sí, ¿cómo sabe?

– Porque te conozco desde que eras un culillo así de chiquito respondió ella, mientras señalaba a su nieto, que aprovechó la ocasión para sonreírle fuertemente a ambos.

– Sí, soy yo, ¿cómo me reconoció?

– Y. Los años solo pasan para los viejos nene, vení pasa un ratito a casa y contame qué te pasó.

Ese fue el principio del fin para el Dr. Marcos Ángel De Petri Aristizabal…al menos como se lo conocía.

Continuará…

Escrito por Mauricio Gregurak para la sección:

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