Marcos charló con la anciana de manera asidua y atenta, como nunca lo había hecho con nadie, compartió vivencias del pasado de ambos, anécdotas del barrio, de sus padres. Y así la hora y media transcurrió sin que él se diera cuenta, el auto fue remolcado directamente a su taller de confianza y Marcos decidió tomar un taxi, que muy amablemente la anciana pidió desde su casa.

Llegando a su departamento recordó la truncada reunión con Virginia, le escribió un breve pero creíble texto y se fue a bañar. Como su traje preferido había sufrido un ajetreo infernal, decidió no llevarlo, colocó un traje adicional en la valija y la dejó en la portería para que pudieran llevarla en la mañana hasta el aeropuerto, tenía previsto no regresar dado que tras la cena con Lourdes pensaba llevarla al lugar que consideraba su “santuario amatorio” ya que luego de terminar su matrimonio decidió hacer de su casa un bunker personal y no iba allí con mujeres bajo ninguna circunstancia, ni siquiera su mamá conocía el lugar; En vez de ello tenía alquilada una pequeña habitación en el centro, en la que contaba con todo lo necesario para sus encuentros.

Es así que se vistió con una camisa, pantalón informal y salió en busca de su bella presa.

En la cena, rieron y compartieron anécdotas varias, sin embargo, Marcos estaba perdido en sus pensamientos, había sido un día con victorias y derrotas, pero algo no llenaba sus expectativas. Todo transcurrió tal cual lo había planeado, luego de la cena un coctel, y los artilugios de Marcos no se hicieron esperar, se excusó de no tener auto y la lluvia ayudó a que Lourdes ofreciera acercarlo hasta su “departamento”; Una vez allí, Marcos desplegó las alas de su arte y no dudo en convencer a su acompañante para que descendiera del coche y apasionadamente se besaron, entraron al departamento y al cabo de una hora el clima se había enrarecido, Marcos notaba que no todo iba bien, el ambiente era propicio pero los amantes no eran los adecuados, algunos errores torpes en el manejo de ambos, los llevó a postergar el esperado evento y que todo terminara en una ducha refrescante para ambos; para que luego Lourdes volviera sola a su casa, con la promesa de que debían volver a verse y Marcos por su parte, wiski de por medio, le restaba importancia a esa misma promesa.

Sin darse cuenta se quedó dormido y olvidó activar las alarmas, al despertar casi 20 minutos antes de la salida de su vuelo, se duchó rápidamente, con agua bien helada para alertar los sentidos, y se vistió con la única muda de ropa que tenía a mano.

Salió, móvil en mano, rápidamente en busca de un taxi, afortunadamente el segundo hábitat de Marcos se encuentra cerca del aeropuerto y pudo llegar a tiempo, estando abordo pudo chequear los mails del día y su cara se vio desfigurada cuando llegó a un texto de Gladys en el que le explicaba que su portero había enviado tardíamente al estudio su valija y por esto ella no había podido embarcarla en el viaje, en ese instante corrió por las venas de Marcos un nivel tan elevado de ira que no le permitía estar sentado, caminaba por el pasillo del avión escribiendo una respuesta, en la medida que sus dedos se lo permitían.

– Sr. Debe tomar asiento, estamos por arribar. Le unció un miembro de la tripulación.

Al descender del avión entendió que sólo podía hacer una cosa, anunciar a las agencias que su viaje se había postergado un día, y así pedirle a Gladys que despachase con urgencia su valija.

Así fue que Marcos deambuló por toda la ciudad sin rumbo preciso, desayunó y recorrió los Shoppings de la zona, comió comida rápida en un pequeño garito que era atendido por una chica, de unos 26 años aproximadamente, de estatura media, con un cuerpo realmente deslumbrante, se notaba que se cuidaba mucho o era muy afín a la actividad física, tenía el pelo oscuro, dos hermosos faroles como ojos y una sonrisa compradora, Lupe era su nombre y se movía entre las mesas del lugar, con una destreza totalmente seductora; Marcos había caído en tal estupor que no se le había ocurrido excusa alguna para hablarle, solo pudo atinar a pedir la cuenta.

– ¿Cómo te va? ¿Me podes cobrar?

– Acá tiene Sr. dijo, mientras sacaba uno de los tickets que llevaba atrapado entre su pequeña cintura y los jeans.

Marcos quedó paralizado ante el breve espectáculo que le proporcionaba el movimiento sutil de su cadera y solo pudo intercambiar efectivo por comprobante, no emitió sonido alguno, pero tampoco pudo dejar de abrir la boca; Cuando Lupe giró sobre sí para regresar a sus labores, y dejo expuesta su bellísima espalada, él atinó a balbucear..

– Disculpa, ¿qué hace la gente de la ciudad por la noche? ¿Dónde puedo encontrar algo de diversión?

Lupe solo giró moviendo los hombros y le señaló la plaza principal.

– Estamos en Carnaval, hoy hay murga en la plaza. ¡Vení está bueno! Y le guiñó un ojo mientras salía del lugar.

A esa altura Marcos estaba exhausto y aburrido, lo mejor del día para él, había sido la sonrisa que le había regalado Lupe. Decidió ir al hotel, tomó el móvil para chequera la dirección del lugar reservado por Gladys y observó que éste estaba apagado, y en un instante un flash lo trajo de vuelta a la realidad, no había cargado el móvil el día anterior y su cargador se encontraba dentro de la valija, por ende no podría saber dónde tenía hecha la reserva, solo había viajado con efectivo, lo demás lo había despachado con su maleta, al darse cuenta y en un ataque irracional de ira, hizo volar su móvil por el costado de la rambla por la que transitaba haciendo que cayera al río que rodeaba la ciudad, todo el espectáculo fue observado por dos ancianos que jugaban ajedrez, los que aplaudieron ruidosamente lo hecho por Marcos.

Continuará…

Escrito por Mauricio Gregurak para la sección:

Compartí, no seas paco