– ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamaaaa!! ¿No escuchás que te llamo?. Irrumpe la hija a toda velocidad por
la puerta de la cocina.
– ¿Qué haces? Cómo estás? Te dejo el gordo, está medio chinchudo, no quería
levantarse..en un rato vengo! Estén listos así los busco y comemos unas pizzas en
casa..¿Dale?!
– ¡Ma! ¿Estás bien? –  dice sentándose, mientras come una galleta y deja caer el sinfín de cosas
que traía consigo.
– Mirá, ni te tomaste el té.. ¡está helado!
– Pero sí, Virginia, claro que estoy bien, sólo pensaba..en por qué sonreímos..
– Ma, casi me matás de un susto- Le dió un beso y salió a las apuradas.

La vieja Irma se quedó mirándola y , a su vez, la hija la observó desde la puerta esbozando una sonrisa, una de las más hermosas que le había regalado desde hacía mucho tiempo.
Cuando Irma volvía por fin a sus recuerdos, es justo el momento en que su nieto irrumpe a
los gritos desde la sala dónde se encontraba frente al televisor, reclamando su desayuno.

-¡ Voy nene, ahora voy!

Irma preparó el desayuno de su nieto, arregló la cama, lavó los trastos de la mañana y se
preparó para salir de compras.
-Nene vamos, tengo que comprar unos enceres..
-¡Ufa! Estoy viendo los dibus, yo me qued. Comprá vos los “seres” esos..

Ella solo se quedó mirándolo, analizando su respuesta..Y esbozó una sonrisa, casi sin
querer (quizás ya nuevamente inmersa en sus recuerdos), cuando el niño la vió
sonriéndole, no pudo evitar devolverle la sonrisa y saltar del sillón, para darle la mano y así
salir de enceres.
Camino a lo de “Don Pepe”, el pequeño iba saltando como siempre, se adelantaba al paso
de Irma, pero volvía para evitar la preocupación de su abuela y también el reto.

-Abu ¿ Qué “seres” vamos a comprar hoy?
-Eh!?
-Esos “seres” que vos dijiste que vamos a buscar a lo de Pepe.
-Jajajaja! ¡Ay nene! Mirá hoy tenemos que comprar pan, leche, carne, huevos, y también…
-Y ¿ por qué estás feliz abu?
Irma se quedó atónita, interrumpió su enumeración de lo que debía comprar, la pregunta de
su pequeño nieto la sorprendió.

-¿Por qué me decís que hoy estoy feliz?
-No sé, me miraste bonito hoy..
-Jaja! Nene, decís cada cosa. A ver, vos ¿ Por qué pensás que sonreímos?
– Fácil abu, ¡para mostrar los dientes! Sino ¿cómo saben que los tenemos limpios?

Justo en ese momento pasaba una vecina que miraba con recelo el errático andar del niño,
por miedo a que éste la tirara al suelo de un salto; el nene aprovechó la presencia de la
cautelosa señora , para probar su teoría y le abrió la boca mostrando sus bellos dientes con
una sonrisa pintoresca. La mujer no tuvo más remedio que detenerse y devolver la gentileza
con una bella sonrisa.
Irma miró toda la situación con asombro y acompañó la sonrisa de la vecina con una propia,
en aprobación.
-¿Viste, abuela? ¡Ella también se lava los dientes!
-Jaja! Si, tenés razón…Se me ocurre un juego, ¿Qué tal si les mostramos los dientes a todos
los que se nos crucen, a ver cuántos de ellos se lavan los dientes, te parece?
-¡ Dale, dale!! Si gano yo, me comprás cosssholateeee ¿Querés?
-Bueno, dale.
Siguieron caminando hasta llegar a lo de “Don Pepe”…el mismo de hace 35 años atrás, pero
ahora con modernas instalaciones, pisos de cerámico, góndolas en lugar de los antiguos
canastos de mimbre, estanterías de metal remplazando las viejas y crujientes maderas, y
una controladora fiscal en lugar de la “controladora de Don Pepe”, es decir,  su mujer.
El almacén fue atendido siempre por sus dueños, primero estuvo Don Pepe y su mujer
quienes juntos atendían el local todo el día lápiz en mano (o en oreja, según si estaba en
acción o en reposo), sacaban cuentas casi a la velocidad de la luz, cobraban y daban
vuelto, embolsaban y empaquetaban, y de vuelta a empezar.

 

Ahora el local era atendido por uno de los hijos de Pepe, con otro socio y los viejos solo estaban relegados a saludar eventualmente a los antiguos clientes.
En medio de todos esos cambios, Irma recuerda las miradas siempre cómplices de la pareja
que atendía con el corazón y regalaba a cada cliente una sonrisa ideal como obsequio por
su compra, en su vuelo por los años anteriores, se encuentra llena de recuerdos y cruza su
mirada con la de Pepe, quien ahora (bastón en mano) observa el movimiento del local, y por
un momento fue como si Pepe entrase por la mirada de la vieja Irma y observara la tienda
con sus viejos canastos, las destartaladas estanterías y a sus esposa danzando entre
clientes y mercadería, cobrando cada pedido armado por Pepe. Siempre sonríendo,
charlando y saludando a cuanto cliente entrara y saliera del lugar.
Al bajar un poco la mirada y observar, Pepe vé al acompañante de Irma, con una sonrisa
gigante de esas que van de oreja a oreja.
-Hola, ¿Cómo le va?
-Hola Pepe, muy bien gracias, acá de compras con el nieto.
-Ya veo, muy buena compañía. Tomá, nene ¿Querés un caramelito?
Así, la vieja Irma se hizo de los enceres que necesitaba, y salió del local con el chiquitín
repicándole por delante.

-¿Viste, Abu? El Pepe también se lava los dientes…¡¿Viste?!
-Si, nene, lo ví!

Continuará.

 

Escrito por Mauricio Gregurak, para la sección:

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