Marcelo era un tipo común y corriente. Como todos tenía sus momentos buenos y sus momentos malos.

Años atrás contrajo matrimonio con quién llevaría una extensa relación.

La vida era color de rosa, se amaban mucho y en un global se podría decir que ambos hacían una pareja ganadora. Pero a veces se gana y otras se pierde. Así fue como la distancia los separó. Un trabajo en Francia para él terminó de concretar lo que se veía venir: tomarse un tiempo.

Pero se hicieron una promesa. Sabían que el amor no se había acabado, simplemente había tomado una pausa, y en esa pausa lo mantendrían intacto. O por lo menos intentarían eso.

El tiempo pasó y Marcelo en una nueva etapa de soltería momentánea estando en Europa se dio lugar a para volver a vivir experiencias que sólo dependían de él. A pesar de eso, no podía dejar de pensar en su verdadero amor, ese que estaba en stand by dispuesto a regresar alguna vez.

Y esa vez sucedió. Volvió a Mendoza y se encontraron. La magia renació como ese primer momento, años atrás. Incluso las cosas pasaban de la mejor manera, casi de forma inesperada pero con mucho trabajo ,los éxitos estaban a flor de piel.

Pero el hombre, como hombre que es, nunca le es suficiente lo que tiene y siempre busca ese pendiente para poder concretar y ser feliz. Y ese pendiente era la puta de Las Heras.

Por más que veía cómo su vida se desarrollaba en un mar de buenos momentos, situaciones de felicidad (con algún que otro altibajo) y un sin número de victorias, no podía dejar de pensar en ella, en que por más que la visitó muchísimas veces en Las Heras nunca había podido ganarle la batalla a sus miedos internos. Quizás porque era su tierra, su territorio, su zona de confort.

El amor de su vida sabía de que se trataba. Cuando alguien se une con un lazo tan fuerte, es innecesario no compartirlo o intentar ocultarlo. Y ella lo aceptó.

“Dale, andá.” Y sin más, una tarde de domingo, igual que la última vez (pero ahora decidido a ir por todo) tomó su VW Gol 95´y tomó la costanera hacia el norte.

El reloj marcaba las 17.00hs, y apenas entró al barrio la vio, en la esquina. La adrenalina hacía que su corazón latiera mil veces por segundo. Ya estaba ahí. Era el día y la hora en que saldaría su cuenta pendiente.

– ¿Otra vez por acá bombón? Le dijo la puta
– Si, acá volví…
– Bueno, dale, vamos a mi casa.

Así fue como a punto de comenzar, su tranquilidad y seguridad hizo que en poco más de 90 minutos la puta de Las Heras le terminara ofreciendo un servicio de 3 x 1.

El final de la historia seguramente ya lo imaginan.

Compartí, no seas paco