Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.
Mario Benedetti.

El infierno se abre
en el televisor,
un demonio electromagnético
corre desesperado
de lado a lado
de la pantalla.

Entre tanta marisma digital
se sume el insomnio,
que hace la digestión
sentadito.
fumando un pucho
que le convidé
yo.

Una tormenta,
la Luna ha escupido.
Afuera
las gotas explotan;
adentro
la luz del plasma
domina la escena,
hace azul
a el amor lejano
y a mi respiración zombie.

Un programa nuevo
está por empezar,
espero que hable
de tus ojos,
que hable
de tu sexo remolino,
de tus manos sobre el mío.

Soy el único ser viviente
en el Universo,
vos
sos
el centro del todo,
ustedes
son los planetas,
nebulosas, supernovas,
materia negra y esas cosas.

El no-sueño persiste,
ya caminé por las paredes,
me comí al sol
en el otro lado del mundo
y bebí agua fresquita
en el Ártico.

El sillón, la luz azul,
la tempestad que sigue-
porfiada-
tus manos que no están
y el suspiro superfluo
de las estatuas
de nuestros recuerdos.

El monitor de teléfono
es el Faro del Fin del Mundo.

Pronto amanecerá en mis venas
mientras que mis párpados
son alas dormidas.
Mi único ojo
sólo puede mirar
hacia el horizonte
para ver si se ve tu sombra.

Me quedan cinco papeles
para armar
y tabaco para cuatro cigarrillos,
una desfachatez del equilibrio.

Mi cerebro burbujea
tratando de inventar al cansancio
que es
un jeroglífico extraterrestre
de miles de años
de antigüedad.

El no-sueño es indoloro,
sólo pica un poco
nomas.

Me van a encontrar
en el futuro,
bajo ruinas y aún despierto
armando un cigarrillos
con las cuatro colillas
y el papel sobrante.

Compartí, no seas paco