Es común en las charlas de amigos tocar el tema de las hermanas, sobre todo para gastarlos y molestarlos y más cuando es linda o es más chica de edad que uno. Es normal entre los muchachos estas conversaciones sabiendo que nunca va a pasar nada o rara vez, pero esta ocasión creo que fue una excepción.

En ese momento tenía 18 años y nos habíamos preparado para el 18 de Mauro, mi mejor amigo de la secundaria. Hicimos toda clase de boludeces para ayudarlo a pagar todo lo más posible para su fiesta, nos pusimos en las esquinas hacer malabares para juntar monedas, vendíamos cafés por el centro y hasta repartíamos viandas por algunas casas del barrio, sin mencionar la rifa que hicimos. En fin, pudimos darle una mano para que su cumple sea una buena noche y no escatimara en gastos.

En ese momento solo había Facebook, el Whatsapp todavía no era la gran red social o aplicación que es hoy en día. Hablábamos en el grupo de Facebook donde estábamos todos los muchachos del curso, ya habíamos terminado el cole, pero seguíamos en contacto y el tema que a veces solíamos tocar era sobre las hermanas, y en especial la de Mauro, una hermosa morocha ojitos celestes , esa combinación en una chica que muy pocas veces se ve en esta provincia. Delgada, con un cuerpo que era una obra de arte, parecía tallado por un cincel, se llamaba Jimena, diosa de 20 años. Obviamente todos estábamos detrás de ella cuando íbamos a su casa, él sabía pero se la tenía que comer callado.

Llego el día, un 16 de septiembre, como todo transcurre en Mendoza, había un clima agradable con aires frescos (léase con la voz de Mazza) . Cayó la noche, todos estábamos invitados a la cena y llegamos a las 21.30hs. Nos sentamos en la misma mesa todos los muchachos junto con el cumpleañero. Típico de la edad del virgo, solo hablábamos de futbol y otra boludeces que pasaron en el viaje de egresados. En eso, mientras charlábamos, miro hacia la mesa donde estaban sentados sus familiares con la idea de ir a saludarlos (ya que sus padres me tenían mucho cariño y aprecio),  veo algo curioso, su hermana Jimena me miraba sutilmente y en el mismo  momento en el que me  doy vuelta a verla, giró su bello rostro hacia un costado soltando una sonrisa y su mano jugaba con su pelo morocho bien peinado. Me dispuse a levantarme y saludar a “Pipo”, como le decían al padre, después a su mamá, y luego noté que Jime se puso más nerviosa a medida que me iba acercando a su mesa, pero no le di importancia a ese detalle, hasta más tarde.

Empezó la cena, todos los invitados sentados en sus mesas comiendo y platicando entre ellos, menos una persona, si, aunque ustedes no lo crean Jimena veía hacia donde estaba sentado, como esperando cruzar una mirada. No me resistí en mirarla, entonces fue cuando cruzamos miradas y esbozo una sonrisa, nos miramos unos segundos y el pudor me hizo mirar hacia otro lado.

La cena se hizo amena, terminamos de comer los postres y de a poco se fue abriendo para dar paso al baile, típico de un 18, levantan mesas, música bolichera y a veces clásicos para que bailen los parientes manijas que se quedan hasta las 5am. En fin, lo común.

Todo normal, el cumpleañero con la corbata en la cabeza, todos tomando un par de fernet y alguna que otra birra pasaba, el grupo de hombres juntos y el de minas por otro lado, algún que otro valiente tratando de ligar algo. Me fui a la barra a pedir un trago, no la vi venir, me tomó por sorpresa. Justo cuando el mozo me estaba por dar el trago, escucho una voz atrás mío, suave, como si me hablara al oído, me dice “-¿No me vas a pedir nada a mí?”, no tardé en reconocerla…

Me di vuelta y la vi, con ese vestido negro, ese pelo morocho arreglado y esos ojos azules, esos hermosos ojos. Le pedí un Campari, sabía que le gustaba. Nos quedamos un rato hablando cerca de la barra, teníamos varios temas en común, por suerte coincidíamos en muchos gustos musicales y sobre cultura. Quisimos hablar más tranquilos y sin tanto ruido de fondo, fuimos afuera. No sé cuánto nos habremos quedado platicando pero fue como una eternidad en palabras. Después de varias copas y tragos , las carcajadas y las risas fueron algo natural y bien fluido, hasta que en un momento mientras estábamos sentados a la orilla de la fuente nos quedamos callados unos segundos, nos miramos y fue atracción pura. No lo dudamos y nos besamos como si supiéramos lo que quería el otro. Sabíamos que era algo que evidentemente iba a molestar al cumpleañero y que era cosa que no se podía repetir, no íbamos a tener otra oportunidad, la tentación se adueñó de nosotros. Ella no lo dudó ni un segundo y mientras nos comíamos a besos me dijo despacio mientras besaba su cuello: “-Vamos a un lado más privado…” Se me paralizo el corazón en ese momento, debo admitir que fue una sensación fría que recorrió todo mi cuerpo. Por los nervios y ansiedad, solo vi un lugar afuera donde no nos podían ver ni encontrar alguno de nuestros conocidos, un baño afuera del salón, parecía un baño unisex, era el lugar ideal para ese momento. No lo dudamos y nos fuimos hacia allá.

Entramos al lugar, pusimos seguro por si alguien decidía entrar e interrumpir. Dejé el saco sobre esa mesa de mármol del tocador, me fue desabrochando el cinturón, mi camisa tenía varios botones desprendidos, y en ese momento se detuvo, miró al piso un momento, no sabía que había pasado, porque de repente quedó como rígida. Le pregunté que había pasado y me dijo “… Cristian, vas a ser mi primera vez, trátame bien…”. No supe qué decirle, ni qué hacer por unos segundos, me dijo esas palabras mientras me miraba con esos ojos, soltó una sonrisa y fue como si volviera mi alma al cuerpo, no puedo decir que fue lo que le dije pero me dispuse a que su primera vez fuera algo lindo y que me recordara de una buena manera.

…Continuará.

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