Una crisis como jamás se había visto se adueñó de un mundo no muy lejano. Era el 2056 y las sociedad estaba sumida en un caos del cual no tenía salida. Ellos habían sido anfitriones y artífices de su caótico nuevo mundo. El trabajo escaseaba, las personas apenas podían sobrevivir a una crisis nunca antes vista, las grandes carreras distinguidas habían quedado anticuadas debido al abismal avance tecnológico, grandes máquinas reemplazaron a las antiguas profesiones.

Los algoritmos tan exactos y complejos tenían una funcionalidad y exactitud tal que los contadores y economistas sentían que su carrera había terminado. Ya nadie quería a una máquina orgánica inexacta y con probabilidades de posibles errores, si podían adquirir por un precio módico algo mucho más eficiente, frío y calculador.

Los genios de la innovación no acabaron solo con los contadores y demás asociados a la materia económica; tal era su ambición que crearon máquinas con una memoria tan grande que oscilaba cientos de Petabyte con información jurídica, su buscador era tan rápido, tan ágil que solo tardaba milisegundos en encontrar los artículos y leyes. Un sistema tan completo y organizado que los abogados no podían competir a semejantes dispositivos.

Programas totalmente autosustentables, sin necesidad de que alguien los controle desde un mouse o un aparato exterior eran capaces de generar edificios, casas y obras arquitectónicas tan proporcionales y estéticas como la proporción áurea misma, los arquitectos quedaron abrumados y sumidos en este caos tecnológico.

La crisis se apoderó de los abogados, los contadores, los arquitectos y muchas de las “grandes” carreras. Tal era la necesidad de las personas licenciadas y con doctorados ante la escasez laboral que no tuvieron otra opción que resignarse de vivir en puestos indignos para ellos como ayudantes de cocinas, mozos, limpieza en comidas rápidas y demás puestos de auxiliar y emergentes. El sueldo era tan bajo que apenas alcanzaban a cubrir sus necesidades básicas.

El mundo se volvió frío, gris. La ambición se había adueñado de todo, solo faltaba un rubro. Los problemas se hicieron notar desde el primer momento, estas máquinas no estaban hechas ni programadas para estos labores. A mediados del año 2060 todo el mundo fue condenado a una “esclavitud contemporánea” menos los músicos, los pintores, los bailarines, y demás carreras referidas al arte. La maquinaria no pudo hacerse capaz de apropiarse esta materia pendiente, estas profesiones. Debido a esto su valor laboral se incrementó exponencialmente, sus sueldos crecieron a gran tamaño con el correr de los meses, de los años pero la avaricia era tal que no cesaron la creación de estos artilugios del demonio.

Solo quedaban ellos contra el mundo, el mundo eran los autómatas. Llenos de mezquindad y poderío siguieron con su malévolo plan y trabajaron en conjunto, unieron cada una de los programas, hardware, software, discos, memorias, algoritmos, funciones binarias, y todo lo posible para hacer una “Maquina del arte”.

Las primeras versiones betas fueron un fracaso rotundo, solo haciendo bocetos ilegibles y estéticamente espantosos, otras hicieron melodías a destiempo, carecían de ritmo y sentimiento, y los robots bailarines eran un hazmerreir que solo daban risas y vergüenza ajena por la cual nadie pagaría un centavo por verlos.

Pasaron un par de años y no hubo avances, las próximas versiones betas no tuvieron mucha mejoría, solo les quedó jugar una última carta. Decidieron unificar todas y cada una de las máquinas, artefactos y dispositivos en funcionamiento.

Crearon un algoritmo para que los mismos instrumentos metálicos pudieran crear una “Máquina de arte”; luego de unos meses estaba listo y se dispusieron a ponerlo en marcha.

Antes de eso decidieron anunciarlo en todas las redes sociales, en cada página web, en cada sitio digital, drones recorrieron cada rincón del mundo para divulgar la noticia de la creación de “La máquina del arte”.

Pasaron unas semanas y la población entró en un pánico existencial, no podían creer que hubieran podido acabar de armar la última pieza del rompecabezas. La hora anunciada para encenderla se acercaba y el miedo era evidente en las caras de los que habían estudiado unas carreras que creían las mejores para vivir sin problemas económicos.

Las 10.10hs el aparato se iba a poner en funcionamiento, solo quedaban un par de minutos. Un frío intenso recorrió el cuerpo de cada humano, el principio del fin estaba cerca. Solo quedaban segundos y sonó el reloj de inicio.

Temblorosos, vieron a través de las pantallas de los edificios como la “Maquina del arte” inició su proceso de algoritmos, pasaron unos minutos y algo pasó, algo imprevisto que no estaba programado ni diseñado. “ERROR” marcaba a cada segundo, no lograba encontrar una manera de crear arte hasta que a las 10.16hs algo paso, tal fue el procesamiento que terminó de sobrecalentar la placa madre, fundió todos sus circuitos y como fuegos artificiales observaron cómo cada una explotó de una forma deleitable y encantadora, el asombro se hizo notar en las personas que veían el fin de una era fría y gris.

Solo con todas las máquinas interconectadas entre sí pudieron crear una hermosa exhibición de pirotecnia. El mundo se libró de la esclavitud contemporánea.

Al pasar los años, la sociedad volvió a la normalidad. En el 2063 cada uno pudo recuperar sus respectivos puestos que fueron usurpados. Desde ese momento, el mundo valoró al arte porque fue lo único que pudo vencer al sistema.

“Tratar de robotizar el arte es cómo humanizar una máquina.”

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