Era otoño en Mendoza cuando debelé el misterio: ¿Cómo saber cuándo estás enamorado?

La actitud de la morocha, ignorada por mi saciado estado post eyaculatorio, era de insatisfacción y disimulando entre risas reclamó, -“al final, vos mucha bla bla blá, y resultaste ser un virgen”-. Después de una semana sin abrirle la puerta y de buscar raciones de orgullo, comprendí que si lograba, y sobre todo si necesitaba superar aquel suceso para continuar junto a ella, entonces podía jactarme de estar enamorado. Son las posturas en los momentos de inflexión, los que definen un estado.

Es por eso que procedo a enunciar los 3 principales hechos que denotan tu cooperación con el sistema actual, bancador de punteros barriales, políticos corruptos y empresarios del mundo futbolístico, tanto como aquella declaración denunciadora de mi escasa virilidad. Y todo comparado con mi nivel de virginidad…

1- Virgen nivel “publicación de Facebook”: Ser hincha de la hinchada más que del equipo.

Identidad, según la RAE: “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.”

En ninguna parte habla de aplaudir y endiosar delincuentes. Si tu equipo da lástima, no gana un solo partido y juega solo para no descender, bancatelá, llorá, sufrí, lo que quieras, pero no ocupes ese vacío de alegría complementando tu identidad con actos barbáricos denominados “de aguante”. Te decís antiexitista, compartís en Facebook las fotos de la barra explotando en bengalas y jolgorio a pesar de la derrota. Pero seguir a tu equipo no tiene por qué ser un estado de carnaval, si tu vieja está velando a tu abuelo, la acompañas en silencio. No confundas aguante con estar presente, no justifiques la presencia de una barra.

2- Virgen nivel “mendocino campechano”: El negocio de los turistas y las peñas.

Te toco nacer a finales de siglo XX, en la decadencia total del fútbol local, y por supuesto el profesionalismo porteño, captó tu atención. Como Conep, decís “amar” a un equipo de la metrópoli Argentina y cualquier excusa de visita del plantel profesional de Boca, es oportunidad para acercarte al fuego de la pasión. Dejás pasar la vida mientras te aferrás a la ilusión de un saludo en el ingreso del hall de aquel hotel que hospeda a la indiferencia de aquellas estrellas. Todo bien con tus sentimientos no correspondidos, pero he aquí el pecado. Comprás la entrada para la peña que organiza la filial mendocina del mafioso club que promete la asistencia de algunos de los referentes del equipo a la misma, para que puedas verlos y quién sabe, llevarte una foto o un autógrafo. O si sos más fanático, viajas a Bs As para presenciar el superclásico, contratando el “adrenalina tour” en el cual abonas valores invalorables con tal de estar en el estadio. Te comento colega provinciano, Boca tiene más socios que butacas, si entraste al estadio fue gracias a las posibilidades que tienen y otorgan los barrabravas y aquella cena show de la peña en Mendoza, sí, tu dinero está en los bolsillos de los futuros soldados del narcotráfico. Aplica a compra de reventa de entradas, merchandising trucho. Está todo manejado por la barra.

3- Virgen nivel, “argentino apasionado”: Seguir yendo a la cancha.

Si pensás que no podés vivir sin asistir al templo a pesar de que el estado no te provea seguridad, de que la barra te exija pagarle a sus trapisoldaditos en el estacionamiento, del nivel de violencia e intolerancia que muestran tus pares ante la casual derrota del equipo, entonces yo creo que es momento de reconocer el bajo nivel de exigencia que los argentinos tenemos como consumidores. La reacción de nuestros gobernantes depende de nuestra exigencia. Algunos mercaderes de la violencia están bancando la parada en el parabalancha y otros sentados cómodos, en los escritorios.

Tomando distancia de esta matriz básica de la mafia mundial, podemos gestionar nuestra pasión tranquilos y en estado de inocencia, embanderados como futboleros natos y merecedores del título de hinchas genuinos del deporte más lindo del mundo.

Tanto como yo, en Mayo de aquel Otoño, con mi limitada virilidad en mano, pero con la certeza de estar enamorado.

Escrito por Marcelo Bielsa para la sección:

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