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Tinder, nuevamente Tinder. Ya había adoptado esta aplicación como una manera simple de ir al supermercado. Entrar, mirar los productos, elegir, comprar y degustar. Luciano de 35 años fue uno de ellos.

No, esta historia no tiene nada que ver con Vicky Xipolitakis.

En el mismo instante en el que nuestras fotos se cruzaron comenzó a hablarme. Tenía dos fotos suyas y el resto de paisajes. Se notaba que eran sacados desde la vista de un avión en altura. En las dos restantes se lo podía ver con ojos azules y una muy linda sonrisa, piel blanca y pelo semi largo que le llegaba hasta la nuca ¡un bombón!

Tinder funciona con kilómetros a la redonda, entonces si esa persona está cerca de uno los perfiles, coinciden. El me comentó que estaba en Mendoza por unas horas porque era piloto. Piloto… ¿Cuántas veces en la vida coincidimos con un piloto? No lo dudé, yo misma le pedí el número y comenzamos a hablar por Whatsapp. Me contó que era piloto de Aerolíneas Argentinas y que esa misma tarde tenía que volver a Buenos Aires. Sabía que en algún momento le tocaría un vuelo nacional a Mendoza, opté por mandarle algunas fotos y relatar fantasías para que no se olvidara de mí.

Llegó el mes de agosto, estaba sentada en el recreo de la facultad y me llegó un mensaje de él, Luciano. Se había acordado de mí. Me dijo que estaba parando en el Hotel Sheraton con sus compañeros, tenía solo cinco horas de distracción. No lo pensé dos veces, agarré mi cartera y me dirigí al lugar. Teníamos que hacerla callada, entré y fui directo a los ascensores. Sí o sí para subir a las habitaciones necesitas una tarjeta, él me estaba esperando en la puerta. Ingresó dicha tarjeta y marcó el noveno piso. No sé si han tenido la posibilidad de ir a este hotel, pero es hermoso, el baño de mármol, la cama tamaño King y la vista… ¡Que vista! Era de noche, Mendoza desde el noveno piso se veía espectacular, parecía todo de película. Realmente estaba encantada.

Luciano me pidió si le podía hacer unos mimos porque estaba cansado. Me saqué la campera de jean, desprendí mis zapatillas y me recosté junto a él. Le hacía leves cariños en sus brazos, jugaba con su pelo. Mis manos se deslizaban por sus cabellos castaños largos. El cerró sus ojos y sus pestañas rubias adornaban perfectamente su cara de relajación. Parecía un gato ronroneando. Metí mi mano adentro de su remera celeste y tocaba su cuerpo. Tenía unos pocos vellos en el pecho, yo lo acariciaba. Cada tanto bajaba hasta su ombligo y le provocaba un hormigueo. No quería que se durmiera. Las cosquillas parecieron haberlo despertado de ese trance, tomó mi mano y la llevó hasta su miembro. Con un control remoto disminuyó la intensidad de la luz, quedamos casi a oscuras. Me pidió acariciarlo abajo mientras se sacaba sus mocasines. Sentía como es miembro se ponía erecto con el correr de los segundos.

Él me tomó de la cabeza y empezó a besarme. Mucho, mucha lengua. No sé si será considerado un fetiche o simplemente a él le gustaba, pero me babeaba. Me escupía mientras me besaba y con su boca tiraba saliva de más en mi cara. Me agarró de los pelos y me apretó fuerte. Tiró la cabeza para atrás y siguió babeándome el cuello. No lo cuestioné, solo me dejé llevar. Si a él lo hacía feliz, a mí tambié. Me pidió hacer lo mismo.

Se sacó la ropa y quedó desnudo ante mis ojos. Yo aún seguía vestida, acostada junto a él, me acercó a su cuerpo y me pidió mojarlo. Con todo lo que mi boca podría lograr. Yo cumplí. Al cabo de unos minutos estaba completamente babeado. Me saqué la camisa, desprendí el corpiño y pasé mis pechos por su abdomen. Lo refregaba, era como una danza urbana lo que hacía con mi cuerpo en el suyo. Luciano estaba excitado.

Su mástil estaba en su punto máximo, levemente me hice hacia atrás y lo ingresé a mi boca. Ya había entendido su juego, opté por escupirle la cabeza y llenarlo excesivamente de baba.

-Mmm si, así, mucha saliva –me susurraba.

Le separé las piernas para poder tener acceso completo a él. Cada tanto levantaba mi mirada para verlo, se agarraba la cabeza con ambas manos, se inclinaba hacia atrás. Estaba disfrutando. Yo lo hacía volar, los roles se habían invertido. Estaba a merced de mi vuelo. Mientras más baba salía de mi boca más le gustaba. Pasaba mi lengua de arriba abajo. Succionaba y tragaba con fuerza, quería que me escuchara. Así estuve un largo rato, y cuando sentí que su pene se movía a punto de estallar, agarré sus testículos los tiré levemente hacia abajo pero con fuerza y su néctar dibujó completamente mi cara creando un arte blanco perfecto. Se estiró gritando de placer y un suspiro de aire demostró su satisfacción.

Pero yo quería más… no había dejado de cursar solo por darle sexo oral. Quería satisfacerlo aún más. Aumenté la intensidad de las luces casi al máximo. La habitación estaba iluminada. Me paré a un costado de la cama y me puse de espaldas. Mis rulos llegaban hasta la mitad de ella. Me desprendí el cinturón y desabroché el jean. Me lo bajé muy delicadamente, casi al ritmo de una bailarina. Agaché mi espalda sacando la cola hacia sus ojos y me retiré el pantalón. Mi bombacha era calada, dejaba ver mi parte trasera, era blanca con encaje en los bordes y florcitas muy pequeñas. Dignas de alguien de 19 años que demuestra inocencia, o morbo… Me di vuelta y me acerqué a él, tomé sus manos e hice que él mismo me dejara desnuda. Me tiró a la cama y se subió encima mío.

– Sos diabólica ¿sabías? – me dijo a dos centímetros de mi boca.

-¿Ah sí? ¿Por qué? –  respondí mientras lo mordía.

-Porque de ahora en más ya tengo motivos para tomar vuelos nacionales a Mendoza, una nena me espera y en realidad sos el diablo en persona, pendeja. Yo no te suelto más.

Me agarró de los hombros y me apretó con sus manos fuertemente haciendo presión. Me tenía cautiva.

Volvió a llenarme de baba el cuello, con su lengua la extendió hasta mis pechos y los mordía con mucha fuerza. Con sus dos manos me agarró las tetas y escupió cada uno de los pezones. Jugó un rato con ellos. Me entró un cosquilleo en los pies, los frotaba contra las sábanas. Las palmas de mis manos estaban sudando.

Se apartó hacia atrás y abrió mis piernas, escupió de vuelta pero esta vez en mi vulva, agarró mis dos manos y las ubicó sobre mi boca, quitándome la posibilidad de hablar. Entonces… me cogió.

Se sumergió por completo en mi sexo, estaba caliente. Al no usar preservativo se sentía el contraste perfecto entre mi entrepierna con la temperatura elevada y su miembro erecto. Qué sensación tan linda, mis jugos vaginales lo humedecían cada vez más a él. Estábamos volando en éxtasis. Soltó mis manos y me hizo llevarlas hasta sus caderas, yo lo rasguñé. Lo lastimé. Éramos animales en el piso nueve. Estábamos alzados.

El siguió, entrando y saliendo. Mi vagina estaba húmeda, calada. Sentía que me venía. Mis brazos empezaron a temblar y mis pies también. Él me agarró del cuello e inclinó la cabeza hacia atrás. Con la mano izquierda empezó a rozarme el clítoris mientras me penetraba. ¡Dios! Qué situación… estábamos desesperados por acabar. Sin embargo, él me dio vuelta y me puso de espaldas a él. Levantó mi cadera y volvió a sumergir su pija en mí. Esta vez la sentí más fuerte. No podía respirar porque mi cabeza había quedado hundida entre las almohadas. La sensación de sentirme ahogada, sumado a que estaban destruyendo mi sexo, fue la gota que rebalsó mi vulva mojando toda la cama. Él acabó a los segundos en mi espalda…

Agarramos las toallas que te dejan las mucamas y nos limpiamos. Entre baba y fluídos soltábamos carcajadas. Todavía quedaba algo de tiempo así que nos recostamos a charlar. Le habían dejado una bandeja con fruta y cereales. La degustamos mientras me contaba de sus viajes. Dubai, Alemania, Brasil, Estados Unidos eran uno de los tantos destinos que había tenido la suerte de ver desde arriba.

-Pero siempre vuelvo a mi país de origen, nada como las raíces. Y de ahora en más, Mendoza se hizo una de mis opciones favoritas – dijo mientras me acariciaba la boca muy levemente.

La vida es un círculo y el destino siempre te reencuentra.

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