“Ay qué lindo es ser sol-tero” dice la canción. El resto de la letra es una boludez, pero qué razón tiene esa primera estrofa.

Quizás al principio de la soltería, esto es, cuando hace poco te separaste de tu novi@, espos@ o concubin@, y no para cambiarlo por otro; te sentís como desubicado, solo muy solo, aburrido… ya a nadie le interesa saber si encontraste un arroz parecido a Brad Pittt o el perro ladró con voz de Arjona. Al resto del mundo le chupa un huevo si te depilaste o encontraste un nuevo método para descarozar las aceitunas. Ya no tenés a quién llamar emocionado porque sortean dos entradas para el circo pedorro que acampa en el WalMart… y sabés que nadie fuera de tu ex se gastaría 2 minutos de su vida en ese espectáculo choto.

Después viene la etapa donde ya llenaste tus días con actividades pero la gente (¡ay, la gente!) no te deja olvidarte de tu ex, porque cada vez que te ve o bien te da noticias que no pediste sobre cómo rehízo su vida (en general haciendo algo que te juró que nunca iba a hacer), y te mira con esa cara de pena como si hubieras perdido masa encefálica o las dos piernas, y aunque te vea cada semana te va a preguntar invariablemente si estás con alguien, obvio para ser el primero en tener el chisme, y entrecierra los ojos mientras te pregunta como si quisiera leer detrás de tu cara de póquer, menos mal que no puede porque se iría de lo más ofendido por la cantidad de imágenes violentas que están pasando por tu mente.

Entonces una persona que medianamente se quiere a sí misma va lentamente cambiando de entorno, si bien los indispensables siempre están, se oxigena haciendo nuevos amigos que no conocen a tu ex y les importa una mierda el estado sentimental ajeno. Y con el paso del tiempo te vas encontrando cada vez más y más a gusto con tu soltería. Vas variando entre períodos de farra, sexo loco y mucha noche con otros de pijama, chocolate y Netflix desde las 20:30. Y aunque a veces extrañás tener a quién contarle todo lo que pensás sobre los personajes de House of Cards o acerca de cómo el vecino hizo plata, la verdad es que estar soltero es hermoso y aquí van algunas razones:

1-Sos dueño de tu tiempo:

El soltero hace lo que se le da la gana cuando se le da la gana. ¿Pintó siesta a las 2 pm sin comer? Joya. ¿Después del trabajo te vas a un café y te quedás boludeando hasta las 3 de la mañana? Joya. ¿Salió congreso en Bs As de un día para el otro? Joya. Si estás con insomnio te ponés en la compu en la cama sin que nadie se moleste con el brillo… No hay que bañarse y cambiarse un viernes a la noche para ir a bostezar al cumpleaños de la tía Tita que no es tu tía o el sábado levantarse a las 8 a ver al sobrinito que no es tu sobrinito a la muestra de karate. No tenés que volver a los pedos a tu casa porque te toca hacer de comer y no hay nada en la heladera. Podés dedicar todo tu tiempo libre a eso que siempre quisiste hacer y no tenías tiempo: un deporte, una actividad artística, un idioma difícil, y además prenderte en todas las salidas grupales sin angustiarte de antemano porque ya sabés la cara de orto que va a poner tu pareja porque no querés dejar pasar una, porque ya no querés pasar tiempo con él/ella, porque entonces para vengarse va a empezarte a hablar de su ex y las cosas que hacían y te vas a subir a la moto y van a terminar peleados y ya no va a dejarte ir al asado de los viernes o al picadito del domingo o al spa del finde.

El ocupado siempre debe pensar en lo que va a hacer, planearlo, pedir permiso. A veces ejecutar lastimosas estrategias para torcer la voluntad del otro a fin de salirse con la suya. El soltero lo mira con cierta pena, y a veces fastidio: ¿estás en pareja o sos esclavo/a? ¿A quién mataste que cargás con esa culpa de divertirte, de tener algo que hacer? La mayoría de las veces, incluso, el ocupado se huele que van a planear joda y desaparece antes de tener que decir que no.

El soltero en cambio, es libre como el sol cuando amanece y siempre está dispuesto para algún plan que le resulte divertido. No confundir con estar dispuesto a cualquier gilada para llenar horas, como ir con vos a donde tu pareja no quiere acompañarte tipo médico o supermercado. El soltero paga el precio de ser libre con soledad. Vos pagá el precio de tener pareja y bancátelo.

2-Sos dueño de tu dinero:

Cuando estás en pareja ves un pack de bombachas en oferta y automáticamente empezás a buscar con la vista el pack de calzoncillos. Te comprás una Coca Cola y también una Sprite para cuando llegues a casa no te reclamen. Ves un salamín picado fino y suspirás: ya sabés que cuando lo quieras comer ya no va a existir, como pasó con los 6 salamines anteriores.

Con compras mayores es peor: la pareja debe ponerse de acuerdo para decidir en qué gastar el dinero. Eso en el caso de que sobre algo a fin de mes. En general una voluntad triunfa sobre la otra y uno de los dos termina pagando un televisor que no ve con un pack de deportes que no le interesa y una cuota de un auto de alta gama que no puede usar salvo para llevarlo a la revisión técnica. Pero nuuunca alcanza para las vacaciones en el Caribe, ni para la maestría, ni para un departamento más lindo. Conocí una pareja que era un desastre: nunca discutían qué hacer con la plata, directamente cada uno gastaba su sueldo lo más rápido posible ya que el que guardaba un poco era el encargado de comprar la comida y pagar las cuentas. Entonces era una carrera patética por gastar el dinero en sí mismo: ropa, celular, bijou, cremas, zapatillas… ni les digo cuando descubrieron que sacaban ventaja pidiendo fiado… era el 1 de cada mes y ya habían distribuido los sueldos entre sus acreedores… de locos. Obvio terminaron separados y sus padres saliendo a responder por las deudas de sus hijos. Un horror.

En cambio, los solteros administramos nuestro dinero como se nos canta el upite. Podés comer fideos y arroz dos meses para comprarte un televisor nuevo, o endeudarte no pudiendo comprar ropa por un año para pagarte unas hermosas vacaciones. Un día se te ocurrió regalarte un auto nuevo o gastarte los ahorros para ir a visitar a tu amigo a España. ¡Y lo hacés! Si necesitás más dinero, tomarás más trabajo. Y si preferís estar más tranquilo con menos dinero, sos dueño. ¡Inclusive podés mandar a la mierda a tu jefe y renunciar! En el peor de los casos volverás a lo de tus viejos unos meses, o pedirás prestado. Nada de culpas, nada de cumplir expectativas ajenas, nada de pagar caprichos de otros, nada de hacerte cargo de empernes maritales. Lo mío es mío. Siempre me da vergüenza ajena esos novios que para su cumple (o cualquier otra ocasión) quieren un regalito que va a tener a su “ser amado” endeudado un año. ¿Por qué no te lo comprás vos tesor@? Fácil es contar con la plata de los demás.

3- Sos dueño de tu casa:

Tu casa es tu reino. ¿Te gustan las mascotas? Hay mascotas. ¿Te gustan las plantas? Hasta en el baño habrá. ¿Te encantaría tener una alfombra mullidita que te separe 5 cm del piso? ¡Adelante! ¿Tenés 2 roperos llenos de zapatos que no usás nunca pero no querés tirar? ¡Excelente! ¿En mayo ya tenés la calefacción a tope y en octubre el aire a 18ºC? ¡Ese es mi pollo!

Dejás los toallones mojados en la parte de la cama que no usás, no tenés idea de cómo quedó el asiento del inodoro o el tubo de pasta de dientes… ni te importa. Te chupa un huevo si lavaste los platos el día anterior o si la ropa está colgada en el patio hace dos días. Nadie te va a mirar con cara de maestra ciruela si en tu heladera hay sólo chupi y comida comprada. Comés a las 4 de la tarde si te pinta. Las paredes son del color que a vos te gusta. Nadie te rompe diciendo que hace falta un lugar más grande donde quepa una parrilla con una mesa de póquer o 3 docenas de gatos. Tus amigos caen y pueden hasta quedarse a vivir si quieren. Podés tener una mesa de plástico y dos sillas de paja, o bien los muebles más exclusivos impecablemente lustrados. Podés tener una sala audiovisual tipo Cinemark XD, o una biblioteca hasta el techo, o una barra llena de alcohol, o 25 jaulas con canarios importados. TU casa. TUS reglas.

Nunca llegás cansad@ de trabajar y está toda la familia de tu pareja organizando una paella por la llegada de los tíos del campo que por cierto se van a quedar en tu casa. O los 5 sobrinos de tu peor es nada saltando encima de tu sillón impoluto, jugando con tu colección de CDs de Charly García, instalándote juegos en la notebook del laburo, apoyando sus deditos llenos de chocolate en la pared recién pintada. Nunca llegás y tu pareja decidió reorganizar tus cosas y tiene un montón de planteos para hacerte. Nunca te pasás horas buscando pilas porque están exactamente donde las dejaste. Nadie usó tu remera preferida para limpiar pinceles. No tenés que cagarte de frío afuera porque no soportan el olor a pucho. Privacidad. Espacio propio. Aire. Maravilloso.

4- Sos dueño de tu cuerpo:

Nadie te tortura opinando si fumás mucho, si tomás demasiado, si comés pura chatarra, que si la presión, que si el colesterol te subió, que no vas a llegar a los 40. Que si estás gord@, que no deberías usar falda con esa celulitis. Que si esta semana no saliste a caminar ni a andar en bicicleta. Que para tu cumpleaños el regalo es 3 meses de gimnasio pago. Que esa ropa está mal combinada, o que no se usa, o que es demasiado oscura. Que cómo vas a ir al cumpleaños de zapatillas. Que cómo vas a comprar en el persa.

“Un poquito de maquillaje…. se te ven las canas…. depilate la espalda gordo…. no me gusta el pelo corto dejátelo largo… no me gusta la barba afeitate…si tuvieras más tetas… no podés hacerte un tatuaje que diga Maradona, por favor no seas tan grasa…. ¿¿Cómo vas a correr picadas con lo peligroso que es!?” Y mil maneras más de interferir en tus decisiones sobre tu cuerpo. Por poco te vigilan hasta cuántas veces vas al baño.

El soltero puede seguir una dieta de líquidos si se le da la gana. Puede cenar sólo helado durante años. Puede dejarse los pelos hasta las rodillas, al que no le guste, que no mire. O puede tatuarse hasta el escroto sin tener que someter cada sesión a una asamblea familiar. Si tiene hemorroides y no quiere contarlo a nadie, nadie se entera (en pareja tené la seguridad de que se va a enterar medio Mendoza). Puede dormir todo el día sin que nadie opine que está deprimido o estresado, o no dormir nada. Puede ver horas y horas de series o películas sin nadie preocupado por su vista o su sedentarismo. Puede hacerse 5 pajas diarias y estrenar 3 parejas por semana o ni acordarse de que existe el sexo. No se ata a convencionalismos porque no hay nadie mirando lo que SE DEBERÍA hacer, más bien hace lo que le nace, es el escultor de su propio cuerpo.

5- Sos dueño de tu corazón y tu vida

Uno puede ser feliz a pesar de golpes durísimos, porque al fin y al cabo uno sigue respirando y hay que pechar para adelante. Pero ¿cuál es la necesidad de poner todas las fichas, o por lo menos una buena parte, a un proyecto del que sólo estás seguro de su éxito en un 50%?

A ver si me explico un poco mejor: un matrimonio o concubinato supone como mínimo para tener éxito, la voluntad de 2 personas. Uno puede conocerse y saber hasta dónde llega la voluntad de uno. Pero jamás jamás puede poner las manos en el fuego sobre la voluntad (la magnitud y longitud de esa voluntad) de la otra persona.

Todos los días hay parejas rotas de la peor manera. Traiciones de lo más viles, proyectos de vida construidos durante años y rotos en minutos o segundos. Esperanzas alimentadas con sadismo diabólico, pilas de mentiras cementadas con cinismo, y sostenidas por la confianza inocente de la otra mitad de la pareja. Personas que de un día para el otro se saben padecientes de una enfermedad mortal, a causa de las perversiones de su sacrosanta pareja. Personas que de un día para el otro se quedan sin pareja y sin familiar o amig@ porque fue partícipe en los cuernos. Personas que hacen tratamiento para quedarse embarazadas y una vez dada la noticia, el que rompía los huevos con un hijo se hace humo. Personas que creen en un futuro y los dejan llenos de deudas. Personas de corazón roto, destrozadas, descreídas, heridas profundamente, porque no sólo los dejaron, no sólo los dejaron de amar; sino que los engañaron, se rieron a sus espaldas, los usaron, los trataron de pelotudos, les mintieron inmundamente, y no cualquier estúpido del barrio, sino la persona en la que más confiaban, la persona a la que dieron todo con la mejor de las intenciones, la persona por la que alguna vez pareció buena idea resignar un montón de oportunidades.

El soltero es artífice de su destino. Nadie le alegra o le arruina la vida. A lo sumo el día, o unas horas. El soltero se ocupa de buscar la felicidad en sí mismo, en su capacidad de disfrutar de la vida. No confunde enamoramiento con amor, y mucho menos con compromiso o lealtad. Las relaciones románticas pueden ser divertidas, armoniosas, hasta duraderas. Pero nunca la realización de un soltero va a estar en manos de otra persona. Su proyecto es seguro, porque depende un 100% de sí mismo.

6- En la variedad está el gusto

En las películas el final ideal es cuando los protagonistas totalmente enamorados, se casan para compartir la vida juntos. Pero… ¿por qué la peli termina ahí? Pues porque ese sería el clímax de la felicidad y la diversión. De ahí en adelante aparentemente lo que transcurre no es digno de mención.

Una de las ventajas de la soltería es que no está la parte del casamiento, ni lo siguiente: la rutina, las obligaciones, la negociación constante… el tener un solo plato en el menú sexual, siempre lo mismo, cada día, eso si tenés la suerte de que se le pare o que no le duela la cabeza, según el caso. Pero que no haya “amor eterno” no quiere decir que no esté la parte del enamoramiento, y del primer beso, y de la permanente calentura que nubla la mente durante meses, donde probás cosas nuevas, y te animás a lugares extraños, y lo mejor de todo es descubrir qué tiene de novedoso este nuevo amante, y sumás a tu repertorio si te gusta, y lo disfrutás porque sabés que después vendrá otro, que no es la última vez que te enamorás, que no tiene que ser perfecto, que vos también le estás enseñando cosas nuevas, no solo en la cama por supuesto sino en todos los aspectos de la vida. A veces te encariñás mucho y te cuesta dejarl@ ir, pero no hay sufrimiento, no hay traiciones, no hay ilusiones rotas. Al tiempito ya estás relamiéndote con lo próximo que va a venir… Es una sensación constante de incertidumbre que le pone un condimento especial a la vida, no te dejás estar, ¡todo puede suceder! Quizá el año que viene esté viviendo en Pekín o Río de Janeiro, siga en mi profesión o me vaya a vender pulseras a la playa, me dedique a la meditación o instale un comedor comunitario. ¿Quién sabe?

Compartí, no seas paco