Vivimos en una provincia consumista, donde somos capaces de gastarnos más de cuatro lucas en una cena al paso entre cuatro personas. Lo malo es cuando tenemos que pagar la cuenta, ahí se te llena el culo de preguntas y tenés ganas de convertirte en el ser invisible que siempre soñaste para evitar pagar el arsenal del morfi que consumiste.

Pero no los culpo, todos los mendocinos tenemos algo del típico ratón dentro de nuestro ser. Aunque no lo notes y te consideres un derrochador serial de dinero, siempre pecás con algo. Por ejemplo:

1- Situación uno: Vas a cenar con tu novia, mirás la carta y te pedís un plato de ravioles sin salsa porque te la cobran 50 pesos más. Y, lo que te entierra y condena, es que mirás a tu acompañante de manera desafiante tipo “gorda, llegás a pedir un lomo al plato y me lo vas a tener que pagar con sexo salvaje durante todo el mes” y como tu novia, vieja loba te conoce las mañas, se niega a cumplir tus fantasías por tan poco crédito.

2- Situación dos: Salir a comer con tu novio y amagar a que lo vas a ayudar a pagar la cuenta aunque no hayas llevado un mango porque “es hombre y te tiene que pagar él”.

3- Situación tres: Estás almorzando en un lugar de comidas chatarras, le compraste a tu nene la cajita feliz para que te dejara de romper las pelotas durante el viaje de regreso a casa y vos, que no te aguantaste las ganas, sacrificaste parte de tu aguinaldo en comprarte la hamburguesa que está de moda. Mientras se te chorrea la mayonesa podés ver cómo tu hijo hace a un lado su hamburguesa, las papas, el juguito y la gaseosa y se entretiene con el juguetito pedorro que venía en la cajita. La adrenalina y ganas de llenarle la boca con morfi se apodera de vos, pero te das cuenta de que estás en un lugar público y te calmás con la ayuda del coresterol que está ingresando en modo de felicidad en tu cerebro.

4- Situación cuatro: Salen a comer entre varias parejas, piden comida sin calcular la cantidad de personas que son porque están en otra y, terminando la noche notás que sobra comida y que ésta podría ser tu desayuno de mañana. Sin consultar con los demás, le pedís a la moza que te “guarde en una bolsita” los restos que sobraron y mientras se va, sacás la calculadora del celu y te ponés a analizar cuánto tienen que poner cada uno y decís que vos vas a poner menos guita porque vos “solo picaste algunas papas”. Claramente este ser, se rehúsa también a dejar propina.

5- Situación cinco: Vas al cine y te negás a comprar pochoclos porque te sale un huevo aunque vayas al cine una vez al año. Optás por llevar pororó de tu casa o pasás por el centro y lo comprás en la calle Alem y San Juan que lo venden a 15 pesos y es re piola.

6- Situación seis: No poner plata para el fernet y bajarte media botella vos solo. ¡Care raja! Como dicen nuestros amigos chilenos adictos a los temblores.

7- Situación siete: Robarle el WiFi al vecino y cuando tenés poca señal, salir al patio aunque haga un calorrrrr (como dice mi amiga Anto)

8- Situación ocho: Decir en el grupo de whatsapp “Che, a mí no me cuenten para el asado” y caer último cuando ya está todo organizado y pagado; y chuparteb y comerte hasta la comida del perro. No tenés filtro.

9- Situación nueve: No querer acompañar a comprar ropa a tu novia por temor a que te garronee y te pida que le compres algo.

10- Situación diez: No poner el auto nunca para salir con los pibes y cuando lo ponés, una vez que están todos arriba juuuuusto tenías que cargar nafta y pedís colaboración como si estuvieras en la peatonal tocando la armónica con el sombrerito en la vereda.

11- Situación once: Dejar el auto a once cuadras de tu destino para no tener que pagar una playa ni a nuestros amigos pungas de los “trapitos”.

12- Situación doce: Juntada con amigos, tranqui, iban a comer choris porque querían cenar temprano y de repente vino “el Mauro” contento porque ganó el tomba y propone hacer asado para festejar la victoria cuyana. A tu billetera no le gusta esto y no lo podés disimular, se te nota en los gestos, en la forma de hablar y en las ganas de llorar. Tus amigos terminan poniendo la guita que a vos “te falta” porque te quieren así como sos.

En conclusión, el mendocino puede ser siempre más rata, solo es cuestión de darle un poco más de tiempo. Se lo quiere igual, aunque se lo putee con la misma intensidad. Nos leemos la próxima.

Besos, soy Pol Vora, un calor, acá en el mendo, comenteeeeen.

Compartí, no seas paco