Hemos decidido continuar nuestra expedición por la selva urbana, para conocer en detalle la fauna autóctona y su hábitat, sus costumbres, hábitos reproductivos y finalmente convertir al Mendo en un tipo de Discovery Channel de personajes típicos.

Esta vez nos vamos a concentrar en un felino que, lejos de estar en vías de extinción se reproduce asiduamente y es fácil de encontrar, sobre todo si perteneces al género masculino y tenés ganas de mojar el bizcochito.

Sus hábitos de apareamiento sin fines reproductivos se caracterizan por ser voraces, muchas han sufrido una intensa trasformación luego de un divorcio, otras siempre fueron un gato, nada más que ahora bajaron de categoría y buscan presas más fáciles. Las mismas son algún viejo choto de su edad, preferentemente con dinero que pueda costear los gustos de calidad que aparentan tener o se van al otro extremo y buscan pendejos con la vitalidad suficiente para aguantar su voracidad sexual, ( les absorben la energía y los pibes quedan como los extraterrestres en los huevitos de “Cocoon”).

Fuentes que no podemos revelar las confirman como grandes “iniciadoras”. Su vasta experiencia, (tienen más sacudidas de termómetro de hospital), y falta de inhibición (a esa altura de sus vidas les importa todo 3 paquetes de pitusas), las convierte en un recuerdo imborrable en la memoria y pichula de cualquier hombre en su despertar sexual.

Se las puede identificar fácilmente, tanto de día como de noche, por sus cuerpos bien cuidados con andar felino. Socia vitalicia del gimnasio y de todo recurso estético para conservar la juventud perdida. La que tiene presupuesto recurre al quirófano, la que no, niega el paso de los años como puede ya sea con una exfoliación casera de crema y azúcar o comprando las cremas  milagrosas tipo “ Golden Super Anti-Age restauración y eliminación de líneas de expresión ( patas de gallo)”. E n ambos casos la dignidad se va perdiendo con la imposibilidad física de frenar los efectos de la gravedad, o sea se les cae y arruga todo como a cualquier mortal.

Son poseedoras de un meneo gatuno de caderas enfundado en ropa muy ajustada, escotada o dos talles más chica, a veces de calidad ,otras se pasan de berretas, pero siempre siempre toda mal combinada. Presas de los gustos de su generación, mezclan prendas que se usaban hace tres décadas con las últimas tendencias de las pendejas de quince años, dando como resultado un llamativo, exuberante y provocativo mamarracho que se pasea con unos increíbles tacos de 15 centímetros de vedetonga de los 90′. Entre los géneros podemos destacar mucho brillo, cuero y Lycra. Y aunque no lo muestren, sabemos que debajo de todo (o casi nada) ese atuendo, aún siguen usando las tangas y vedettinas estilo americano, es decir, se suben el elástico del calzón por encima de los huesitos de la cadera.

Lamentablemente no es lo única costumbre que les quedó de su anhelada y perdida juventud, porque las previamente mencionadas arrugas son consecuencia de pasar horas y horas al sol, arrancando en agosto y terminando en mayo para quedar con un color no dorado sino negro carbón quemado, que mantienen en invierno con cama solar y betacaroteno. Tal vez las encuentren entre sus vecinas o recuerdos ya que son de esas que se suben al techo en bolas con aceite de cocina y deleitan a los adolescentes mirones, por no decir pajeros.

Es que esa obra de arte del mal gusto se completa, no con pinceladas, sino con brochazos de maquillaje, bien marcado y oscuro que termina llamando la atención por las razones equivocadas, en vez de rejuvenecerlas se les mete en las arrugas sin piedad. Los labios bien marcados, con un rojo fuego que más que pasión podría ser tomado como señal de alerta, precaución. Sus ojos destacados con sombras chillonas, se enmarcan bajo unas cejas delineadas con lápiz en la más absoluta perfección. Todo muy Beatriz Salomón.

Su pelo se va aclarando con los años hasta llegar a un rubio susanogimenezco, siempre arreglado como si recién saliera de la peluquería tiene un paso de factura importante por tanto maltrato, se ve un tanto quemado pero intentan disimular el chamuscado con un brushing de la puta madre y un toque final de fijador “Roby”. Ni se te ocurra prender un fósforo cerca, sería como poner un malvavisco al fuego, el spray es altamente inflamable.

Por otro lado tenemos a las que su cabello no aguantó tanta agua oxigenada y tuvieron que terminar cortándolo, pero recurrieron a las bien amadas “extensiones”. Las más pudientes se ponen unas cortinas divinas, que no adivinarías que son postizas. Las mishifuz con menos poder adquisitivo, se colocan unas pocas mechas y terminan por un lograr un look al estilo de la cubata del Chipi Barijho, pero blondie.

En la noche se desata su instinto depredador, como para pasar desapercibidas generalmente usan animal print o algún color chillón, como para ser un poquito más gráficas, les damos un ejemplo clarísimo: estéticamente están muy cerca de ser algo parecido a “La Tigresa del Oriente” .  Si no las ven cierren los ojos y agudicen sus otros sentidos, podrán advertir su proximidad por un aroma a perfume, no importa si es importado o barato, siempre es muy pesado, empalagoso y mezclado con cigarro. Si quieren tomar el camino fácil las pueden avistar en el medio de la pista bailando como si se fueran a descaderar (admiramos profundamente la valentía de hacer twercking a pesar del reuma), más aún si es tarde y no han logrado levantar.

No están muy familiarizadas con la tecnología, uno de los pocos implementos tecnológicos o app que están aprendiendo a usar es el Photoshop para subir fotos a Facebook, en el mismo, además de sus selfies retocadas,podremos notar miles de fotos de salidas con amigas,  cenas, viajes, pero lo que jamás van a encontrar en su perfil es la foto de algún espécimen masculino que no sea de su ámbito familiar, ya que han descubierto a las redes sociales como un nuevo ámbito para cazar, y estarán seniles, pero no son boludas. Es todo un espectáculo verlas en Tinder.

Para ir cerrando, y como hicimos en la entrega pasada, no queremos dejar de mencionar que todo esto es resultado de algún estudio sociológico. En este caso, es la combinación de un estudio de la Universidad de Tacuarembó sobre las MILFS y el impacto sobre la economía mundial,  con la bibliografía de:

  • “Cuidados estéticos naturales a base de tratamientos alternativos que no tengo idea de cómo hacerlos” Dra Rímolo
  • “Mi Lucha” de Silvia Süller

Y el documental “El enaltecimiento de la figura femenina y la importancia de valorar la dignidad de la mujer mostrando el culo” de los directores Jorge Porcel y Marcelo Tinelli.

Por último, y no menos importante, si quieren vivir la increíble experiencia del avistaje del “felinus ridiculum tocabultus” garpen una entrada en Gutierrez, y no se van a arrepentir.

 

Queridos, queridas será hasta la próxima entrega (se viene un espécimen muy esperado)

¡Nos estamos leyendo!

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