Apuesto a que no te imaginabas todo lo que vendría cuando empezaste a convivir.

Seguramente tu idea eran noches románticas de ver películas abrazados o cenas a la luz de las velas… y tal vez fue así al comienzo; pero no pasó un añito de vivir juntos y ese príncipe valiente se transformó en el sapo del cuento… y entonces te encontrás con que al señorito, le es prácticamente imposible dejar la ropa en el cesto, ¡y tiene que dejarla tirada en el piso!

Con el laburo que te tomó planchar y doblar todas las remeras, a él se le ocurre sacar la última del estante y tironearla de manera que todas las demás queden como pasa de uva…

Vas al baño y te lo encontrás ahí, divertidísimo, usando el toallón recién lavado de alfombra para que no se le enfríen las patitas.

Ni te cuento la cantidad de medias sin compañera que tenés que andar buscando por toda la casa, ya que las va dejando por el camino…

Te volvés experta en adivinar cuál es la ropa limpia y cuál es la sucia con tal de no tener que oler remeras, calzoncillos o medias.

Que no se te cruce por la cabeza dejarlo comer porotos, garbanzos o lentejas porque seguramente te sabanea algún que otro gas con la excusa de que “poto con sueño, no tiene dueño”.

Justo el día que pasan tu serie favorita o que van a dar la peli que esperás hace semanas, te manda a la habitación porque vienen los amiguitos a jugar a la play.

Cuando los niños por fin se duermen y pensás que es un buen momento para pasar un rato juntos, te das cuenta de que tiene los deditos pegados al maldito celular mirando videos tontos en internet o charlando en el grupo de los chicos de fútbol (donde de lo que menos se habla, es de fútbol).

Te toca ver con horror cómo se emociona casi hasta las lágrimas por haber sido convocado para jugar en la selección Argentina… ¡en la play!

Y un día, llega a la casa con un balde de pochoclos, chocolates, 2 Cocas y 3 películas; con una sonrisa de oreja a oreja y entonces te acordás de todo… te recordas a vos misma por qué te enamoraste de él… te acordás que lo que te cautivó no fue que fuera un príncipe ni un sapo… te enamoró por ser él mismo…

Te enamoró por enseñarte a ver lo fantásticas que son las cosas simples de la vida…

Te enamoró por mostrarte lo divertidas que pueden ser las peleas de cosquillas y que por algún extraño motivo, siempre terminan en la cama.

Te enamoró por hacerte ver que una Coca y una frazada en el parque, pueden ser mucho mejores que una cena en el mejor restaurante.

A veces, perdidas en la rutina, se nos olvida quiénes somos… se nos olvida que somos mujeres locas, lindas, enamoradas y felices… A veces, los problemas nos ahogan tanto que nos perdemos a nosotras mismas…

A veces, nos molesta tanto lo que hace el otro, que no nos damos cuenta de que nosotras también podemos estar haciendo cosas que molesten.

Lo que no te cuentan de la convivencia, es esa mezcla de alegría, emoción y dulzura que podes llegar a sentir cuando despertas de madrugada y lo encontrás durmiendo tranquilamente al lado tuyo.

Lo que no te cuentan de la convivencia, es que se hace de a dos… que podemos hacerla divertida, o podemos transformarla en una monotonía gris y aburrida.

Lo que no te cuentan de la convivencia, es que es tu oportunidad de escribir cada día, tu propia historia de amor.

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